La música empieza a sonar y las damas de honor van saliendo en fila con sus vestidos azules y sus grandes sonrisas. Respiro hondo, ahora me toca a mí salir. Agarro mi ramo y abro la puerta con decisión. Camino por el pasillo y todos los invitados se giran sonrientes para verme. Reconozco caras, otras me resultan totalmente desconocidas. Algunos tíos, mis primos, personas que deben ser de mi familia pero que jamás he visto, otros tíos, los padres de mis tíos, algunas profesoras, la directora y las alumnas más cercanas a mí.
Y en la primera fila mis padres, mirándome con la cabeza bien alta, al lado de los padres de Paul y... Nick. Me mira con serenidad, casi con indiferencia, viéndome caminar como si estuviese viendo un documental en el que una tribu echa a una chica a un volcán. Supongo que yo soy la chica que se ha ofrecido voluntaria como una ingenua.
No debería importarme, voy a casarme, ¿no? Pero me duele su indiferencia. Desearía que me mirase con dureza, que me gritase. Pero no lo hace y eso me duele aún más. Porque no ha peleado más, se ha dejado vencer y ha aceptado la derrota como un caballero. ¿Ahora decide ser un caballero?
Bajo la mirada, incapaz de mirar a nadie a la cara, y antes de que me dé cuenta mis pies me han llevado hasta el altar, al lado de Paul.
El sacerdote, un íntimo amigo de los padres de Paul, empieza la misa. Yo no estoy atenta, mi mente revolotea alrededor de todo, deteniéndose en cada cosa que veo. Pienso en nimiedades que me impidan concentrarme en lo que el sacerdote dice o me echaré a llorar.
-Paul Adam Harris, ¿quieres recibir a Brooke Destiny Wilson, como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida?-dijo el sacerdote. Paul me miró con sincera alegría al contestar:
-Sí, quiero.
-Y tú, Brooke Destiny Wilson, ¿quieres recibir a Paul Adam Harris, como esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarle y respetarle todos los días de tu vida?
Notaba todos los ojos puestos en mí: los del sacerdote, los de Paul, lo de mi familia y, sobre todo, los de Nick.
Ahí estaba. Mi declaración en voz alta para atarme voluntariamente y tirarme al volcán. Podría impedirlo, decir que no y salir corriendo, pero no tengo agallas para hacerlo. Por un momento toda una hipotética vida de yo decir "no", pasa por mi cabeza. Yo junto a Nick, yo feliz, yo encontrando el amor verdadero, yo libre. Las imágenes se van difuminando y yo las digo adiós sin hacer el menor esfuerzo por agarrarlas. Soy plenamente consciente en ese instante de que Nick tiene razón. Estoy proclamando mi "nunca" en voz alta, estoy renunciando a vivir por voluntad propia. Pero ahora mismo, ¿de verdad importa? Llevo toda mi vida viviendo para complacer a los demás, renunciando a todo y negándome a la libertad. Y experimenté la vida, pude probar el cielo. Y quizá eso ahora deba quedarse sencillamente en un recuerdo, en el sueño de lo que pudl haber sido y no fue. Cierro los ojos y me tiro al volcán de cabeza con un tembloroso:
-Sí, quiero.
lunes, 31 de octubre de 2011
sábado, 29 de octubre de 2011
Capítulo 29. Ahora o nunca.
Me siento en una silla cerca de la ventana, mientras veo caer la rutinaria lluvia de Inglaterra. Pedí casarme aquí y todos aceptaron gustosos la decisión, pero esperaba que brillase el sol por una vez, la verdad.
Intento dejar la mente en blanco, pero soy incapaz. Millones de pensamientos pasan por mi mente a la vez y prácticamente ninguno es agradable.
Echo la mano hacia atrás inconscientemente, casi por costumbre, para acariciar el tatuaje, ahora cubierto a escondidas con un montón de maquillaje. Me acuerdo de Nick, sus rasgos recordados al detalle aún después de dos meses sin verle. Esa sonrisa burlona, esa mirada retadora, ese insoportable y a la vez adorable tono al llamarme...
-Brookie...
Sí, exactamente así. Tan real, que es como si estuviese aquí. Demasiado real... Me giro hacia la puerta y lo encuentro ahí, con su sonrisa burlona acostumbrada.
-Ha llegado el gran día-dice, cerrando la puerta y apoyándose en la pared con despreocupación. Tiene las manos en los bolsillos y un esmoquin. Parece un sueño... y quizás lo sea.
-¿Nick?-pregunto, intentando cerciorarme de que es real.
-Vamos, no ha pasado tanto tiempo como para que ya no me recuerdes-me dice, poniendo los ojos en blanco y acercándose. Huele increíblemente bien, no ha cambiado nada. Tiene el pelo un poco más largo, pero igual de cuidadosamente despeinado. Coge una silla y se sienta a mi lado.
-¿Qué tal en Croacia?-le pregunto, intentando iniciar una conversación para distraerme y no pensar en lo liviano y rápido que se ha vuelto mi estúpido corazón.
-Bien-se encoge de hombros-, pero no hay nada como Inglaterra.
Me mira con intensidad, acercándose, y puedo ver debajo de la máscara de buen humor unos ojos torturados.
-Nick... Me voy a casar-le digo.
-Lo sé,-dice alejándose.-Y nada menos que con mi hermano.
Puedo escuchar la amargura y la resignación en su voz. Se levanta con un suspiro, alborotándose el pelo, y se dirige hacia la puerta. Pero antes se gira una última vez, con la mano en el pomo.
-Es tu última oportunidad de huir. Sé que soy egoísta al decirte esto el día de tu boda, pero quería que lo supieses. He venido para fingir una alegría que en realidad no siento, y me duele. Me fui para evitar estar cerca tuyo y no he podido mantenerme alejado-dice con amargura.- Llámame masoca, pero quería verte vestida de novia para imaginar por un momento que era yo el novio. Es tu última oportunidad para vivir. Ahora o nunca, Brooke.
Quiero golpearle, quiero odiarle, quiero hacerle callar para no tener que escuchar lo que me dice. Pero no tengo la valentía suficiente como para acallar a la verdad. Pero es mi decisión y, como él ya me dijo, yo sólo quiero complacer a la gente que hay a mi alrededor.
Nick comprende mi silencio y lo acepta con un asentimiento, saliendo por la puerta y cerrándola con suavidad para dejarme sola y vacía de nuevo.
Supongo que he elegido el "nunca".
Intento dejar la mente en blanco, pero soy incapaz. Millones de pensamientos pasan por mi mente a la vez y prácticamente ninguno es agradable.
Echo la mano hacia atrás inconscientemente, casi por costumbre, para acariciar el tatuaje, ahora cubierto a escondidas con un montón de maquillaje. Me acuerdo de Nick, sus rasgos recordados al detalle aún después de dos meses sin verle. Esa sonrisa burlona, esa mirada retadora, ese insoportable y a la vez adorable tono al llamarme...
-Brookie...
Sí, exactamente así. Tan real, que es como si estuviese aquí. Demasiado real... Me giro hacia la puerta y lo encuentro ahí, con su sonrisa burlona acostumbrada.
-Ha llegado el gran día-dice, cerrando la puerta y apoyándose en la pared con despreocupación. Tiene las manos en los bolsillos y un esmoquin. Parece un sueño... y quizás lo sea.
-¿Nick?-pregunto, intentando cerciorarme de que es real.
-Vamos, no ha pasado tanto tiempo como para que ya no me recuerdes-me dice, poniendo los ojos en blanco y acercándose. Huele increíblemente bien, no ha cambiado nada. Tiene el pelo un poco más largo, pero igual de cuidadosamente despeinado. Coge una silla y se sienta a mi lado.
-¿Qué tal en Croacia?-le pregunto, intentando iniciar una conversación para distraerme y no pensar en lo liviano y rápido que se ha vuelto mi estúpido corazón.
-Bien-se encoge de hombros-, pero no hay nada como Inglaterra.
Me mira con intensidad, acercándose, y puedo ver debajo de la máscara de buen humor unos ojos torturados.
-Nick... Me voy a casar-le digo.
-Lo sé,-dice alejándose.-Y nada menos que con mi hermano.
Puedo escuchar la amargura y la resignación en su voz. Se levanta con un suspiro, alborotándose el pelo, y se dirige hacia la puerta. Pero antes se gira una última vez, con la mano en el pomo.
-Es tu última oportunidad de huir. Sé que soy egoísta al decirte esto el día de tu boda, pero quería que lo supieses. He venido para fingir una alegría que en realidad no siento, y me duele. Me fui para evitar estar cerca tuyo y no he podido mantenerme alejado-dice con amargura.- Llámame masoca, pero quería verte vestida de novia para imaginar por un momento que era yo el novio. Es tu última oportunidad para vivir. Ahora o nunca, Brooke.
Quiero golpearle, quiero odiarle, quiero hacerle callar para no tener que escuchar lo que me dice. Pero no tengo la valentía suficiente como para acallar a la verdad. Pero es mi decisión y, como él ya me dijo, yo sólo quiero complacer a la gente que hay a mi alrededor.
Nick comprende mi silencio y lo acepta con un asentimiento, saliendo por la puerta y cerrándola con suavidad para dejarme sola y vacía de nuevo.
Supongo que he elegido el "nunca".
Capítulo 28. Familia.
Dos meses después.
-¿Nerviosa?
-No-miento.
Mandy se coloca detrás de mí en el espejo de cuerpo entero y me aprieta los hombros con una sonrisa, intentando infundirme ánimos. Lleva un vestido azul claro que elegí para las damas de honor que la sienta muy bien. Mi tía está en un rincón de la habitación en una silla, mirándome ilusionada con lágrimas de felicidad aflorando en sus ojos. Lleva un vestido rojo largo y el moño recogido en un intrincado moño.
-¿Qué sucede, tia?
Niega con la cabeza emocionada.
-Eres la novia más bonita de la historia-finaliza la frase con un pequeño sollozo. Yo la sonrío y voy a abrazarla.
-Estoy tan contenta de que seas la madrina en mi boda...-la confieso. Ese cargo normalmente correspondería a mi madre, pero no estará presente, igual que no ha estado presente en ninguno de los grandes acontecimientos de mi vida. Sin embargo, mi tía fue siempre mi figura maternal y cuando la pedí que fuese mi madrina sentí que verdaderamente la había hecho feliz.
Vuelvo al espejo y respiro hondo. Llevo un vestido blanco con encaje en la espalda, que me cubre los zapatos blancos de tacón. Mi pelo está recogido en un moño cubierto de laca, en el que Mandy coloca un velo como último detalle.
No puedo evitar que la sonrisa me flaquee un instante cuando un triste pensamiento cruza mi cabeza con velocidad: este debería ser el día más feliz de mi vida con el hombre al que quiero.
Nunca he sido romántica o, por lo menos no en voz alta. Admito que a veces se paseaba por mi cabeza la idea de encontrar un príncipe azul, pero jamás tuve tiempo para andar besando ranas. Sin embargo, siempre me imaginé el día de mi boda con un auténtico príncipe de cuento, pero el que me espera en el altar no es azul. Solo es un príncipe que ni siquiera debería ser mío. Él también se merece a alguien que le quiera de verdad, ¿no? No es justo para ninguno de los dos.
Pero él ha afrontado la orden con una sonrisa y parece encantado por casarse conmigo, aunque ni siquiera me conoce. Y todo por mis padres, quienes ni siquiera están hoy aquí para presenciar el desastroso enlace que han arreglado.
La puerta se abre y dos personas aparecen traspasándola. Tienen un aire que me resulta familiar, son un hombre y una mujer que me miran con una extraña mezcla de reconocimiento y afecto. Les reconozco por las fotos que me han ido enviando de ellos.
-Hija, estás preciosa-me dice la mujer, viniendo a abrazarme. Yo la dejo, sin saber cómo responder. Es totalmente imposible. Mis padres... aquí, abrazándome.
La mujer se separa de mí y me mira de arriba a abajo.Yo no sé qué decirla, es tan extraño. Después de 18 años sin tener noticias de ellos, aparecen así de repente. Es tan absurdo que me dan ganas de reir.
-Habéis venido-consigo murmurar.
-¿Cómo íbamos a faltar a tu boda?-dice mi padre, apretándome el hombro en un gesto que me parece frío y forzado. ¿Cómo iban a faltar a mi boda? Pues supongo que igual que han faltado a todo en mi vida. Veo cómo mi madre habla con mi tía, a la vez que la expresión de la segunda empieza a entristecer.
-¿Qué pasa?-pregunto. Mi madre me mira con una sonrisa, mientras que mi tía es incapaz de mirarme a los ojos. De repente, en presencia de mi madre se vuelve sumisa y esconde el rabo entre las piernas.
-Voy a ser tu madrina-dice mi madre. No, eso no está bien. No pueden llegar aquí para trastocar todo lo que he decidido yo y fingir que son mis padres. No pueden hacerme esto y no pueden hacérselo a mi tía.
-No-digo. Me miran las dos sorprendidas.-Mi madrina es la tía.
Mi madre parpadea, perpleja. Parece no creerse que yo haya podido rebelarme. Mi tía me sonríe a escondidas.
-Sí, claro, de acuerdo-dice mi madre.-Había pensado que te gustaría que fuese tu madre.
-¿Mi madre?-la pregunto con incredulidad.- No he recibido noticias vuestras en toda mi vida hasta hace unos meses, cuando decidisteis que podíais planear mi futuro sin mi consentimiento. No, la única familia que tengo son mis tíos. Vosotros solo sois los desconocidos que me engendraron.
Mandy observa toda la escena sin decir nada, intentando hacerse invisible en un rincón.
-De acuerdo-accede mi madre, apretando los labios.- Pero quiero que sepas que todo esto lo hemos hecho por tu bien.
Dicho esto salen por la puerta con dignidad. Toda la fuerza se desvanece cuando por fin me quedo a solas con mi tía y Mandy, y las lágrimas acuden a mis ojos.
-No llores, Brooke, has hecho bien-me intenta consolar Mandy.
-Muchas gracias-susurra mi tía, a un metro de mí.
-No voy a llorar, se estropearía todo el maquillaje y solo tendría una hora para arreglarlo-digo intentando sonreir.- Pero me gustaría quedarme sola un rato.
Capítulo 27. Sin elecciones.
Me despierto temprano, a las seis. En mi corazón todavía late un leve rastro de esperanza, confiando en llegar a tiempo para despedirme de Nick. Pero no me hace falta demasiado tiempo para recordar que se iba a las cinco. Llego una hora tarde. Siento una fuerte opresión en el estómago y me cuesta recuperar el aliento. Las lágrimas se agolpan en mis ojos y no puedo hacer nada para evitar que se derramen por mis mejillas. Intento tranquilizarme y me levanto de la cama para mirar por la ventana de la habitación.
Hace un sol espléndido y los pájaros pían con fuerza, haciéndome daño en los oídos. Hoy no debería brillar el sol, tendría que llover a cántaros para acompañarme en mi llanto.
Me vuelvo a encoger en la cama y lloro. Lloro como si el mundo se hubiese acabado; porque, en cierto modo, es lo que ha pasado. Siento un vacío en el pecho incapaz de ser llenado y una gran piedra en el estómago.
No sé cuanto tiempo estoy así, pero cuando consigo tranquilizarme lo suficiente como para parar de llorar me seco las lágrimas de las mejillas, me doy una larga ducha, me visto y salgo de la habitación fingiendo normalidad.
Me encuentro a un alegre Paul en el pasillo con un libro en la mano. "Orgullo y prejuicio". Le interrogo con la mirada, recordando que no le gusta leer. Su sonrisa se ensancha. Parece mucho más alegre y optimista ahora que Nick se ha ido y ya no le hace sombra.
-Es tu libro favorito, ¿no?-me pregunta. Yo asiento.- Nick me lo dijo. Voy a leerlo, para intentar saber más sobre ti-me confiesa, bajando la vista avergonzado. Yo me siento conmovia y me acerco para besarle. Pero hay algo que no puedo quitarme de la cabeza, y es que Nick se lo dijo. Vaya, parece que intenta arreglarlo y acercarnos más. Las lágrimas vuelven a llenar mis ojos al ver el esfuerzo que está haciendo Paul cuando yo nisiquiera me lo merezco.
Luego cada uno sigue su camino. Paul se va a la biblioteca y yo a desayunar. No tengo realmente hambre, pero como un par de tostadas para que mi tia se queda tranquila y no me pregunte por mi falta de apetito. Está sentada al lado de mi tio, abanicándose mientras él lee el periódico.
En un momento dado suelta un largo suspiro de tristeza.
-Es una pena que Nick ya no esté aquí, ¿verdad? Su ausencia es realmente desconsoladora.
¿Es que nadie puede ahorrarse el tema de Nick? De nuevo las lágrimas. No, no quiero que me vean llorar.
-¿Dónde está Estèle?-intento cambiar de tema.
-Ha partido hacia Inglaterra esta mañana temprano. Ha prometido telefonearte en cuanto llegue.
Bajo la vista hacia el plato y dejo de comer. No puedo más. Siento que si me quedo un minuto más sin hacer nada voy a empezar a pensar y acabaré enloqueciendo. Me pongo en pie de golpe, asustando a mis tios por la brusquedad.
-Voy a seguir organizando la boda-anuncio. Luego me giro a mi tia para preguntar:-¿Puedes acercarme al pueblo?
Mi tia parece más feliz que nunca, sin darse cuenta de lo desgraciada que soy. Pero me voy a casar en dos meses y no puedo pensar en nada más. Debo cumplir con lo que mis padres quieren de mí, lo que significa renunciar a todo y seguir adelante.
Hace un sol espléndido y los pájaros pían con fuerza, haciéndome daño en los oídos. Hoy no debería brillar el sol, tendría que llover a cántaros para acompañarme en mi llanto.
Me vuelvo a encoger en la cama y lloro. Lloro como si el mundo se hubiese acabado; porque, en cierto modo, es lo que ha pasado. Siento un vacío en el pecho incapaz de ser llenado y una gran piedra en el estómago.
No sé cuanto tiempo estoy así, pero cuando consigo tranquilizarme lo suficiente como para parar de llorar me seco las lágrimas de las mejillas, me doy una larga ducha, me visto y salgo de la habitación fingiendo normalidad.
Me encuentro a un alegre Paul en el pasillo con un libro en la mano. "Orgullo y prejuicio". Le interrogo con la mirada, recordando que no le gusta leer. Su sonrisa se ensancha. Parece mucho más alegre y optimista ahora que Nick se ha ido y ya no le hace sombra.
-Es tu libro favorito, ¿no?-me pregunta. Yo asiento.- Nick me lo dijo. Voy a leerlo, para intentar saber más sobre ti-me confiesa, bajando la vista avergonzado. Yo me siento conmovia y me acerco para besarle. Pero hay algo que no puedo quitarme de la cabeza, y es que Nick se lo dijo. Vaya, parece que intenta arreglarlo y acercarnos más. Las lágrimas vuelven a llenar mis ojos al ver el esfuerzo que está haciendo Paul cuando yo nisiquiera me lo merezco.
Luego cada uno sigue su camino. Paul se va a la biblioteca y yo a desayunar. No tengo realmente hambre, pero como un par de tostadas para que mi tia se queda tranquila y no me pregunte por mi falta de apetito. Está sentada al lado de mi tio, abanicándose mientras él lee el periódico.
En un momento dado suelta un largo suspiro de tristeza.
-Es una pena que Nick ya no esté aquí, ¿verdad? Su ausencia es realmente desconsoladora.
¿Es que nadie puede ahorrarse el tema de Nick? De nuevo las lágrimas. No, no quiero que me vean llorar.
-¿Dónde está Estèle?-intento cambiar de tema.
-Ha partido hacia Inglaterra esta mañana temprano. Ha prometido telefonearte en cuanto llegue.
Bajo la vista hacia el plato y dejo de comer. No puedo más. Siento que si me quedo un minuto más sin hacer nada voy a empezar a pensar y acabaré enloqueciendo. Me pongo en pie de golpe, asustando a mis tios por la brusquedad.
-Voy a seguir organizando la boda-anuncio. Luego me giro a mi tia para preguntar:-¿Puedes acercarme al pueblo?
Mi tia parece más feliz que nunca, sin darse cuenta de lo desgraciada que soy. Pero me voy a casar en dos meses y no puedo pensar en nada más. Debo cumplir con lo que mis padres quieren de mí, lo que significa renunciar a todo y seguir adelante.
viernes, 8 de julio de 2011
Capítulo 26. Se acabó, definitivamente.
Bajo al comedor a cenar y me los encuentro a todos en la mesa.
-Disculpad el retraso-les digo a media voz, mirando el mantel para evitar levantar la vista y encontrarme con unos ojos verdes que tanto voy a añorar.
Empezamos a cenar pero mi estómago refusa la comida, provocándome naúseas al pensar en probar bocado. Muevo las verduras de un lado a otro del plato, sin llevármelas a la boca en ningún momento.
No presto atención a la conversación que se desarrolla a mi alrededor, ajena al mundo entero, hasta que se centra en un punto que me interesa y me duele a partes iguales.
-¿A qué hora te vas mañana?-le pregunta mi tia a Nick.
-Temprano, de madrugada. A las cinco.
Yo no le miro y finjo que no me estoy enterando de nada, pero tengo cada uno de mis sentidos puestos en ello. Mi cabeza se inclina sobre mi plato y noto como una amarga gota cae a mi plato. Me seco la cara con rapidez, sorprendiéndome por el llanto. Me disculpo y me dirijo con rapidez a mi cuarto, alegando otro dolor de cabeza.
No aguanto estar sentada en la misma mesa que Nick, verle, sentirle tan cerca y no poder tocarle. No poder siquiera quererle.
Y le maldigo. Por ser el maldito huracán que ha tenido que azotar mi vida. Tan aterrador y hermoso. Una fuerza de la naturaleza que no puedes más que admirar, aunque te haya destrozado. Tan fuerte, devastadora... Tan pasional como el mismo Nick. Tan diferente a su hermano.
Ya ni recuerdo mi vida antes de todo esto. O, por lo menos, la recuerdo diferente. Tan ordenada, calculada, fría y... aburrida. Llena de planes de futuro, sin sueños o esperanzas. Llena de órdenes, sin decisiones propias. Todo calculado al milímetro, sin errores o locuras.
Me toco el tatuaje en la espalda, mirándolo en el espejo. Mi antiguo yo se hubiese horrorizado ante algo así. Pero mi antiguo yo no conocía a Nick. Mi antiguo yo no había vivido.
Y yo tampoco lo voy a hacer. Esa vida que Nick me dijo que anhelo, ese sueño que él me empujó a alcanzar, están cada vez más lejos de mi vista. A cada paso que él se aleja de mí ellos se van con él.
Pero se acabó. El huracán ha amainado. Dejando destrozos y tesoros que hacen que las ruinas merezcan la pena. Dejando un paisaje totalmente nuevo, que se me antoja extraño e inhóspito.
Después del fuerte huracán el viento no tiene casi fuerza. Sopla con desgana, sin ganas de hacer cambiar a mi barco de rumbo. Y me dirijo a la deriva sin modo de frenar.
Y esa palabra... Amor. Se empieza a difuminar en mi vocabulario hasta desaparecer. Libertad, esperanza, sueño... Palabras que recuerdo haber usado una vez pero a las que no encuentro significado. Palabras cuya definición se va borrando de mi mante a medida que las lágrimas caen por mis mejillas, precipitándose al suelo en un salto suicida.
Vida. Algo que jamás experimentaré. Ahora tan solo hay calma. El viento no se atreve a soplar. Los pájaros de mi tatuaje no tienen fuerza para volar y se esconden, resignándose a su destino y dejando que les metan en una jaula. Porque saben que ya no hay nada más. Se acabó, definitivamente.
-Disculpad el retraso-les digo a media voz, mirando el mantel para evitar levantar la vista y encontrarme con unos ojos verdes que tanto voy a añorar.
Empezamos a cenar pero mi estómago refusa la comida, provocándome naúseas al pensar en probar bocado. Muevo las verduras de un lado a otro del plato, sin llevármelas a la boca en ningún momento.
No presto atención a la conversación que se desarrolla a mi alrededor, ajena al mundo entero, hasta que se centra en un punto que me interesa y me duele a partes iguales.
-¿A qué hora te vas mañana?-le pregunta mi tia a Nick.
-Temprano, de madrugada. A las cinco.
Yo no le miro y finjo que no me estoy enterando de nada, pero tengo cada uno de mis sentidos puestos en ello. Mi cabeza se inclina sobre mi plato y noto como una amarga gota cae a mi plato. Me seco la cara con rapidez, sorprendiéndome por el llanto. Me disculpo y me dirijo con rapidez a mi cuarto, alegando otro dolor de cabeza.
No aguanto estar sentada en la misma mesa que Nick, verle, sentirle tan cerca y no poder tocarle. No poder siquiera quererle.
Y le maldigo. Por ser el maldito huracán que ha tenido que azotar mi vida. Tan aterrador y hermoso. Una fuerza de la naturaleza que no puedes más que admirar, aunque te haya destrozado. Tan fuerte, devastadora... Tan pasional como el mismo Nick. Tan diferente a su hermano.
Ya ni recuerdo mi vida antes de todo esto. O, por lo menos, la recuerdo diferente. Tan ordenada, calculada, fría y... aburrida. Llena de planes de futuro, sin sueños o esperanzas. Llena de órdenes, sin decisiones propias. Todo calculado al milímetro, sin errores o locuras.
Me toco el tatuaje en la espalda, mirándolo en el espejo. Mi antiguo yo se hubiese horrorizado ante algo así. Pero mi antiguo yo no conocía a Nick. Mi antiguo yo no había vivido.
Y yo tampoco lo voy a hacer. Esa vida que Nick me dijo que anhelo, ese sueño que él me empujó a alcanzar, están cada vez más lejos de mi vista. A cada paso que él se aleja de mí ellos se van con él.
Pero se acabó. El huracán ha amainado. Dejando destrozos y tesoros que hacen que las ruinas merezcan la pena. Dejando un paisaje totalmente nuevo, que se me antoja extraño e inhóspito.
Después del fuerte huracán el viento no tiene casi fuerza. Sopla con desgana, sin ganas de hacer cambiar a mi barco de rumbo. Y me dirijo a la deriva sin modo de frenar.
Y esa palabra... Amor. Se empieza a difuminar en mi vocabulario hasta desaparecer. Libertad, esperanza, sueño... Palabras que recuerdo haber usado una vez pero a las que no encuentro significado. Palabras cuya definición se va borrando de mi mante a medida que las lágrimas caen por mis mejillas, precipitándose al suelo en un salto suicida.
Vida. Algo que jamás experimentaré. Ahora tan solo hay calma. El viento no se atreve a soplar. Los pájaros de mi tatuaje no tienen fuerza para volar y se esconden, resignándose a su destino y dejando que les metan en una jaula. Porque saben que ya no hay nada más. Se acabó, definitivamente.
domingo, 26 de junio de 2011
Capítulo 25. Otro corazón roto.
-Brooke-me llama mi tia.-¿Te ha dado ya Nick la noticia?
-Sí, ya me lo ha dicho-la contesto. Un suave viento sopla, aliviando el sofocón que produce la estación estival en Provenza. El pelo mojado chorrea por mi espalda, empapando mi fino vestido blanco.
-Es una pena-dice mi tio mientras pasa una página del periódico.
-Se va a Croacia-le informa mi tia.-Un país precioso. Deberíamos ir nosotros también.
-Ummm...-asiente mi tio mientras pasa otra página.
-Pobre Estèle-continúa mi tia.
-¿Por qué?-la pregunto sin comprender.
-Ella quería ir con Nick, pero él no la ha dejado. Dice que probablemente se quede allí un año y no quiere que ella desaproveche la oportunidad de instruirse en una buena universidad.
Yo siento una inexplicable alegría al saber que no van realmente en serio. Al menos por parte de Nick.
-Debe ser agradable vivir cada año en un lugar diferente-aporta mi tio su opinión, cerrando por fin el periódico.
-A mí me parece terrible-le contradice mi tia.-No querer echar raíces en un lugar concreto siendo tan joven...
-Al revés, mi querida Elizabeth. Echa raíces en tantos sitios que se acostumbra a cualquier cultura. Eso proporciona una amplitud de miras que debería poseer cualquier joven.
-Pero siempre hay un lugar que debes considerar tu hogar-dice mi tia.
-Ya encontrará su hogar. Cuando se case y tenga hijos. Entonces no podrá seguir viviendo como un nómada. Lo niños necesitarán un lugar fijo. Y él se decidirá a asentarse en algún lugar.
Me pregunto dónde. ¿Lejos de mí? ¿Y si decide asentarse en Asia? ¿O en América?
Mis tios dejan la conversación y yo me despido para irme a duchar y a cambiarme.
Me meto en la ducha y me doy una rápida ducha de agua fría que me convence de que no estoy soñando. Que me voy a casar, que Nick se va...
Salgo y me pongo un vestido beige corto, apretado en la cintura por un lazo gordo marrón.
Estoy mirándome al espejo cuando oigo un ruido en la casa de al lado. Aguzo el oido para ver si lo vuelvo a escuchar. El ruido vuelve y me doy cuenta de que es un sollozo que alguien intenta contener. Y viene de la habitación de Estèle.
Me dirijo a su habitación y abro la puerta con suavidad.
-¿Estèle?
-Vete-dice girándose hacia la ventana para que no pueda verla la cara. Yo ignoro su rechazo y me siento a su lado, posando una mano en su hombro.
-Estéle, habla conmigo-la digo con suavidad.
-¿Y qué quieres que te diga?-pregunta mirando al techo y secándose las lágrimas.
-¿Qué sucede?
-¿Que qué sucede?¡Que Nick se va!-exclama como si fuese una niña tonta.-Y no me deja ir con él.
-A lo mejor es porque piensa que te mereces algo mejor-la sugiero.
-¿Qué hay mejor que él?-me contesta, poniendo los brazos en jarras.-Pero él y yo sabemos que no es esa la verdadera razón-me dice, mirándome por fin.
-¿Y cuál es?-la pregunto muerta de curiosidad.
-Hay otra. Estoy segura de ello.
Eso me sorprende de verdad. ¿Otra? ¿Y si no se marcha para alejarse de mí como ha dicho, sino para ver a otra o fugarse con otra?
-Hay más peces en el mar, Estèle-intento tranquilizarla. Pero tengo un nudo en la garganta que no me deja respirar bien.
-¿Y tú qué sabes?-me chilla de repente con acusación.-¡Tú te vas a casar!-Se vuelve a tumbar boca abajo en la cama con el pelo tapándola la cara. Y me pide con voz ya calmada:-Déjame tranquila, por favor.
Siento lástima por Estèle, que se ha unido al grupo de los corazones rotos por Nick. Un grupo que seguramente cuente ya con decenas de mujeres. Un grupo al que me niego a pertenecer.
Salgo de la habitación, cerrando la puerta con suavidad detrás de mí. Me tumbo en mi cama y abro "Orgullo y prejuicio", dispuesta a olvidarme de mi vida durante un par de horas.
-Sí, ya me lo ha dicho-la contesto. Un suave viento sopla, aliviando el sofocón que produce la estación estival en Provenza. El pelo mojado chorrea por mi espalda, empapando mi fino vestido blanco.
-Es una pena-dice mi tio mientras pasa una página del periódico.
-Se va a Croacia-le informa mi tia.-Un país precioso. Deberíamos ir nosotros también.
-Ummm...-asiente mi tio mientras pasa otra página.
-Pobre Estèle-continúa mi tia.
-¿Por qué?-la pregunto sin comprender.
-Ella quería ir con Nick, pero él no la ha dejado. Dice que probablemente se quede allí un año y no quiere que ella desaproveche la oportunidad de instruirse en una buena universidad.
Yo siento una inexplicable alegría al saber que no van realmente en serio. Al menos por parte de Nick.
-Debe ser agradable vivir cada año en un lugar diferente-aporta mi tio su opinión, cerrando por fin el periódico.
-A mí me parece terrible-le contradice mi tia.-No querer echar raíces en un lugar concreto siendo tan joven...
-Al revés, mi querida Elizabeth. Echa raíces en tantos sitios que se acostumbra a cualquier cultura. Eso proporciona una amplitud de miras que debería poseer cualquier joven.
-Pero siempre hay un lugar que debes considerar tu hogar-dice mi tia.
-Ya encontrará su hogar. Cuando se case y tenga hijos. Entonces no podrá seguir viviendo como un nómada. Lo niños necesitarán un lugar fijo. Y él se decidirá a asentarse en algún lugar.
Me pregunto dónde. ¿Lejos de mí? ¿Y si decide asentarse en Asia? ¿O en América?
Mis tios dejan la conversación y yo me despido para irme a duchar y a cambiarme.
Me meto en la ducha y me doy una rápida ducha de agua fría que me convence de que no estoy soñando. Que me voy a casar, que Nick se va...
Salgo y me pongo un vestido beige corto, apretado en la cintura por un lazo gordo marrón.
Estoy mirándome al espejo cuando oigo un ruido en la casa de al lado. Aguzo el oido para ver si lo vuelvo a escuchar. El ruido vuelve y me doy cuenta de que es un sollozo que alguien intenta contener. Y viene de la habitación de Estèle.
Me dirijo a su habitación y abro la puerta con suavidad.
-¿Estèle?
-Vete-dice girándose hacia la ventana para que no pueda verla la cara. Yo ignoro su rechazo y me siento a su lado, posando una mano en su hombro.
-Estéle, habla conmigo-la digo con suavidad.
-¿Y qué quieres que te diga?-pregunta mirando al techo y secándose las lágrimas.
-¿Qué sucede?
-¿Que qué sucede?¡Que Nick se va!-exclama como si fuese una niña tonta.-Y no me deja ir con él.
-A lo mejor es porque piensa que te mereces algo mejor-la sugiero.
-¿Qué hay mejor que él?-me contesta, poniendo los brazos en jarras.-Pero él y yo sabemos que no es esa la verdadera razón-me dice, mirándome por fin.
-¿Y cuál es?-la pregunto muerta de curiosidad.
-Hay otra. Estoy segura de ello.
Eso me sorprende de verdad. ¿Otra? ¿Y si no se marcha para alejarse de mí como ha dicho, sino para ver a otra o fugarse con otra?
-Hay más peces en el mar, Estèle-intento tranquilizarla. Pero tengo un nudo en la garganta que no me deja respirar bien.
-¿Y tú qué sabes?-me chilla de repente con acusación.-¡Tú te vas a casar!-Se vuelve a tumbar boca abajo en la cama con el pelo tapándola la cara. Y me pide con voz ya calmada:-Déjame tranquila, por favor.
Siento lástima por Estèle, que se ha unido al grupo de los corazones rotos por Nick. Un grupo que seguramente cuente ya con decenas de mujeres. Un grupo al que me niego a pertenecer.
Salgo de la habitación, cerrando la puerta con suavidad detrás de mí. Me tumbo en mi cama y abro "Orgullo y prejuicio", dispuesta a olvidarme de mi vida durante un par de horas.
viernes, 24 de junio de 2011
Capítulo 24. La despedida.
-Nick...-le advierto. Él se acerca aún más.
-Dime, Brookie.
«Brookie»... Se está riendo de mí.
-¿Qué vas a hacer tú?-vuelvo la pregunta contra él.
-Marcharme-me contesta de improviso.
-¿Te vas?-le pregunto, sorprendida.-¿A dónde?
Él se encoge de hombros y se aleja hacia el centro de la piscina. Al contrario de lo que esperaba no me siento más libre, sino más vulnerable. Y me sorprendo deseando que vuelva a rodearme con sus brazos.
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo y dejo de tener calor a pesar de estar en Agosto con una temperatura de 36 grados.
-Croacia. Siempre he querido visitarla y he decidido ir de una vez.
-¿Cuándo?-Mi voz suena débil y temblorosa, pero soy incapaz de controlarla.
-Mañana.
-¿Y por qué?-acierto a decir tan solo en un susurro.
Se vuelve a acercar y a poner sus brazos rodeándome.
-Porque creo que es mejor alejarme de aquí. Te vas a casar con mi hermano. Yo tan solo estorbo.
El corazón se me encoge al darme cuenta de que no volveré a ver a Nick hasta quién sabe cuando.
-¿Vendrás a la boda?-le pregunto con un hilo de voz.
-Lo dudo. Sería incapaz de alegrarme por vosotros-me confiesa. Yo le miro a los ojos y él me devuelve la mirada en una conversación no verbal en la que compartimos más secretos que nunca. No podría perder sus preciosos ojos verdes. ¿Cómo sobreviviré?
-¿Cuándo te volveré a ver?-me atrevo a decir.
-Quién sabe... Quizá en un año, o quizá más.
Se me olvida del todo seguir moviendo los pies y empiezo a hundirme. Es tal el vacío en mi mente después de sus palabras que ni me doy cuenta. Hasta que pasa un brazo alrededor de mi cintura y me mantiene sujeta entre el bordillo y su cuerpo.
-¿Qué me vas a dar como despedida?-susurra mientras acerca su boca a la mía. Yo no me molesto en apartarme. No tengo ni espacio, ni deseos.
Su beso, lento y delicado, hace que me olvide de todo por un momento. Paul, la boda, mis padres, Estèle, el internado… y olvide que con este beso estoy traicionando a mi futuro marido con su hermano.
Tan solo puedo recordarle a él, darme cuenta de que es el último beso y que mi prometido jamás me besará así. Que con él no me estoy despidiendo solo de una persona, sino de una vida entera, un futuro, un sueño.
Y me doy cuenta de que se acabó definitivamente. Que es hora de dejar de soñar y volver a poner los pies en el suelo, como solía hacer. Que el huracán ha amainado y las cosas vuelven a ser igual. Al menos por fuera, porque dentro de mí ya nada es lo mismo.
Pero yo tan solo pienso en el beso. Ni siquiera pienso. Siento, por una vez en mi vida. Me despido de todo pensamiento racional para abandonarme a él.
Nick sube las manos por mi espalda hasta pararse en el tatuaje. Yo siento como me arde la piel con su contacto pero eso solo hace que me apriete más contra él. Enredo la manos en su pelo y las dejo ahí, atrayendo su cara aún más a la mía.
Cuando me separo de él, muy a regañadientes, me tengo que contener para no volver a besarle. Pero es el sentido común el que me llama. ¿Y si apareciese alguien por la piscina y nos pillase?
Nick me suelta y se aparta a un lado. Se apoya en el bordillo y se impulsa con sus fuertes brazos para salir. Yo le observo como camina para coger su camiseta y marcharse con tan solo un "adiós".
Está fuerte, con la señal de haberse pasado más de una tarde en el gimnasio. El bronceado ligeramente tostado de su piel le sienta bien y las gotas resbalan por todo su cuerpo.
Yo solo me atrevo a salir una vez se ha ido. Me seco con una toalla y me quedo mirando el agua mientras medito. Pero solo una terrible pregunta aparece en mi mente: ¿Y si no le vuelvo a ver?
-Dime, Brookie.
«Brookie»... Se está riendo de mí.
-¿Qué vas a hacer tú?-vuelvo la pregunta contra él.
-Marcharme-me contesta de improviso.
-¿Te vas?-le pregunto, sorprendida.-¿A dónde?
Él se encoge de hombros y se aleja hacia el centro de la piscina. Al contrario de lo que esperaba no me siento más libre, sino más vulnerable. Y me sorprendo deseando que vuelva a rodearme con sus brazos.
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo y dejo de tener calor a pesar de estar en Agosto con una temperatura de 36 grados.
-Croacia. Siempre he querido visitarla y he decidido ir de una vez.
-¿Cuándo?-Mi voz suena débil y temblorosa, pero soy incapaz de controlarla.
-Mañana.
-¿Y por qué?-acierto a decir tan solo en un susurro.
Se vuelve a acercar y a poner sus brazos rodeándome.
-Porque creo que es mejor alejarme de aquí. Te vas a casar con mi hermano. Yo tan solo estorbo.
El corazón se me encoge al darme cuenta de que no volveré a ver a Nick hasta quién sabe cuando.
-¿Vendrás a la boda?-le pregunto con un hilo de voz.
-Lo dudo. Sería incapaz de alegrarme por vosotros-me confiesa. Yo le miro a los ojos y él me devuelve la mirada en una conversación no verbal en la que compartimos más secretos que nunca. No podría perder sus preciosos ojos verdes. ¿Cómo sobreviviré?
-¿Cuándo te volveré a ver?-me atrevo a decir.
-Quién sabe... Quizá en un año, o quizá más.
Se me olvida del todo seguir moviendo los pies y empiezo a hundirme. Es tal el vacío en mi mente después de sus palabras que ni me doy cuenta. Hasta que pasa un brazo alrededor de mi cintura y me mantiene sujeta entre el bordillo y su cuerpo.
-¿Qué me vas a dar como despedida?-susurra mientras acerca su boca a la mía. Yo no me molesto en apartarme. No tengo ni espacio, ni deseos.
Su beso, lento y delicado, hace que me olvide de todo por un momento. Paul, la boda, mis padres, Estèle, el internado… y olvide que con este beso estoy traicionando a mi futuro marido con su hermano.
Tan solo puedo recordarle a él, darme cuenta de que es el último beso y que mi prometido jamás me besará así. Que con él no me estoy despidiendo solo de una persona, sino de una vida entera, un futuro, un sueño.
Y me doy cuenta de que se acabó definitivamente. Que es hora de dejar de soñar y volver a poner los pies en el suelo, como solía hacer. Que el huracán ha amainado y las cosas vuelven a ser igual. Al menos por fuera, porque dentro de mí ya nada es lo mismo.
Pero yo tan solo pienso en el beso. Ni siquiera pienso. Siento, por una vez en mi vida. Me despido de todo pensamiento racional para abandonarme a él.
Nick sube las manos por mi espalda hasta pararse en el tatuaje. Yo siento como me arde la piel con su contacto pero eso solo hace que me apriete más contra él. Enredo la manos en su pelo y las dejo ahí, atrayendo su cara aún más a la mía.
Cuando me separo de él, muy a regañadientes, me tengo que contener para no volver a besarle. Pero es el sentido común el que me llama. ¿Y si apareciese alguien por la piscina y nos pillase?
Nick me suelta y se aparta a un lado. Se apoya en el bordillo y se impulsa con sus fuertes brazos para salir. Yo le observo como camina para coger su camiseta y marcharse con tan solo un "adiós".
Está fuerte, con la señal de haberse pasado más de una tarde en el gimnasio. El bronceado ligeramente tostado de su piel le sienta bien y las gotas resbalan por todo su cuerpo.
Yo solo me atrevo a salir una vez se ha ido. Me seco con una toalla y me quedo mirando el agua mientras medito. Pero solo una terrible pregunta aparece en mi mente: ¿Y si no le vuelvo a ver?
jueves, 23 de junio de 2011
Capítulo 23. La piscina.
-¿Puedo?-me pide permiso desde el marco.
-Adelante-digo fingiendo mi mejor sonrisa.
-¿Qué tal te encuentras?-me pregunta sentándose a mi lado.
-He tenido días mejores-le contesto.
Él se inclina sobre sus piernas y apoya los codos en sus rodillas. Mira al suelo con el ceño fruncido, como si algo le preocupase.
Al final se vuelve hacia mí y coge aire como si necesitase reunir coraje para decirme:
-Siento si he hecho algo indecoroso o te he incitado a un mal pensamiento. No era mi intención, créeme, nada más lejos de mis propósitos.
Yo le miro con lástima sin poder decirle lo que realmente sucede. Que no es él, sino yo, que no paro de pensar en su hermano. Veo como el simple pensamiento de haberle asustado le está torturando por dentro y le agarro la mano.
-No has hecho nada, Paul, esque este calor me sienta realmente mal.
Es la peor excusa que le he dado a alguien en mi vida entera, pero parece que le anima. Sale sonriente de mi habitación, contento por la idea de que haya sido el calor y no él el causante de mi jaqueca.
Después de una hora tirada en la cama y sabiendo que no me va a servir de nada compadecerme de mí misma, me decido a ponerme en pie para salir a tomar el aire. Se me ocurre la idea de ir a la piscina y me pongo el biquini con un vestido sencillo blanco encima para irme a dar un chapuzón.
Llego a la piscina albergando la esperanza de que no haya nadie, pero veo una camiseta tirada en una silla, unas zapatillas en el bordillo y presiento quien está ahí.
Nick me mira apoyado en el bordillo de la piscina con tranquilidad.
Desde que le dijese esa mañana que me hacía sentir como debía hacerlo Paul no hemos vuelto a hablar. Mi tia entró en mi habitación con una toalla húmeda en ese momento y él tuvo que irse.
Me meto en la piscina y me pongo a dar largos por el lado contrario al que él está. Cuando saco la cabeza del agua en la parte honda de la piscina, no me atrevo a mirar a Nick, que está en el otro extremo del agua.
-¿Piensas evitarme para siempre?-me pregunta.
-Sólo mientras pueda-le contesto.
Él se acerca nadando con rapidez y bastante estilo hasta quedarse a mi lado. Apoya los brazos uno a cada lado de mí para impedirme salir, y a mí casi se me olvida mover los pies para no ahogarme.
-Pues ya no puedes-susurra muy cerca de mí.-¿Qué piensas hacer ahora?
-Adelante-digo fingiendo mi mejor sonrisa.
-¿Qué tal te encuentras?-me pregunta sentándose a mi lado.
-He tenido días mejores-le contesto.
Él se inclina sobre sus piernas y apoya los codos en sus rodillas. Mira al suelo con el ceño fruncido, como si algo le preocupase.
Al final se vuelve hacia mí y coge aire como si necesitase reunir coraje para decirme:
-Siento si he hecho algo indecoroso o te he incitado a un mal pensamiento. No era mi intención, créeme, nada más lejos de mis propósitos.
Yo le miro con lástima sin poder decirle lo que realmente sucede. Que no es él, sino yo, que no paro de pensar en su hermano. Veo como el simple pensamiento de haberle asustado le está torturando por dentro y le agarro la mano.
-No has hecho nada, Paul, esque este calor me sienta realmente mal.
Es la peor excusa que le he dado a alguien en mi vida entera, pero parece que le anima. Sale sonriente de mi habitación, contento por la idea de que haya sido el calor y no él el causante de mi jaqueca.
Después de una hora tirada en la cama y sabiendo que no me va a servir de nada compadecerme de mí misma, me decido a ponerme en pie para salir a tomar el aire. Se me ocurre la idea de ir a la piscina y me pongo el biquini con un vestido sencillo blanco encima para irme a dar un chapuzón.
Llego a la piscina albergando la esperanza de que no haya nadie, pero veo una camiseta tirada en una silla, unas zapatillas en el bordillo y presiento quien está ahí.
Nick me mira apoyado en el bordillo de la piscina con tranquilidad.
Desde que le dijese esa mañana que me hacía sentir como debía hacerlo Paul no hemos vuelto a hablar. Mi tia entró en mi habitación con una toalla húmeda en ese momento y él tuvo que irse.
Me meto en la piscina y me pongo a dar largos por el lado contrario al que él está. Cuando saco la cabeza del agua en la parte honda de la piscina, no me atrevo a mirar a Nick, que está en el otro extremo del agua.
-¿Piensas evitarme para siempre?-me pregunta.
-Sólo mientras pueda-le contesto.
Él se acerca nadando con rapidez y bastante estilo hasta quedarse a mi lado. Apoya los brazos uno a cada lado de mí para impedirme salir, y a mí casi se me olvida mover los pies para no ahogarme.
-Pues ya no puedes-susurra muy cerca de mí.-¿Qué piensas hacer ahora?
miércoles, 22 de junio de 2011
Capítulo 22. Confesiones.
-¿Se te ha pasado?-me pregunta Estèle entrando en mi habitación con cautela.
Yo estoy tumbada boca abajo, apretando la cabeza con fuerza contra la almohada, a la espera de que eso de algún modo me borre todos los recuerdos y arregle mi vida. Me siento en la cama y me seco las lágrimas con el dorso de la mano sin que me vea. No me haría ninguna gracia tener que empezar a dar explicaciones. Estèle se sienta a mi lado y me mira con tristeza. Yo no me contengo y la digo:
-Estèle, ¿por qué eres tan amable?
Eso la hace mirarme con otros ojos, casi culpables.
-Siento haber sido tan brusca contigo en el internado. Supongo que te prejuzgué y no me molesté en conocerte bien. Pero estando aquí me he dado cuenta de que debes ser muy especial porque Nick ha descubierto algo asombroso en ti y estoy segura de que merece la pena conocerlo.
-¿Nick?-pregunto confundida. La voz me tiembla al pronunciar su nombre. Ella asiente y al ver mi cara de confusión pone los ojos en blanco.
-¡No me digas que no te has dado cuenta!-exclama como si yo fuese un caso perdido. Y luego niega con la cabeza.- Debes estar ciega, Brooke, para no ver como te mira.
-¿Cómo me mira?-susurro casi con temor de preguntarlo. O con miedo de oir la respuesta.
-Como si fueses un ángel o algo caído del cielo.-Luego lleva los ojos al techo, divertida.-Si yo fuese un poco celosa ya estaría subiéndome por las paredes. Por suerte, no lo soy. Y, por suerte también, tú te vas a casar.
«Así te quitarás de en medio de mi camino» es lo que quiere decir. La misma Estèle de siempre. Avariciosa, egoísta y resistente.
Se pone de pie con una sonrisa feliz y se pone a cotillear por todo mi cuarto. Empieza a parlotear, mientras mira en todos los cajones, sobre la boda y todos los adornos, los preparativos, el traje, los invitados y la disposición de las mesas.
Yo finjo que la escucho y asiento cuando me mira para que crea que sigo el hilo de la conversación. Pero en mi cabeza no paro de preguntarme sobre lo que ha dicho.
Que yo sepa Nick no me mira de ninguna manera especial, tan solo se divierte conmigo. Pero ya le he dicho que deje los juegos. Por el amor de Dios, ¡me voy a casar con su hermano! Pero supongo que para él supone una gran diversión acabar con la educación de una mujer perfectamente controlada como yo.
Y luego lo de los celos. ¿Por qué habría Estèle de estar celosa? No soy un rival a tener en cuenta para ella y nunca lo he sido. Y ella lo sabe perfectamente. En todos estos años con ella en el internado jamás he descubierto el menor indicio de flaqueza en su enorme ego. Un ego mucho mayor que el de Nick. Por lo menos algo tienen en común.
Me pregunto si soportaré estar casada con Paul mientras Estèle sale con Nick. ¿Y si se prometen? ¿Y si se casan? ¿Y si tienen hijos? ¿Soportaría verles a los dos juntos en las reuniones familiares?
Por fin, Estèle se cansa de cotillear y se despide con sus deseos de que me reponga, saliendo por la puerta. En cuanto la cierra yo me tiro de nuevo contra la almohada con un dolor de cabeza aún más fuerte que el anterior.
Pero presiento que no va a hacer más que empeorar cuando la puerta se abre de nuevo y aparece Paul.
Yo estoy tumbada boca abajo, apretando la cabeza con fuerza contra la almohada, a la espera de que eso de algún modo me borre todos los recuerdos y arregle mi vida. Me siento en la cama y me seco las lágrimas con el dorso de la mano sin que me vea. No me haría ninguna gracia tener que empezar a dar explicaciones. Estèle se sienta a mi lado y me mira con tristeza. Yo no me contengo y la digo:
-Estèle, ¿por qué eres tan amable?
Eso la hace mirarme con otros ojos, casi culpables.
-Siento haber sido tan brusca contigo en el internado. Supongo que te prejuzgué y no me molesté en conocerte bien. Pero estando aquí me he dado cuenta de que debes ser muy especial porque Nick ha descubierto algo asombroso en ti y estoy segura de que merece la pena conocerlo.
-¿Nick?-pregunto confundida. La voz me tiembla al pronunciar su nombre. Ella asiente y al ver mi cara de confusión pone los ojos en blanco.
-¡No me digas que no te has dado cuenta!-exclama como si yo fuese un caso perdido. Y luego niega con la cabeza.- Debes estar ciega, Brooke, para no ver como te mira.
-¿Cómo me mira?-susurro casi con temor de preguntarlo. O con miedo de oir la respuesta.
-Como si fueses un ángel o algo caído del cielo.-Luego lleva los ojos al techo, divertida.-Si yo fuese un poco celosa ya estaría subiéndome por las paredes. Por suerte, no lo soy. Y, por suerte también, tú te vas a casar.
«Así te quitarás de en medio de mi camino» es lo que quiere decir. La misma Estèle de siempre. Avariciosa, egoísta y resistente.
Se pone de pie con una sonrisa feliz y se pone a cotillear por todo mi cuarto. Empieza a parlotear, mientras mira en todos los cajones, sobre la boda y todos los adornos, los preparativos, el traje, los invitados y la disposición de las mesas.
Yo finjo que la escucho y asiento cuando me mira para que crea que sigo el hilo de la conversación. Pero en mi cabeza no paro de preguntarme sobre lo que ha dicho.
Que yo sepa Nick no me mira de ninguna manera especial, tan solo se divierte conmigo. Pero ya le he dicho que deje los juegos. Por el amor de Dios, ¡me voy a casar con su hermano! Pero supongo que para él supone una gran diversión acabar con la educación de una mujer perfectamente controlada como yo.
Y luego lo de los celos. ¿Por qué habría Estèle de estar celosa? No soy un rival a tener en cuenta para ella y nunca lo he sido. Y ella lo sabe perfectamente. En todos estos años con ella en el internado jamás he descubierto el menor indicio de flaqueza en su enorme ego. Un ego mucho mayor que el de Nick. Por lo menos algo tienen en común.
Me pregunto si soportaré estar casada con Paul mientras Estèle sale con Nick. ¿Y si se prometen? ¿Y si se casan? ¿Y si tienen hijos? ¿Soportaría verles a los dos juntos en las reuniones familiares?
Por fin, Estèle se cansa de cotillear y se despide con sus deseos de que me reponga, saliendo por la puerta. En cuanto la cierra yo me tiro de nuevo contra la almohada con un dolor de cabeza aún más fuerte que el anterior.
Pero presiento que no va a hacer más que empeorar cuando la puerta se abre de nuevo y aparece Paul.
Capítulo 21. Conciencia.
Me levanto de la mesa del desayuno para ir a pasear con Paul.
«¿Por qué todavía no me ha besado?», me pregunto mientras le agarró del brazo y nos alejamos del resto de los habitantes de la casa.
-¡Qué bonita está Provenza en verano!-dice Paul con alegría.
-La mejor época del año, desde luego-le sonrío.
Nos paramos detrás de la casa, cerca de la piscina, y Paul se gira para mirarme de frente.
-¿Puedo besarte?-me pregunta con timidez. Yo asiento, pero la sonrisa me flaquea. Y cuando por fin me besa, no es en él en quién pienso.
Nick jamás me habría pedido permiso, me hubiese besado como si se creyese con derecho. Tampoco me había pedido permiso para robarme el corazón.
Porque Paul es un caballero y me pide permiso. Es perfecto, galante y educado. Pero quería pelearme, que me hiciese de rabiar y se burlase de mi seriedad. Quería que me besase porque quería hacerlo, no porque tuviese mi permiso.
Cuando se separa y me sonríe no soy capaz de hacer nada. Ni siquiera sonreir.
-¿Te encuentras bien?-me pregunta, preocupado.
-Solo estoy cansada- le contesto con una sonrisa que no transmite alegría en absoluto.-Si me disculpas, creo que voy a volver a dormir.
Me alejo de él para regresar a mi habitación. No quiero que vea lo decepcionada que estoy. No quiero que se dé cuenta de que lo comparo con su hermano. Y no quiero que sepa que no he sentido absolutamente nada cuando me ha besado.
-Brooke, ¿a dónde vas?-me pregunta Estèle cuando me cruzo con ella de camino a mi habitación. Nick va a su lado y me mira con curiosidad. Yo no puedo mirarle a la cara y me concentro en mi antigua compañera.
-A mi cuarto. Tengo jaqueca.
Me quito el caro vestido de seda beige que me compré en Inglaterra, para meterme en la cama con el pijama. Hace calor y empiezo a sudar, pero por lo menos ahí estoy a salvo del mundo. Y a salvo de los hombres y los sentimientos.
-Tenemos que hablar-dice Nick irrumpiendo en mi habitación y cerrando ls puerta tras de sí para que nadie nos moleste.
Yo me tapo todo lo que puedo con la sábana y le reprocho con frialdad:
-No es de buen gusto entrar de ese modo en el dormitorio de una mujer.
-Al cuerno el decoro-susurra. Se acerca a mi cama y se sienta en una silla que hay al lado.-¿Qué quisiste decir con eso de "se acabó el juego"?
-Que ha terminado. No puedes coger y besarme sin más. No cuando estoy prometida con tu hermano. Ni puedes llevarme a bares por la noche o ponerme un tatuaje.-Me tumbo boca arriba, con las sábanas hasta la barbilla, mientras miro el techo. Me siento incapaz de mirarle directamente.
-No te obligué a hacer nada. Siento haberte hecho vivir en dos días lo que no has vivido en toda tu vida. Siento que toda tu vida se te haya escondido todo un mundo y por fin alguien te lo haya descubierto-dice irritado.
-No... No se trata de eso-susurro entre lágrimas. Él se acerca a mi lado y me limpia una lágrima con el pulgar.
-Entonces, ¿de qué se trata?-me pregunta también en un susurro. Por fin le miro a los ojos al contestar:
-Que no puedes hacerme sentir como debería hacerlo mi prometido.
«¿Por qué todavía no me ha besado?», me pregunto mientras le agarró del brazo y nos alejamos del resto de los habitantes de la casa.
-¡Qué bonita está Provenza en verano!-dice Paul con alegría.
-La mejor época del año, desde luego-le sonrío.
Nos paramos detrás de la casa, cerca de la piscina, y Paul se gira para mirarme de frente.
-¿Puedo besarte?-me pregunta con timidez. Yo asiento, pero la sonrisa me flaquea. Y cuando por fin me besa, no es en él en quién pienso.
Nick jamás me habría pedido permiso, me hubiese besado como si se creyese con derecho. Tampoco me había pedido permiso para robarme el corazón.
Porque Paul es un caballero y me pide permiso. Es perfecto, galante y educado. Pero quería pelearme, que me hiciese de rabiar y se burlase de mi seriedad. Quería que me besase porque quería hacerlo, no porque tuviese mi permiso.
Cuando se separa y me sonríe no soy capaz de hacer nada. Ni siquiera sonreir.
-¿Te encuentras bien?-me pregunta, preocupado.
-Solo estoy cansada- le contesto con una sonrisa que no transmite alegría en absoluto.-Si me disculpas, creo que voy a volver a dormir.
Me alejo de él para regresar a mi habitación. No quiero que vea lo decepcionada que estoy. No quiero que se dé cuenta de que lo comparo con su hermano. Y no quiero que sepa que no he sentido absolutamente nada cuando me ha besado.
-Brooke, ¿a dónde vas?-me pregunta Estèle cuando me cruzo con ella de camino a mi habitación. Nick va a su lado y me mira con curiosidad. Yo no puedo mirarle a la cara y me concentro en mi antigua compañera.
-A mi cuarto. Tengo jaqueca.
Me quito el caro vestido de seda beige que me compré en Inglaterra, para meterme en la cama con el pijama. Hace calor y empiezo a sudar, pero por lo menos ahí estoy a salvo del mundo. Y a salvo de los hombres y los sentimientos.
-Tenemos que hablar-dice Nick irrumpiendo en mi habitación y cerrando ls puerta tras de sí para que nadie nos moleste.
Yo me tapo todo lo que puedo con la sábana y le reprocho con frialdad:
-No es de buen gusto entrar de ese modo en el dormitorio de una mujer.
-Al cuerno el decoro-susurra. Se acerca a mi cama y se sienta en una silla que hay al lado.-¿Qué quisiste decir con eso de "se acabó el juego"?
-Que ha terminado. No puedes coger y besarme sin más. No cuando estoy prometida con tu hermano. Ni puedes llevarme a bares por la noche o ponerme un tatuaje.-Me tumbo boca arriba, con las sábanas hasta la barbilla, mientras miro el techo. Me siento incapaz de mirarle directamente.
-No te obligué a hacer nada. Siento haberte hecho vivir en dos días lo que no has vivido en toda tu vida. Siento que toda tu vida se te haya escondido todo un mundo y por fin alguien te lo haya descubierto-dice irritado.
-No... No se trata de eso-susurro entre lágrimas. Él se acerca a mi lado y me limpia una lágrima con el pulgar.
-Entonces, ¿de qué se trata?-me pregunta también en un susurro. Por fin le miro a los ojos al contestar:
-Que no puedes hacerme sentir como debería hacerlo mi prometido.
Capítulo 20. Game Over.
-¿Cómo te va el omóplato?-me pregunta Nick, sentándose en el sofá de enfrente. Yo cierro el libro que estaba leyendo.
-Bastante bien-le contesto, llevándome una mano al lugar donde me han puesto esta misma mañana la marca de mi verdadera vida.
Cuando llegué a casa de mis tios tuve que evitar cruzarme con ellos y correr a mi cuarto para ponerme una camisa holgada que tapase la marca del delito.
Miro por la ventana y me doy cuenta de que he estado tan absorbida en mi libro que no me he dado cuenta de que ya ha anochecido.
Mis primos están con su cuidadora mientras mis tios, Paul y Estèle han salido a hacer unas compras para la boda. Estèle está realmente ilusionada con elegir los adornos, como si fuese su propia boda. Yo agradezco su entusiasmo, pero me parece un tanto extraño dada la frialdad de nuestra relación mientras estábamos en el internado.
-No sé como pudiste convencerme de hacérmelo-admito, negando con la cabeza, pero con una sonrisa.
-Soy muy convincente-me dice, inclinándose hacia mí.-Es parte de mi encanto.
-Oh, vaya, Mr. Labia-me río, inclinándome yo también.-Su ego no ha cambiado mucho.
De repente soy consciente de lo cerca que se encuentra su rostro del mío. Con naturalidad, casi como si todas las fuerzas del universo me incitasen a ello, mis ojos bajan la mirada para posarse en sus labios. Él se acerca más sin apartar la vista de mí. Y cuando apenas hay distancia que nos separe y mi corazón late tan rápido que siento que resuena por toda la habitación, aparece Meryl.
Nick y yo apoyamos la espalda en el respaldo con rapidez, fingiendo que no ha ocurrido nada. Yo abro mi libro por cualquier hoja y él finje mirar por la ventana.
-Nick, ¿me ayudas a buscar mi muñeca?-dice mi prima. Su actitud es normal y no parece que haya visto nada.
-Claro-dice Nick. Veo como se alejan los dos de la mano por el pasillo y en ese momento me permito ruborizarme.
¿Qué me pasa? Se supone que estoy prometida, ¿no? La primera vez que Nick me besó me pilló por sorpresa, pero no voy a volver a traicionar a Paul. Me voy a casar y tengo que serle fiel. Nick está jugando conmigo, como con todas, pero yo me voy a casar con su hermano, así que tengo que ponerle fin al juego.
¿Qué pensarían mis padres? Ellos quieren que me case con Paul y debo obedecerles, quieren lo mejor para mí. Jamás aprobarían el tatuaje que me he hecho. No sé como he podido hacerlo, ha sido una locura.
Oigo los pasos de Nick dirigiéndose de nuevo hacia el salón, donde estoy sentada. Se para en la puerta y se apoya en el marco para mirarme con una sonrisa burlona. Yo finjo gran interés en el libro aunque no puedo concentrarme lo suficiente para leer lo que pone.
-Está al revés-me dice Nick.
Yo pongo el libro del derecho con fastidio, sin mirarle siquiera. Él se acerca a mí y se sienta enfrente, como antes.
-¿Qué sucede?-me pregunta con el ceño fruncido por la preocupación.
Yo suspiro, cerrando el libro.
-Se acabó el juego, Nick.
En ese momento aparecen mis tios, acompañados por Pau y Estéle en el salón.
-Sentimos el retraso-se disculpa mi tia. Sonríe y se dirije a la cocina.-¿A quién le apetece cenar?
-¿Qué tal el día, cariño?-me pregunta Paul sentándose a mi lado y pasando un brazo por mis hombros. Yo miro a Nick con disimulo, que me mira sin ningún reparo. Finalmente se levanta para salir de la habitación e ir a buscar a Estèle.
Sin querer, Paul toca mi omóplato, provocándome un intenso dolor. Suelto un quejido y él aparta el brazo corriendo.
-¿Te he hecho daño?-me pregunta, preocupado.
-No, esque me he dado un golpe esta mañana-le miento, levantándome del sofá.
Salgo rápido del salón antes de que mis lágrimas delaten que no es un dolor simplemente físico.
-Bastante bien-le contesto, llevándome una mano al lugar donde me han puesto esta misma mañana la marca de mi verdadera vida.
Cuando llegué a casa de mis tios tuve que evitar cruzarme con ellos y correr a mi cuarto para ponerme una camisa holgada que tapase la marca del delito.
Miro por la ventana y me doy cuenta de que he estado tan absorbida en mi libro que no me he dado cuenta de que ya ha anochecido.
Mis primos están con su cuidadora mientras mis tios, Paul y Estèle han salido a hacer unas compras para la boda. Estèle está realmente ilusionada con elegir los adornos, como si fuese su propia boda. Yo agradezco su entusiasmo, pero me parece un tanto extraño dada la frialdad de nuestra relación mientras estábamos en el internado.
-No sé como pudiste convencerme de hacérmelo-admito, negando con la cabeza, pero con una sonrisa.
-Soy muy convincente-me dice, inclinándose hacia mí.-Es parte de mi encanto.
-Oh, vaya, Mr. Labia-me río, inclinándome yo también.-Su ego no ha cambiado mucho.
De repente soy consciente de lo cerca que se encuentra su rostro del mío. Con naturalidad, casi como si todas las fuerzas del universo me incitasen a ello, mis ojos bajan la mirada para posarse en sus labios. Él se acerca más sin apartar la vista de mí. Y cuando apenas hay distancia que nos separe y mi corazón late tan rápido que siento que resuena por toda la habitación, aparece Meryl.
Nick y yo apoyamos la espalda en el respaldo con rapidez, fingiendo que no ha ocurrido nada. Yo abro mi libro por cualquier hoja y él finje mirar por la ventana.
-Nick, ¿me ayudas a buscar mi muñeca?-dice mi prima. Su actitud es normal y no parece que haya visto nada.
-Claro-dice Nick. Veo como se alejan los dos de la mano por el pasillo y en ese momento me permito ruborizarme.
¿Qué me pasa? Se supone que estoy prometida, ¿no? La primera vez que Nick me besó me pilló por sorpresa, pero no voy a volver a traicionar a Paul. Me voy a casar y tengo que serle fiel. Nick está jugando conmigo, como con todas, pero yo me voy a casar con su hermano, así que tengo que ponerle fin al juego.
¿Qué pensarían mis padres? Ellos quieren que me case con Paul y debo obedecerles, quieren lo mejor para mí. Jamás aprobarían el tatuaje que me he hecho. No sé como he podido hacerlo, ha sido una locura.
Oigo los pasos de Nick dirigiéndose de nuevo hacia el salón, donde estoy sentada. Se para en la puerta y se apoya en el marco para mirarme con una sonrisa burlona. Yo finjo gran interés en el libro aunque no puedo concentrarme lo suficiente para leer lo que pone.
-Está al revés-me dice Nick.
Yo pongo el libro del derecho con fastidio, sin mirarle siquiera. Él se acerca a mí y se sienta enfrente, como antes.
-¿Qué sucede?-me pregunta con el ceño fruncido por la preocupación.
Yo suspiro, cerrando el libro.
-Se acabó el juego, Nick.
En ese momento aparecen mis tios, acompañados por Pau y Estéle en el salón.
-Sentimos el retraso-se disculpa mi tia. Sonríe y se dirije a la cocina.-¿A quién le apetece cenar?
-¿Qué tal el día, cariño?-me pregunta Paul sentándose a mi lado y pasando un brazo por mis hombros. Yo miro a Nick con disimulo, que me mira sin ningún reparo. Finalmente se levanta para salir de la habitación e ir a buscar a Estèle.
Sin querer, Paul toca mi omóplato, provocándome un intenso dolor. Suelto un quejido y él aparta el brazo corriendo.
-¿Te he hecho daño?-me pregunta, preocupado.
-No, esque me he dado un golpe esta mañana-le miento, levantándome del sofá.
Salgo rápido del salón antes de que mis lágrimas delaten que no es un dolor simplemente físico.
Capítulo 19. Pajaritos.
-Buenos días-saluda Nick, sentándose a la mesa.
-Buenos días-le saludamos.
-¿Has dormido bien?-le pregunta Estèle con una sonrisa encantadora.
-Estupendamente-contesta él, mirándome por encima de la mesa. Yo enrojezco violentamente y desvío la mirada hacia mi desayuno. Noto otra mirada clavada en mí y alzo la vista. Paul me mira fijamente mientras se lleva el tenedor a la boca.
Acabamos de desayunar y me dirijo a la terraza de la biblioteca. Me quedo apoyada en la barandilla, viendo como las nubes se mueven con el roce del viento. Oigo como la puerta se cierra a mi espalda y unos pasos se dirigen hacia mí. No me hace falta mirar para saber quién es. La única persona que se dignaría a pisar una estancia con tantos libros y no sentirse abrumado.
-¿Preparada para la segunda parte?-me pregunta Nick en un susurro, apoyándose a mi lado en la barandilla. Nuestros codos están a punto de rozarse, pero apenas un milímetro se interpone entre ellos. Me dan ganas de salvar esa distancia, pero me sonrojo tan solo con la proximidad que mantenemos.
-¿Qué segunda parte?-digo mirando a esos asombrosos ojos verdes. Siento que voy a perder la cabeza de un momento a otro, teniéndole tan cerca. «Y pensar que con un paso podría...» No me atrevo a finalizar la frase.
-La segunda parte de tu vida-me sonríe. Y con su sonrisa noto como si el sol brillase más y el cielo se hubiese vuelto más azul.
-¿En qué consiste?
-En romper las reglas. Nada de acatar órdenes ni hacer lo que deberías. Tan solo sáltate el decoro por una vez.
Eso me hace sonreir.
-Te sigo.
Volvemos a ir en su moto, pero esta vez paramos enfrente de una especie de tienda. Entramos y me doy cuenta de que es una tienda de tatuajes.
-¿Un tatuaje?-le pregunto. Él se encoge de hombros.
-¿Por qué no?
-Es una locura.
-En eso consiste-replica, sonriéndome.
El dependiente, un hombre delgaducho de pelo rubio grasiento y la piel llena de tatuajes, me tiende un cuaderno con diferentes dibujos. Lo hojeo y Nick me pregunta:
-¿Cuál te gusta?
Le señalo uno que consiste en la sombra de tres pequeños pajaritos negros que parece que vuelan.
-¿Dónde?-me pregunta el dependiente, preparando una aguja.
-Aquí-le indico el omóplato derecho, bajándome el tirante de la camiseta y apartándome el pelo.
Nick me da la mano para que se la apriete si me duele. El dependiente empieza y yo aprieto la mandíbula y su mano con fuerza. Él no parece ni notarlo y mira como me hacen el tatuaje.
Cuando volvemos en moto me siento extrañamente liberada, como si desobedecer por una vez en mi vida supusiese un alivio.
Entonces me doy cuenta de porqué he elegido los pajaritos para el tatuaje. Para mí los pájaros siempre han representado la libertad y es una manera de recordarme una vez esté casada, de que una vez fui libre y le di la espalda. De que jamás volaré, que estaré atada y domesticada.
Miro la espalda de la persona que me ha hecho libre y me pregunto cómo podré vivir teniendo como cuñado al hombre que me ha liberado.
Y teniendo como marido a mi carcelero.
-Buenos días-le saludamos.
-¿Has dormido bien?-le pregunta Estèle con una sonrisa encantadora.
-Estupendamente-contesta él, mirándome por encima de la mesa. Yo enrojezco violentamente y desvío la mirada hacia mi desayuno. Noto otra mirada clavada en mí y alzo la vista. Paul me mira fijamente mientras se lleva el tenedor a la boca.
Acabamos de desayunar y me dirijo a la terraza de la biblioteca. Me quedo apoyada en la barandilla, viendo como las nubes se mueven con el roce del viento. Oigo como la puerta se cierra a mi espalda y unos pasos se dirigen hacia mí. No me hace falta mirar para saber quién es. La única persona que se dignaría a pisar una estancia con tantos libros y no sentirse abrumado.
-¿Preparada para la segunda parte?-me pregunta Nick en un susurro, apoyándose a mi lado en la barandilla. Nuestros codos están a punto de rozarse, pero apenas un milímetro se interpone entre ellos. Me dan ganas de salvar esa distancia, pero me sonrojo tan solo con la proximidad que mantenemos.
-¿Qué segunda parte?-digo mirando a esos asombrosos ojos verdes. Siento que voy a perder la cabeza de un momento a otro, teniéndole tan cerca. «Y pensar que con un paso podría...» No me atrevo a finalizar la frase.
-La segunda parte de tu vida-me sonríe. Y con su sonrisa noto como si el sol brillase más y el cielo se hubiese vuelto más azul.
-¿En qué consiste?
-En romper las reglas. Nada de acatar órdenes ni hacer lo que deberías. Tan solo sáltate el decoro por una vez.
Eso me hace sonreir.
-Te sigo.
Volvemos a ir en su moto, pero esta vez paramos enfrente de una especie de tienda. Entramos y me doy cuenta de que es una tienda de tatuajes.
-¿Un tatuaje?-le pregunto. Él se encoge de hombros.
-¿Por qué no?
-Es una locura.
-En eso consiste-replica, sonriéndome.
El dependiente, un hombre delgaducho de pelo rubio grasiento y la piel llena de tatuajes, me tiende un cuaderno con diferentes dibujos. Lo hojeo y Nick me pregunta:
-¿Cuál te gusta?
Le señalo uno que consiste en la sombra de tres pequeños pajaritos negros que parece que vuelan.
-¿Dónde?-me pregunta el dependiente, preparando una aguja.
-Aquí-le indico el omóplato derecho, bajándome el tirante de la camiseta y apartándome el pelo.
Nick me da la mano para que se la apriete si me duele. El dependiente empieza y yo aprieto la mandíbula y su mano con fuerza. Él no parece ni notarlo y mira como me hacen el tatuaje.
Cuando volvemos en moto me siento extrañamente liberada, como si desobedecer por una vez en mi vida supusiese un alivio.
Entonces me doy cuenta de porqué he elegido los pajaritos para el tatuaje. Para mí los pájaros siempre han representado la libertad y es una manera de recordarme una vez esté casada, de que una vez fui libre y le di la espalda. De que jamás volaré, que estaré atada y domesticada.
Miro la espalda de la persona que me ha hecho libre y me pregunto cómo podré vivir teniendo como cuñado al hombre que me ha liberado.
Y teniendo como marido a mi carcelero.
lunes, 13 de junio de 2011
Capítulo 18. El otro lado del mundo.
Nick me conduce al garage de mis tios después de aceptar su apuesta. Pienso demostrarle que llevo la vida que siempre he soñado y no necesito aventuras ni romances.
-¿Qué tienes aquí?-le pregunto. Él enciende todas las luces del garage, dejando ver varios coches pertenecientes a mi tio, uno a Paul que es en el que viajamos el otro día y, al fondo del todo, una moto negra llena de tubos metálicos. Él se dirige directo hacia ella.
-La libertad-me contesta.
Me tiende un casco que yo dudo en coger, y se sube a la moto con decisión y sin ningún tipo de protección. Me señala la parte trasera y me dirige una mirada burlona, retándome a echarme atrás. Yo alzo la barbilla y me coloco el casco, subiéndome a la moto detrás de él. Arranca con un fuerte ruido, haciéndome agarrarme a él y apretarme con fuerza, cerrando los ojos. Él suelta una risa y se pone en marcha hacia la salida del garage.
No abro los ojos hasta un rato después y no me arrepiento. Estamos yendo por la carretera, pasando por un acantilado desde el que se ve el mar rompiendo contra las rocas. El ruido de la moto tapa el sonido del mar, pero no me hace falta escucharlo para admirarlo. El sol se refleja en el agua, como si hubiesen esparcido un bote de purpurina dorada sobre un manto azul ondulante. Mezclándose la calma del mar abierto con la furia del oleaje que rompe contra el acantilado, como si le reprochase que le impidiese el paso hacia la tierra y arremetiese contra él con rencor. Dejo que el aire impregne mi cabello, agitándolo, y el olor a sal sea todo lo que puedo oler.
Pasamos la carretera y llegamos al pueblo. Las calles se abren a nuestro paso y los peatones se giran a mirarnos. Admiro la arquitectura clásica que compone la ciudad y dejo que Nick decida nuestro destino, sin preguntarme siquiera a donde nos dirijimos.
Nos paramos al fin en una calle más oscura por donde no pasan coches.
-¿A dónde vamos?-le pregunto sin poderme contener.
-Voy a enseñarte uno de los mejores sitios de este país-me contesta únicamente.
Nos bajamos de la moto y nos adentramos cada vez más en el callejón. Yo me pego a Nick, con miedo de ver aparecer una rata o algo peor.
Se para delante de una puerta encima de la que pone "Louis Band" y un saxofón que se ilumina al lado. Nick entra sin dudar y yo le sigo, temerosa de quedarme sola en la calle.
El local no es precisamente espacioso ni luminoso. Está todo a oscuras excepto por luces azules y violetas que se mueven por el local. Una banda está situada al fondo del local, sobre un escenario. Tocan a todo volumen "Hit the road Jack", mientras un montón de parejas bailan en el centro de la sala. (click para escuchar). En los bordes del local están dispuestas mesas para que los que no se animan a bailar puedan admirar desde ahí toda la sala. Y justo al lado de la puerta hay una barra con todo tipo de bebidas alcohólicas.
-Apuesto a que jamás has estado en un club nocturno-me dice Nick al oido para hacerse oir sobre el ruido de la música.
-Has acertado-le contesto.
Nick sonríe y me saca a bailar al centro de la pista. Yo no tengo ni idea de como hay que moverse, no solía bailar con este tipo de ritmo en el internado. Pero por suerte Nick es un experto y baila con soltura, recordándome las películas de los 60.
-¿Cómo encontraste este sitio?-le pregunto a Nick mientras bailamos. Él tararea la melodía de la canción en mi oido, pero se detiene para contestar:
-Por casualidad. Me perdí-confiesa.
No estoy acostumbrada a este tipo de lugares y lo cierto es que me arrepiento de no haberlo encontrado antes. Junto a Nick paso una de las veladas más memorables de toda mi vida. Y cuando acaba, me entristezco por no poder quedarme un poco más.
Nos volvemos a subir a la moto y ponemos rumbo a casa de mis tios. El cielo está lleno de estrellas que me miran desde lo alto, haciendo incluso más bonito el paisaje. El mar se ha calmado y yo me siento en una profunda paz, como si el mundo entero se hubiese vuelto más hermoso.
Llegamos a casa y dejamos la moto en el garaje. La casa está silenciosa y tan solo se oyen los grillos del jardín. Vamos de puntillas por las escaleras para no despertar a nadie, pero de repente una puerta se abre y aparece Paul en pijama.
-¿Dónde estabais?-nos interroga. Tiene una sonrisa tirante y no parece de muy buen humor.
-En la ciudad-contesta Nick sin especificar.
-¿Y qué hacíais allí?-Intenta sonar despreocupado, pero un trasfondo en su voz implica algo más.
-Comprar-miento yo rápidamente. No sé porqué pero no quiero que sepa dónde he estado con su hermano.-Quería ver unas decoraciones para la boda y Nick ha tenido la amabilidad de acompañarme.
Paul parece quedarse más tranquilo, pero no le quita ojo a Nick, que le devuelve la mirada imperturbable.
Al final cada uno se va a su cuarto a dormir. Miro el reloj de mi mesita de noche. Es la una de la mañana. Paul no se lo ha creído ni en mis mejores sueños. Pero, ¿por qué me siento tan culpable por haber estado con su hermano? ¿Y por qué no he sido capaz de contarle la verdad?
-¿Qué tienes aquí?-le pregunto. Él enciende todas las luces del garage, dejando ver varios coches pertenecientes a mi tio, uno a Paul que es en el que viajamos el otro día y, al fondo del todo, una moto negra llena de tubos metálicos. Él se dirige directo hacia ella.
-La libertad-me contesta.
Me tiende un casco que yo dudo en coger, y se sube a la moto con decisión y sin ningún tipo de protección. Me señala la parte trasera y me dirige una mirada burlona, retándome a echarme atrás. Yo alzo la barbilla y me coloco el casco, subiéndome a la moto detrás de él. Arranca con un fuerte ruido, haciéndome agarrarme a él y apretarme con fuerza, cerrando los ojos. Él suelta una risa y se pone en marcha hacia la salida del garage.
No abro los ojos hasta un rato después y no me arrepiento. Estamos yendo por la carretera, pasando por un acantilado desde el que se ve el mar rompiendo contra las rocas. El ruido de la moto tapa el sonido del mar, pero no me hace falta escucharlo para admirarlo. El sol se refleja en el agua, como si hubiesen esparcido un bote de purpurina dorada sobre un manto azul ondulante. Mezclándose la calma del mar abierto con la furia del oleaje que rompe contra el acantilado, como si le reprochase que le impidiese el paso hacia la tierra y arremetiese contra él con rencor. Dejo que el aire impregne mi cabello, agitándolo, y el olor a sal sea todo lo que puedo oler.
Pasamos la carretera y llegamos al pueblo. Las calles se abren a nuestro paso y los peatones se giran a mirarnos. Admiro la arquitectura clásica que compone la ciudad y dejo que Nick decida nuestro destino, sin preguntarme siquiera a donde nos dirijimos.
Nos paramos al fin en una calle más oscura por donde no pasan coches.
-¿A dónde vamos?-le pregunto sin poderme contener.
-Voy a enseñarte uno de los mejores sitios de este país-me contesta únicamente.
Nos bajamos de la moto y nos adentramos cada vez más en el callejón. Yo me pego a Nick, con miedo de ver aparecer una rata o algo peor.
Se para delante de una puerta encima de la que pone "Louis Band" y un saxofón que se ilumina al lado. Nick entra sin dudar y yo le sigo, temerosa de quedarme sola en la calle.
El local no es precisamente espacioso ni luminoso. Está todo a oscuras excepto por luces azules y violetas que se mueven por el local. Una banda está situada al fondo del local, sobre un escenario. Tocan a todo volumen "Hit the road Jack", mientras un montón de parejas bailan en el centro de la sala. (click para escuchar). En los bordes del local están dispuestas mesas para que los que no se animan a bailar puedan admirar desde ahí toda la sala. Y justo al lado de la puerta hay una barra con todo tipo de bebidas alcohólicas.
-Apuesto a que jamás has estado en un club nocturno-me dice Nick al oido para hacerse oir sobre el ruido de la música.
-Has acertado-le contesto.
Nick sonríe y me saca a bailar al centro de la pista. Yo no tengo ni idea de como hay que moverse, no solía bailar con este tipo de ritmo en el internado. Pero por suerte Nick es un experto y baila con soltura, recordándome las películas de los 60.
-¿Cómo encontraste este sitio?-le pregunto a Nick mientras bailamos. Él tararea la melodía de la canción en mi oido, pero se detiene para contestar:
-Por casualidad. Me perdí-confiesa.
No estoy acostumbrada a este tipo de lugares y lo cierto es que me arrepiento de no haberlo encontrado antes. Junto a Nick paso una de las veladas más memorables de toda mi vida. Y cuando acaba, me entristezco por no poder quedarme un poco más.
Nos volvemos a subir a la moto y ponemos rumbo a casa de mis tios. El cielo está lleno de estrellas que me miran desde lo alto, haciendo incluso más bonito el paisaje. El mar se ha calmado y yo me siento en una profunda paz, como si el mundo entero se hubiese vuelto más hermoso.
Llegamos a casa y dejamos la moto en el garaje. La casa está silenciosa y tan solo se oyen los grillos del jardín. Vamos de puntillas por las escaleras para no despertar a nadie, pero de repente una puerta se abre y aparece Paul en pijama.
-¿Dónde estabais?-nos interroga. Tiene una sonrisa tirante y no parece de muy buen humor.
-En la ciudad-contesta Nick sin especificar.
-¿Y qué hacíais allí?-Intenta sonar despreocupado, pero un trasfondo en su voz implica algo más.
-Comprar-miento yo rápidamente. No sé porqué pero no quiero que sepa dónde he estado con su hermano.-Quería ver unas decoraciones para la boda y Nick ha tenido la amabilidad de acompañarme.
Paul parece quedarse más tranquilo, pero no le quita ojo a Nick, que le devuelve la mirada imperturbable.
Al final cada uno se va a su cuarto a dormir. Miro el reloj de mi mesita de noche. Es la una de la mañana. Paul no se lo ha creído ni en mis mejores sueños. Pero, ¿por qué me siento tan culpable por haber estado con su hermano? ¿Y por qué no he sido capaz de contarle la verdad?
lunes, 6 de junio de 2011
Capítulo 17. Lord Byron.
-¿Qué lees?-me pregunta Nick, sentándose enfrente de mí. Estoy en un banco en el jardín a la sombra, acompañada tan solo por él y a bastante distancia de otra persona.
Cierro el libro para enseñárselo.
-Lord Byron.
-¿Eres una romántica?-me pregunta hojeando el libro.
-No creo en el amor.
Eso le hace mirarme con curiosidad.
-Yo creí que todas las mujeres buscaban enamorarse.
-Tan solo las insensatas. El amor debilita a la más fuerte y emboba a la más inteligente. No conlleva nada bueno.
-¿No has amado nunca?
-No-le contesto. Luego enrojezco violentamente.-Quiero decir que... tu hermano tiene todo mi afecto y respeto, y...-tartamudeo.
-No te engañes, Brookie-me interrumpe inclinándose hacia mí, con burla.-Ambos sabemos que no amas a mi hermano.
Yo desvío la mirada.
-Pero la cuestión es: ¿piensas pasarte toda tu vida en un matrimonio sin amor?-continúa, volviendo a recostarse en el banco.
-No creo necesario el amor en la vida de una persona.
-Stendhal dijo una vez: "El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más hermosa de la vida".
-Quizá Stendhal era un idealista después de todo.
-¿Y qué hay de malo?
-Hay que tener los pies en la tierra. Y Stendhal debería saberlo mejor que nadie.
-No se puede estar siempre atado al suelo.
-Pero se puede intentar-le replico, agarrando de nuevo mi libro y abriéndolo. Pero él no se siente satisfecho con eso, así que sigue hablándome mientras yo finjo que leo, porque lo cierto es que veo palabras y no las entiendo; solo puedo prestar atención a su voz.
-Si no eres tan romántica, ¿por qué lees libros de amor? Lord Byron, Jane Austen...
-Porque son grandes escritores ingleses y admiro su manera de utilizar las palabras, incluso aunque no comparta sus ideas-acabo cediendo a una respuesta.
-No creo que sea por eso-dice estudiándome. Yo sonrío con ironía.
-Por favor, Nick, ilústrame-le pido.-¿A qué se debe mi lectura de libros?
-A un deseo por conocer en primera persona lo que cuentan esas páginas-me contesta, inclinándose de nuevo hacia mí.
-No tengo ninguna razón para envidiar a las protagonistas de las historias de Jane Austen o a la mujer a la que se dirigen los poemas de Lord Byron. Mi vida ya es como una novela y la considero perfecta.
-Pero eso es sencillamente por tu problema del conformismo. Tiendes a aceptar todo lo que la gente te da sin rechazar nada o pedir más. -Ante mi silencio, sigue preguntando.- ¿Qué es lo que verdaderamente quieres, Brookie?
-Que me dejes leer-le suelto.
-Vaya, Brookie, tu directora no estaría nada contenta ante esa respuesta-se burla.- Debes contestarme.
Cierro el libro, comprendiendo que mientras él esté aquí no voy a conseguir concentrarme en ningún poema.
-¿Por qué debería?
-Porque es lo que haces siempre. Ceder ante cualquier orden, sugerencia o petición.
-¿Si te contesto me dejarás tranquila?-le digo al fin.
-No-me contesta.-Pero al menos te quedarás con la satisfacción de poder alargar esta entretenida conversación-me sonríe. Yo suspiro y respondo:
-Quiero casarme, darle herederos a mi marido y vivir una apacible vida sin sobresaltos.
-No es cierto-me contradice.-Esas son unas ideas muy anticuadas. Y además, no te estoy preguntando qué quieren los demás; te estoy preguntando qué quieres tú.
Yo le miro un largo rato, hasta que él se decide a contestar por mí:
-Quieres vivir, Brookie.
-¿Y qué estoy haciendo sino vivir?
-Me refiero a una vida organizada por ti. Donde tú elijas, donde nada esté planeado, donde el amor existe.
-Eso son solo tonterías-le replico. Entonces se pone de pie y yo albergo la esperanza de que se largue. Pero, sin previo aviso, me tiende una mano diciendo:
-Demuéstramelo.
Cierro el libro para enseñárselo.
-Lord Byron.
-¿Eres una romántica?-me pregunta hojeando el libro.
-No creo en el amor.
Eso le hace mirarme con curiosidad.
-Yo creí que todas las mujeres buscaban enamorarse.
-Tan solo las insensatas. El amor debilita a la más fuerte y emboba a la más inteligente. No conlleva nada bueno.
-¿No has amado nunca?
-No-le contesto. Luego enrojezco violentamente.-Quiero decir que... tu hermano tiene todo mi afecto y respeto, y...-tartamudeo.
-No te engañes, Brookie-me interrumpe inclinándose hacia mí, con burla.-Ambos sabemos que no amas a mi hermano.
Yo desvío la mirada.
-Pero la cuestión es: ¿piensas pasarte toda tu vida en un matrimonio sin amor?-continúa, volviendo a recostarse en el banco.
-No creo necesario el amor en la vida de una persona.
-Stendhal dijo una vez: "El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más hermosa de la vida".
-Quizá Stendhal era un idealista después de todo.
-¿Y qué hay de malo?
-Hay que tener los pies en la tierra. Y Stendhal debería saberlo mejor que nadie.
-No se puede estar siempre atado al suelo.
-Pero se puede intentar-le replico, agarrando de nuevo mi libro y abriéndolo. Pero él no se siente satisfecho con eso, así que sigue hablándome mientras yo finjo que leo, porque lo cierto es que veo palabras y no las entiendo; solo puedo prestar atención a su voz.
-Si no eres tan romántica, ¿por qué lees libros de amor? Lord Byron, Jane Austen...
-Porque son grandes escritores ingleses y admiro su manera de utilizar las palabras, incluso aunque no comparta sus ideas-acabo cediendo a una respuesta.
-No creo que sea por eso-dice estudiándome. Yo sonrío con ironía.
-Por favor, Nick, ilústrame-le pido.-¿A qué se debe mi lectura de libros?
-A un deseo por conocer en primera persona lo que cuentan esas páginas-me contesta, inclinándose de nuevo hacia mí.
-No tengo ninguna razón para envidiar a las protagonistas de las historias de Jane Austen o a la mujer a la que se dirigen los poemas de Lord Byron. Mi vida ya es como una novela y la considero perfecta.
-Pero eso es sencillamente por tu problema del conformismo. Tiendes a aceptar todo lo que la gente te da sin rechazar nada o pedir más. -Ante mi silencio, sigue preguntando.- ¿Qué es lo que verdaderamente quieres, Brookie?
-Que me dejes leer-le suelto.
-Vaya, Brookie, tu directora no estaría nada contenta ante esa respuesta-se burla.- Debes contestarme.
Cierro el libro, comprendiendo que mientras él esté aquí no voy a conseguir concentrarme en ningún poema.
-¿Por qué debería?
-Porque es lo que haces siempre. Ceder ante cualquier orden, sugerencia o petición.
-¿Si te contesto me dejarás tranquila?-le digo al fin.
-No-me contesta.-Pero al menos te quedarás con la satisfacción de poder alargar esta entretenida conversación-me sonríe. Yo suspiro y respondo:
-Quiero casarme, darle herederos a mi marido y vivir una apacible vida sin sobresaltos.
-No es cierto-me contradice.-Esas son unas ideas muy anticuadas. Y además, no te estoy preguntando qué quieren los demás; te estoy preguntando qué quieres tú.
Yo le miro un largo rato, hasta que él se decide a contestar por mí:
-Quieres vivir, Brookie.
-¿Y qué estoy haciendo sino vivir?
-Me refiero a una vida organizada por ti. Donde tú elijas, donde nada esté planeado, donde el amor existe.
-Eso son solo tonterías-le replico. Entonces se pone de pie y yo albergo la esperanza de que se largue. Pero, sin previo aviso, me tiende una mano diciendo:
-Demuéstramelo.
viernes, 3 de junio de 2011
Capítulo 16. Comidas en las que debería estar prohibido mantener conversaciones.
-¿De qué conoces a Estèle, Brooke?-me pregunta mi tio mientras comemos en el jardín. En apenas un día Estèle se ha ganado el aprecio de toda mi familia, incluyendo mis primos, sin apenas esfuerzo.
-Era mi compañera de habitación en el internado-contesto sirviéndome más ensalada.
-¡Qué suerte tienes de conocer gente tan encantadora!-dice mi tia.-Primero Nick y ahora Estèle. Debes de haberte relacionado con una gente estupenda en el internado.
-Sin duda-digo yo poniendo fin a la conversación. Pero Estèle no parece satisfecha con la conclusión y se siente obligada a dar su, interesantísima a ojos de mis tios, opinión.
-Bueno, Brooke se relacionaba más con gente estudiosa y aplicada aunque algo...-finge no encontrar la palabra y dice:-sosa. Como aquella chica que compartía cuarto con nosotras, Mandy. Era tan seria y poco dada a hablar...-dice poniendo los ojos en blanco.
Eso me parece el colmo, pero me niego a que se note mi irritación. Miro a Nick, sentado en la otra punta de la mesa, que me mira riéndose. Sabe que estoy a punto de empezar a soltar insensateces y a perder mis nervios, y eso le divierte.
-Mandy era muy inteligente y una de las personas con la conversación más interesante. Y, desde luego, no se puede decir en absoluto que fuese sosa. La seriedad y falta de habla es sencillamente timidez, algo que padecen muchas personas en el mundo-defiendo a mi mejor amiga.
Mis tios me miran y cambian rápidamente de conversación antes de que se me agote la cortesía.
-¿Pertenecías al equipo de tenis?-pregunta mi tio a Estèle.-Según tengo entendido Brooke era la capitana.
-Debo admitir que no soy una entusiasta de los deportes-dice como si se disculpase. Me dan ganas de decirla que se está quedando corta. En el internado nos despreciaba a Mandy y a mí por practicar deporte, diciendo que a ella no le hacía falta ponerse a correr como un animal, ya que tenía un mínimo de "elegancia".
-Una pena-interviene por fin Nick, abriendo la boca por primera vez en toda la comida.-Con una capitana como Brooke y una persona con tanto talento en prácticamente cualquier cosa, hubieses ganado el torneo nacional sin necesidad de presentaros.
-Aunque al final Brooke no fue rival para ti-dice mi tia. Muy bien, echa vinagre a la herida.
-¿Dónde aprendiste a jugar así?-le pregunto.
-Nuestro padre era un gran aficionado del tenis-dice, mirando a Paul. Él alza la vista pero no dice nada.-Me enseñó cuando tenía solo cinco años y desde entonces no he parado de jugar.
-¿También aprendiste tú, Paul?-me dirijo ahora a él. Paul sonríe de nuevo como si se disculpase y dice:
-Me gusta más estar entre el público.
-Una lástima-interviene Estèle. Si sigue sintiendo que ya no es el centro de la conversación, revienta.-Haríais una pareja encantadora de tenistas-se ríe.
Acabamos la comida entre miradas burlonas de Nick y flirteos entre él y Estèle. Paul se enzarza en una interesante discusión sobre historia, pero cuando empiezan a hablar mi tio y él de gente que conocen los dos, me retiro a mi cuarto a descansar.
Me tumbo en la cama, pensando en todos los detalles que hay que planificar. La boda se celebrará en dos meses en Inglaterra, y tengo la esperanza de ver entonces a mis padres. Aunque no me hago demasiadas ilusiones, porque siempre acabo decepcionada.
Oigo la risa de Estèle y la suave voz de Nick al otro lado de la pared. Me tapo los oidos con la almohada para no escucharles. Pero no porque me molesten, sino porque no hay día que pase que escuche esa voz y no desee ser a quien se dirije.
-Era mi compañera de habitación en el internado-contesto sirviéndome más ensalada.
-¡Qué suerte tienes de conocer gente tan encantadora!-dice mi tia.-Primero Nick y ahora Estèle. Debes de haberte relacionado con una gente estupenda en el internado.
-Sin duda-digo yo poniendo fin a la conversación. Pero Estèle no parece satisfecha con la conclusión y se siente obligada a dar su, interesantísima a ojos de mis tios, opinión.
-Bueno, Brooke se relacionaba más con gente estudiosa y aplicada aunque algo...-finge no encontrar la palabra y dice:-sosa. Como aquella chica que compartía cuarto con nosotras, Mandy. Era tan seria y poco dada a hablar...-dice poniendo los ojos en blanco.
Eso me parece el colmo, pero me niego a que se note mi irritación. Miro a Nick, sentado en la otra punta de la mesa, que me mira riéndose. Sabe que estoy a punto de empezar a soltar insensateces y a perder mis nervios, y eso le divierte.
-Mandy era muy inteligente y una de las personas con la conversación más interesante. Y, desde luego, no se puede decir en absoluto que fuese sosa. La seriedad y falta de habla es sencillamente timidez, algo que padecen muchas personas en el mundo-defiendo a mi mejor amiga.
Mis tios me miran y cambian rápidamente de conversación antes de que se me agote la cortesía.
-¿Pertenecías al equipo de tenis?-pregunta mi tio a Estèle.-Según tengo entendido Brooke era la capitana.
-Debo admitir que no soy una entusiasta de los deportes-dice como si se disculpase. Me dan ganas de decirla que se está quedando corta. En el internado nos despreciaba a Mandy y a mí por practicar deporte, diciendo que a ella no le hacía falta ponerse a correr como un animal, ya que tenía un mínimo de "elegancia".
-Una pena-interviene por fin Nick, abriendo la boca por primera vez en toda la comida.-Con una capitana como Brooke y una persona con tanto talento en prácticamente cualquier cosa, hubieses ganado el torneo nacional sin necesidad de presentaros.
-Aunque al final Brooke no fue rival para ti-dice mi tia. Muy bien, echa vinagre a la herida.
-¿Dónde aprendiste a jugar así?-le pregunto.
-Nuestro padre era un gran aficionado del tenis-dice, mirando a Paul. Él alza la vista pero no dice nada.-Me enseñó cuando tenía solo cinco años y desde entonces no he parado de jugar.
-¿También aprendiste tú, Paul?-me dirijo ahora a él. Paul sonríe de nuevo como si se disculpase y dice:
-Me gusta más estar entre el público.
-Una lástima-interviene Estèle. Si sigue sintiendo que ya no es el centro de la conversación, revienta.-Haríais una pareja encantadora de tenistas-se ríe.
Acabamos la comida entre miradas burlonas de Nick y flirteos entre él y Estèle. Paul se enzarza en una interesante discusión sobre historia, pero cuando empiezan a hablar mi tio y él de gente que conocen los dos, me retiro a mi cuarto a descansar.
Me tumbo en la cama, pensando en todos los detalles que hay que planificar. La boda se celebrará en dos meses en Inglaterra, y tengo la esperanza de ver entonces a mis padres. Aunque no me hago demasiadas ilusiones, porque siempre acabo decepcionada.
Oigo la risa de Estèle y la suave voz de Nick al otro lado de la pared. Me tapo los oidos con la almohada para no escucharles. Pero no porque me molesten, sino porque no hay día que pase que escuche esa voz y no desee ser a quien se dirije.
martes, 31 de mayo de 2011
Capítulo 15. Estèle vuelve.
-¡Brooke!-exclama Estèle al subirse al coche, metiéndose entre Nick y yo.-¿Qué haces aquí?
-Es la misma pregunta que iba a hacerte yo-la sonrío. Antes de que me dé tiempo a decir nada, se fija en el anillo nuevo que luzco, y su boca forma una "o" sorprendida.
-¡Estás prometida!-grita. Siempre fue muy perspicaz. Observa mi anillo de compromiso fijándose en cualquier detalle. Estèle siempre ha sido una experta en anillos y, en general, en cosas caras.
-Yo hubiese elegido uno con un buen pedrusco, que se notase bien-dice soltando mi mano y encogiéndose de hombros. Se abrocha el cinturón y mi tio pone el motor en marcha, rumbo a casa de nuevo. Voy todo el trayecto mirando por la ventana, pero no se me pasa desapercibido el brazo que le pasa Nick a Estèle por los hombros, ni como se recuesta ella en su hombro. Me repito que no me importa y sigo admirando los paisajes que vamos dejando atrás.
Llegamos por fin a casa y corro a refugiarme en mi cuarto. Ni siquiera la biblioteca es un lugar seguro ahora que Nick pasa tiempo allí también.
Me tumbo en la cama mientras oigo como Estèle se instala en la habitación de al lado, con lo que mi habitación es la única que la separa de estar contigua a Nick.
Media hora después, Estèle se asoma por mi puerta como si estuviese en su propia casa; sin llamar ni nada. Yo sigo tirada en la cama, pero tengo que incorporarme ante la presencia de mi antigua compañera de cuarto.
-Brooke, ¿estás prometida con Paul?-me dice. Yo asiento y ataco con otra pregunta.
-¿Dónde está Fred?
Ella se tira en mi cama con un bufido, como si ese fuese su cuarto. No ha cambiado nada.
-Era un idiota. Y cuando el colegio acabó dejó de servirme para nada, así que le dejé.
Tan manipuladora... Estèle no había madurado en absoluto.
-Pero no importa-continúa con una sonrisa.-Ahora tengo a Nick que es el triple de hombre.
"Si tú supieras...", pienso.
-¿Cuándo empezasteis a salir?-Lo cierto es que no quiero saberlo, pero mi lado masoquista me obliga a preguntar.
-Cuando tú nos pillaste hubo algo, pero comenzó de verdad al día siguiente.
Es decir, antes de que yo pillase a Nick con la chica del servicio. Y antes de que Nick me besase en la biblioteca. Eso consigue hacerme sonrojar, lo que provoca que Estèle me pregunte más por Paul, pensando que es el causante de mi rubor.
-Mis padres me prometieron con él-la confieso.
-¿Y tú estás de acuerdo?-me pregunta, más por encontrar una actitud rebelde dentro de mí que por verdadero interés en mi opinión.
-Por supuesto. No debe ser malo si mis padres así lo han decidido-me encojo de hombros.
Entonces es cuando Estèle suelta la frase que más temo.
-Brooke, sé que no nos llevábamos demasiado bien en el colegio, pero hemos hemos tenido la suerte de coincidir aquí y somos las únicas muchachas de la casa. (Más jóvenes que tu tia pero más maduras que tus primas). Por ello debemos aliarnos para ayudarnos a conquistar a los hombres.-Me da un repaso de arriba a abajo, pasando por mi vestido verde que me llega casi a las rodillas.-Y como aliada aquí va mi primer consejo: quema ese vestido.
Menudo verano me espera.
-Es la misma pregunta que iba a hacerte yo-la sonrío. Antes de que me dé tiempo a decir nada, se fija en el anillo nuevo que luzco, y su boca forma una "o" sorprendida.
-¡Estás prometida!-grita. Siempre fue muy perspicaz. Observa mi anillo de compromiso fijándose en cualquier detalle. Estèle siempre ha sido una experta en anillos y, en general, en cosas caras.
-Yo hubiese elegido uno con un buen pedrusco, que se notase bien-dice soltando mi mano y encogiéndose de hombros. Se abrocha el cinturón y mi tio pone el motor en marcha, rumbo a casa de nuevo. Voy todo el trayecto mirando por la ventana, pero no se me pasa desapercibido el brazo que le pasa Nick a Estèle por los hombros, ni como se recuesta ella en su hombro. Me repito que no me importa y sigo admirando los paisajes que vamos dejando atrás.
Llegamos por fin a casa y corro a refugiarme en mi cuarto. Ni siquiera la biblioteca es un lugar seguro ahora que Nick pasa tiempo allí también.
Me tumbo en la cama mientras oigo como Estèle se instala en la habitación de al lado, con lo que mi habitación es la única que la separa de estar contigua a Nick.
Media hora después, Estèle se asoma por mi puerta como si estuviese en su propia casa; sin llamar ni nada. Yo sigo tirada en la cama, pero tengo que incorporarme ante la presencia de mi antigua compañera de cuarto.
-Brooke, ¿estás prometida con Paul?-me dice. Yo asiento y ataco con otra pregunta.
-¿Dónde está Fred?
Ella se tira en mi cama con un bufido, como si ese fuese su cuarto. No ha cambiado nada.
-Era un idiota. Y cuando el colegio acabó dejó de servirme para nada, así que le dejé.
Tan manipuladora... Estèle no había madurado en absoluto.
-Pero no importa-continúa con una sonrisa.-Ahora tengo a Nick que es el triple de hombre.
"Si tú supieras...", pienso.
-¿Cuándo empezasteis a salir?-Lo cierto es que no quiero saberlo, pero mi lado masoquista me obliga a preguntar.
-Cuando tú nos pillaste hubo algo, pero comenzó de verdad al día siguiente.
Es decir, antes de que yo pillase a Nick con la chica del servicio. Y antes de que Nick me besase en la biblioteca. Eso consigue hacerme sonrojar, lo que provoca que Estèle me pregunte más por Paul, pensando que es el causante de mi rubor.
-Mis padres me prometieron con él-la confieso.
-¿Y tú estás de acuerdo?-me pregunta, más por encontrar una actitud rebelde dentro de mí que por verdadero interés en mi opinión.
-Por supuesto. No debe ser malo si mis padres así lo han decidido-me encojo de hombros.
Entonces es cuando Estèle suelta la frase que más temo.
-Brooke, sé que no nos llevábamos demasiado bien en el colegio, pero hemos hemos tenido la suerte de coincidir aquí y somos las únicas muchachas de la casa. (Más jóvenes que tu tia pero más maduras que tus primas). Por ello debemos aliarnos para ayudarnos a conquistar a los hombres.-Me da un repaso de arriba a abajo, pasando por mi vestido verde que me llega casi a las rodillas.-Y como aliada aquí va mi primer consejo: quema ese vestido.
Menudo verano me espera.
Capítulo 14. El anillo.
-Vamos a ir a la ciudad a elegir tu anillo de compromiso-me dice mi tia. Estamos sentadas a solas en el jardín tomando tranquilamente una taza de té. Mi tio revisa cómo va el vino, mientras mis primos juegan al escondite. Paul estás sentado más allá jugando al ajedrez con Nick. Y, por su cara de desesperación, parece que va perdiendo.
-¿Vendrá Paul?-la pregunto dando un sorbo a mi taza.
-Por supuesto. Y Nick también nos acompañará.
Esa noticia me congela la sangre. Desde el beso de ayer no hemos vuelto a tener contacto y yo estoy bastante contenta. En realidad no sé como reaccionar. Después de todo es el contacto más íntimo que he tenido con un hombre en toda mi vida y lo considero bastante importante.
-Brooke, ¿estás arreglada?-me pregunta Paul, viniendo a mi lado. Pero yo solo veo a Nick, que se acerca por detrás.
-Claro-contesto.
-¿Qué tal encontraste la biblioteca?-le pregunta mi tia a Nick. Sus ojos brillan cuando me mira, y yo bajo la cabeza.
-Interesante-contesta.
-Brooke la adora. ¿Verdad, Brooke?-me pregunta mi tia. Yo asiento, y contesto mirando a la mesa.
-Pocos pasatiempos son más interesantes que la lectura. Y casi ninguno tan enriquecedor.
-¿Tú lees, Paul?-pregunta mi tia.
-Por desgracia no dispongo de mucho tiempo para ello-farfulla mirándome como si me pidiese disculpas.-No soy tan aficionado como mi hermano.
-Es hora de irnos-dice mi tio, llegando a nuestro lado. Nos levantamos de la mesa y nos dirigimos al coche de Paul. Éste se monta en el asiento del conductor y mi tia en el del copiloto. Mi tio se sienta detrás, en el asiento de la derecha, dejándome a mí en medio y a Nick a mi izquierda. Mi tio es tan grande que no hay ningún momento en todo el viaje que no esté en contacto físico con Nick, lo que me hace sonrojarme violentamente. Pero él parece divertirse sobremanera.
Llegamos por fin a la tienda después de media hora de duro viaje. Entramos en una joyería muy lujosa en el centro de la ciudad, llena de escaparates con bonitas joyas por todas partes.
-¿Alguna preferencia, señorita?-me dice un amable dependiente con una sonrisa. Yo observo todos los anillos sin saber cuál escoger.
-Tan solo que sea discreto.
Pero mi tia ya se encarga de todo. Adora elegir las joyas, los vestidos y los adornos en cualquier acontecimiento. Y yo la estoy dando la alegría de su vida al permitirla organizar mi boda. Y yo estoy muy feliz con su alegría. Como bien me dijo Nick, soy complaciente. ¿Y qué hay de malo? Hago feliz a mucha gente. Ojalá él hiciese lo mismo conmigo, dejándome en paz.
Me tienden un fino anillo de oro blanco con diminutos diamantes azul oscuro alrededor de él. Es fino, discreto y elegante.
-Justo como tú-me susurra Nick al pasar a mi lado, de modo que nadie lo oye. Como si pudiese leerme el pensamiento.
Nos dirijimos de nuevo al coche, sin mi tia que se queda haciendo unas compras en la ciudad. Mi tio se pasa al asiento del copiloto, y nos deja atrás a Nick y a mí, que nos ponemos cada uno en un extremo. Él me mira con burla, retándome a acercarme. Yo le devuelvo la mirada con frialdad, sin moverme un ápice.
Pero en vez de girar a la derecha en una curva, torcemos a la izquierda. No me extraña tanto, hasta que llegamos al aeropuerto. Yo miro por la ventana con curiosidad, preguntándome qué hacemos aquí.
-¿Qué hacemos aquí?-pregunto.
-Recoger a la novia de Nick-contesta mi tio, bajándose del coche para recoger las maletas de una chica que espera en la acera. Lleva un vestido negro de alta costura y unos tacones altos a juego, que sostienen sus kilométricas piernas. Un sombrero del mismo color la cubre la cabeza, y unas gafas de sol oscuras cubren sus ojos. Alarga una mano para quitarse el sombrero y las gafas, dejando al descubierto un rostro conocido de sobra.
-Bienvenida a Francia, señorita...-comienza mi tio, pero se para al no recordar su nombre.
-Estèle-dice ella.-Llámeme solo Estèle.
-¿Vendrá Paul?-la pregunto dando un sorbo a mi taza.
-Por supuesto. Y Nick también nos acompañará.
Esa noticia me congela la sangre. Desde el beso de ayer no hemos vuelto a tener contacto y yo estoy bastante contenta. En realidad no sé como reaccionar. Después de todo es el contacto más íntimo que he tenido con un hombre en toda mi vida y lo considero bastante importante.
-Brooke, ¿estás arreglada?-me pregunta Paul, viniendo a mi lado. Pero yo solo veo a Nick, que se acerca por detrás.
-Claro-contesto.
-¿Qué tal encontraste la biblioteca?-le pregunta mi tia a Nick. Sus ojos brillan cuando me mira, y yo bajo la cabeza.
-Interesante-contesta.
-Brooke la adora. ¿Verdad, Brooke?-me pregunta mi tia. Yo asiento, y contesto mirando a la mesa.
-Pocos pasatiempos son más interesantes que la lectura. Y casi ninguno tan enriquecedor.
-¿Tú lees, Paul?-pregunta mi tia.
-Por desgracia no dispongo de mucho tiempo para ello-farfulla mirándome como si me pidiese disculpas.-No soy tan aficionado como mi hermano.
-Es hora de irnos-dice mi tio, llegando a nuestro lado. Nos levantamos de la mesa y nos dirigimos al coche de Paul. Éste se monta en el asiento del conductor y mi tia en el del copiloto. Mi tio se sienta detrás, en el asiento de la derecha, dejándome a mí en medio y a Nick a mi izquierda. Mi tio es tan grande que no hay ningún momento en todo el viaje que no esté en contacto físico con Nick, lo que me hace sonrojarme violentamente. Pero él parece divertirse sobremanera.
Llegamos por fin a la tienda después de media hora de duro viaje. Entramos en una joyería muy lujosa en el centro de la ciudad, llena de escaparates con bonitas joyas por todas partes.
-¿Alguna preferencia, señorita?-me dice un amable dependiente con una sonrisa. Yo observo todos los anillos sin saber cuál escoger.
-Tan solo que sea discreto.
Pero mi tia ya se encarga de todo. Adora elegir las joyas, los vestidos y los adornos en cualquier acontecimiento. Y yo la estoy dando la alegría de su vida al permitirla organizar mi boda. Y yo estoy muy feliz con su alegría. Como bien me dijo Nick, soy complaciente. ¿Y qué hay de malo? Hago feliz a mucha gente. Ojalá él hiciese lo mismo conmigo, dejándome en paz.
Me tienden un fino anillo de oro blanco con diminutos diamantes azul oscuro alrededor de él. Es fino, discreto y elegante.
-Justo como tú-me susurra Nick al pasar a mi lado, de modo que nadie lo oye. Como si pudiese leerme el pensamiento.
Nos dirijimos de nuevo al coche, sin mi tia que se queda haciendo unas compras en la ciudad. Mi tio se pasa al asiento del copiloto, y nos deja atrás a Nick y a mí, que nos ponemos cada uno en un extremo. Él me mira con burla, retándome a acercarme. Yo le devuelvo la mirada con frialdad, sin moverme un ápice.
Pero en vez de girar a la derecha en una curva, torcemos a la izquierda. No me extraña tanto, hasta que llegamos al aeropuerto. Yo miro por la ventana con curiosidad, preguntándome qué hacemos aquí.
-¿Qué hacemos aquí?-pregunto.
-Recoger a la novia de Nick-contesta mi tio, bajándose del coche para recoger las maletas de una chica que espera en la acera. Lleva un vestido negro de alta costura y unos tacones altos a juego, que sostienen sus kilométricas piernas. Un sombrero del mismo color la cubre la cabeza, y unas gafas de sol oscuras cubren sus ojos. Alarga una mano para quitarse el sombrero y las gafas, dejando al descubierto un rostro conocido de sobra.
-Bienvenida a Francia, señorita...-comienza mi tio, pero se para al no recordar su nombre.
-Estèle-dice ella.-Llámeme solo Estèle.
Capítulo 13. El partido.
El partido es largo y duro. Tengo que dar mi máximo en todo momento y acabo totalmente destrozada. Me había equivocado con Nick. Le había considerado indigno de ser mi rival y casi soy yo la que no se puede comparar con él. Acabo jadeando y él fresco y tranquilo, como si no le costase nada. Y, por si fuera poco, acabo perdiendo. Aunque en mi defensa diré que por poco.
Nick se acerca a mí cuando el partido ya ha acabado y me tiende la mano:
-Bien jugado, Brookie.
-No lo suficiente-contesto. Lo cierto es que estoy bastante decepcionada conmigo misma. He ganado un torneo nacional y no soy capaz de ganar un simple partido. Es culpa suya, que me desconcentra.
Paul aplaude en todo momento desde el banco que se encuentra al lado de la pista. Me da ánimos que ni siquiera escucho y anima también a su hermano, aunque éste parece no necesitarlos. Mis tios están a su lado. Mi tia con una sombrilla y su marido de pie a su lado, observándolo todo con interés. Mis primos corren de un lado a otro chillando y moviéndose sin parar.
Me dirijo a mi habitación a ducharme cuando acabamos. El sol es abrasador y el calor me agobia.
-Brooke, ¡ven a jugar con nosotros!-me grita Tim. Yo le prometo que luego y me voy directa a la ducha.
El agua fría alivia el sofocón y me hace pensar con más claridad. Recordemos la última noticia: estoy prometida con un hombre al que acabo de conocer y cuyo hermano me saca de mis casillas.
Salgo de la ducha y me visto con un ligero vestido azul claro, que deja pasar el aire y no me da tanto calor. Y así, con el pelo mojado, me voy a la biblioteca.
En cuanto entro vienen a mi cabeza todas las tardes escondida entre las altas estanterías de roble, y los voluminosos libros llenos de aventuras, romances, historias y finales. Cojo uno de ellos, el más usado por mí. "Orgullo y prejuicio". Todos los veranos lo leo, es uno de mis favoritos. Abro la primera página y comienzo desde el principio, que casi me sé de memoria. Pero cuando no voy ni por la segundo página una risa me interrumpe. Alzo la cabeza y avanzo entre las estanterías para descubrir al intruso, que no es otro que Nick, sentado en una silla y leyendo algo. Alza la cabeza para mirarme y me dice:
-Vaya, eras todo un cerebrito con ocho años-se burla. Miro sus manos y me encuentro con que está leyendo mi diario.
-¿No te dije que me lo devolvieses?-le digo intentando quitárselo. Pero él es más rápido y lo cierra, moviéndolo para que yo no lo alcance y poniéndose de pie.
-Y yo te dije que primero lo acabaría. Tu vida es tremendamente interesante-se burla.-¡Quién iba a decir que con ocho años ya sabrías dividir!-ironiza. Recuerdo que en mi diario puse todo lo que había aprendido ese año con orgullo. Solo tenía ocho años, ¿qué iba a poner?
Intento agarrar de nuevo el diario pero él lo coloca por encima de su cabeza, estirando el brazo. Salto y no lo consigo alcanzar.
-Devuélvemelo-le ordeno.
-¿Así sin más?-me pregunta.-¿Cuál es la gracia?
-Es mi diario. No tiene ninguna-digo con frialdad. Él chasquea la lengua, decepcionado.
-¿Y tus modales, Brookie? Tienes que dejármelo o acabarás con tu papel de niña buena y complaciente-se burla de nuevo.
-No tengo ningún interés en complacerte-le suelto.
-¡Claro que sí!-se rie.-No te sientes completa si no eres útil para alguien. Dejas que los demás te utilicen porque te niegas a ser dueña de tu vida. ¿Qué vas a hacer, Brookie? ¿Dejar que te dirijan toda tu vida?
-Mi diario-le pido de nuevo, apretando los dientes. No voy a dejar que me arrastre de nuevo a una pelea.
-De acuerdo-accede al fin. Baja la mano con el diario y yo alargo la mano para cogerlo. Pero en el último momento lo aparta, escondiéndolo detrás de su espalda. Acerca su cara a la mía, de modo que puedo ver con toda claridad sus preciosos ojos verdes.-Dame un beso.
Esa frase me choca tanto que me cuesta un minuto reaccionar.
-Estoy prometida con tu hermano-tartamudeo. Él vuelve a chasquear la lengua con disgusto.
-Siempre se me olvida ese detalle.
Y me besa. Me pilla completamente por sorpresa y dejo que una su boca a la mía en un rápido beso en el que no me da tiempo ni a pensar.
Se aparta igual de rápido que se ha acercado y se da la vuelta. Sale por la puerta, dejando mi diario encima del sofá con suavidad. Yo le miro marcharse sin ser capaz de decir nada.
Nick se acerca a mí cuando el partido ya ha acabado y me tiende la mano:
-Bien jugado, Brookie.
-No lo suficiente-contesto. Lo cierto es que estoy bastante decepcionada conmigo misma. He ganado un torneo nacional y no soy capaz de ganar un simple partido. Es culpa suya, que me desconcentra.
Paul aplaude en todo momento desde el banco que se encuentra al lado de la pista. Me da ánimos que ni siquiera escucho y anima también a su hermano, aunque éste parece no necesitarlos. Mis tios están a su lado. Mi tia con una sombrilla y su marido de pie a su lado, observándolo todo con interés. Mis primos corren de un lado a otro chillando y moviéndose sin parar.
Me dirijo a mi habitación a ducharme cuando acabamos. El sol es abrasador y el calor me agobia.
-Brooke, ¡ven a jugar con nosotros!-me grita Tim. Yo le prometo que luego y me voy directa a la ducha.
El agua fría alivia el sofocón y me hace pensar con más claridad. Recordemos la última noticia: estoy prometida con un hombre al que acabo de conocer y cuyo hermano me saca de mis casillas.
Salgo de la ducha y me visto con un ligero vestido azul claro, que deja pasar el aire y no me da tanto calor. Y así, con el pelo mojado, me voy a la biblioteca.
En cuanto entro vienen a mi cabeza todas las tardes escondida entre las altas estanterías de roble, y los voluminosos libros llenos de aventuras, romances, historias y finales. Cojo uno de ellos, el más usado por mí. "Orgullo y prejuicio". Todos los veranos lo leo, es uno de mis favoritos. Abro la primera página y comienzo desde el principio, que casi me sé de memoria. Pero cuando no voy ni por la segundo página una risa me interrumpe. Alzo la cabeza y avanzo entre las estanterías para descubrir al intruso, que no es otro que Nick, sentado en una silla y leyendo algo. Alza la cabeza para mirarme y me dice:
-Vaya, eras todo un cerebrito con ocho años-se burla. Miro sus manos y me encuentro con que está leyendo mi diario.
-¿No te dije que me lo devolvieses?-le digo intentando quitárselo. Pero él es más rápido y lo cierra, moviéndolo para que yo no lo alcance y poniéndose de pie.
-Y yo te dije que primero lo acabaría. Tu vida es tremendamente interesante-se burla.-¡Quién iba a decir que con ocho años ya sabrías dividir!-ironiza. Recuerdo que en mi diario puse todo lo que había aprendido ese año con orgullo. Solo tenía ocho años, ¿qué iba a poner?
Intento agarrar de nuevo el diario pero él lo coloca por encima de su cabeza, estirando el brazo. Salto y no lo consigo alcanzar.
-Devuélvemelo-le ordeno.
-¿Así sin más?-me pregunta.-¿Cuál es la gracia?
-Es mi diario. No tiene ninguna-digo con frialdad. Él chasquea la lengua, decepcionado.
-¿Y tus modales, Brookie? Tienes que dejármelo o acabarás con tu papel de niña buena y complaciente-se burla de nuevo.
-No tengo ningún interés en complacerte-le suelto.
-¡Claro que sí!-se rie.-No te sientes completa si no eres útil para alguien. Dejas que los demás te utilicen porque te niegas a ser dueña de tu vida. ¿Qué vas a hacer, Brookie? ¿Dejar que te dirijan toda tu vida?
-Mi diario-le pido de nuevo, apretando los dientes. No voy a dejar que me arrastre de nuevo a una pelea.
-De acuerdo-accede al fin. Baja la mano con el diario y yo alargo la mano para cogerlo. Pero en el último momento lo aparta, escondiéndolo detrás de su espalda. Acerca su cara a la mía, de modo que puedo ver con toda claridad sus preciosos ojos verdes.-Dame un beso.
Esa frase me choca tanto que me cuesta un minuto reaccionar.
-Estoy prometida con tu hermano-tartamudeo. Él vuelve a chasquear la lengua con disgusto.
-Siempre se me olvida ese detalle.
Y me besa. Me pilla completamente por sorpresa y dejo que una su boca a la mía en un rápido beso en el que no me da tiempo ni a pensar.
Se aparta igual de rápido que se ha acercado y se da la vuelta. Sale por la puerta, dejando mi diario encima del sofá con suavidad. Yo le miro marcharse sin ser capaz de decir nada.
domingo, 29 de mayo de 2011
Capítulo 12. Prometida.
Me visto con una falda corta y blanca de tenis para el partido y un polo del mismo color. Me recojo el pelo en una coleta y salgo por la puerta, con la raqueta en la mano. En el pasillo me encuentro a un despreocupado Nick todavía en vaqueros.
-¿Has decidido rendirte?-me burlo esta vez yo.-Lo comprendería perfectamente.
Él me mira y sonríe.
-Siento de verdad que seas tan masoquista-me replica. Frunzo el ceño sin comprender.-No entiendo por qué quieres que te humille delante de toda tu familia-acaba, y con esas palabras y una sonrisa se mete en su cuarto.
Me ha vuelto a dejar sin palabras. Esto ya es algo personal.
Me dirijo a la cancha con despreocupación, cuando me alcanzan mis tios.
-Brooke, tenemos que hablar contigo-me miran con seriedad. Cuando les digo que sigan, me sueltan:-¿No te has preguntado qué relación guardamos con Nick y Paul?
-He dado por hecho que eran vuestros amigos o hijos de amigos-contesto sin comprender a donde quieren llegar.
-No les conocíamos de nada, pero al parecer tus padres sí.
Esa frase me congela la sangre. Soy incapaz de reaccionar. Mis padres...
-Esperan que, de algún modo, consigas sentir cierto afecto hacia Paul.-Se miran entre ellos antes de soltarme la bomba:- te han prometido con él.
¿"Prometido"? ¿En qué siglo estamos que ni siquiera se me permite elegir a mi marido?¡Acabo de cumplir la mayoría de edad! ¿Acaso no puedo decidir yo?
-¿Y Nick?-Tan solo puedo pensar en él.
-Viene a acompañar a su hermano.
Yo me quedo mirando el suelo sin verlo siquiera. No puede ser real. No veo a mis padres desde que tenía tres años y se creen con derecho a decirme con quién debo casarme. Por el amor de Dios, ¡esto es el siglo XXI! Yo debería decidir quién será mi marido.
Después de la rabia inicial y el rechazo hacia mis progenitores aparece todo lo que he aprendido en la escuela. Siempre he sido una persona complaciente y he aprendido en el St. Michel que tengo que hacer lo que mis padres me ordenan, que es por algo.
-De acuerdo-acepto al fin con la cabeza gacha.-Me casaré con él-miro a mis tios, que esperan una actitud rebelde por mi parte, propia de una adolescente llena de hormonas. Pero yo jamás me he podido permitir tener rabietas o ser inconformista.-¿Sabe él que estamos prometidos?
Mis tios asienten.
-Y ha aceptado gustoso.
Doy por finalizada la conversación y me dirijo a las pistas, donde me espera Nick con una raqueta en la mano, apoyado en la verja con despreocupación, y Paul a su lado, hablando con él muy interesado. Nick parece no escucharle, pero le veo asentir de vez en cuando.
-¿Listos?-les pregunto. Miro a Paul y le veo con otros ojos. La vida a su lado no será desgradable. Es atractivo, amable y educado. Luego miro a Nick y soy incapaz de imaginarlo como mi cuñado. Jugando con nuestros hijos o cenando en alguna reunión familiar.
Pero hay algo mucho peor de lo que tardo en darme cuenta. He tenido toda mi vida planeada. Jamás he vivido locamente, y lo más cerca que he estado de ello ha sido con la llegada de Nick. He estado toda mi vida cubierta con un disfraz que él se ha encargado de romper, haciéndome perder los papeles. Y ahora estoy prometida con su hermano y en la línea de salida para continuar con otra vida planeada, perfecta y sin sobresaltos, tranquila y rutinaria. Y ya no hay vuelta atrás. Con esto he perdido definitivamente la oportunidad de vivir aventuras, sin planes, sin decoro y sin limitaciones. Y sin amor. Porque de pequeña, mientras todas las niñas soñaban con príncipes y dragones, piratas y tesoros, yo soñaba solo con unos padres y una vida de verdad.
Paul va a ser la cárcel definitiva y yo me estoy entregando voluntariamente a una vida sin sentimientos.
-¿Has decidido rendirte?-me burlo esta vez yo.-Lo comprendería perfectamente.
Él me mira y sonríe.
-Siento de verdad que seas tan masoquista-me replica. Frunzo el ceño sin comprender.-No entiendo por qué quieres que te humille delante de toda tu familia-acaba, y con esas palabras y una sonrisa se mete en su cuarto.
Me ha vuelto a dejar sin palabras. Esto ya es algo personal.
Me dirijo a la cancha con despreocupación, cuando me alcanzan mis tios.
-Brooke, tenemos que hablar contigo-me miran con seriedad. Cuando les digo que sigan, me sueltan:-¿No te has preguntado qué relación guardamos con Nick y Paul?
-He dado por hecho que eran vuestros amigos o hijos de amigos-contesto sin comprender a donde quieren llegar.
-No les conocíamos de nada, pero al parecer tus padres sí.
Esa frase me congela la sangre. Soy incapaz de reaccionar. Mis padres...
-Esperan que, de algún modo, consigas sentir cierto afecto hacia Paul.-Se miran entre ellos antes de soltarme la bomba:- te han prometido con él.
¿"Prometido"? ¿En qué siglo estamos que ni siquiera se me permite elegir a mi marido?¡Acabo de cumplir la mayoría de edad! ¿Acaso no puedo decidir yo?
-¿Y Nick?-Tan solo puedo pensar en él.
-Viene a acompañar a su hermano.
Yo me quedo mirando el suelo sin verlo siquiera. No puede ser real. No veo a mis padres desde que tenía tres años y se creen con derecho a decirme con quién debo casarme. Por el amor de Dios, ¡esto es el siglo XXI! Yo debería decidir quién será mi marido.
Después de la rabia inicial y el rechazo hacia mis progenitores aparece todo lo que he aprendido en la escuela. Siempre he sido una persona complaciente y he aprendido en el St. Michel que tengo que hacer lo que mis padres me ordenan, que es por algo.
-De acuerdo-acepto al fin con la cabeza gacha.-Me casaré con él-miro a mis tios, que esperan una actitud rebelde por mi parte, propia de una adolescente llena de hormonas. Pero yo jamás me he podido permitir tener rabietas o ser inconformista.-¿Sabe él que estamos prometidos?
Mis tios asienten.
-Y ha aceptado gustoso.
Doy por finalizada la conversación y me dirijo a las pistas, donde me espera Nick con una raqueta en la mano, apoyado en la verja con despreocupación, y Paul a su lado, hablando con él muy interesado. Nick parece no escucharle, pero le veo asentir de vez en cuando.
-¿Listos?-les pregunto. Miro a Paul y le veo con otros ojos. La vida a su lado no será desgradable. Es atractivo, amable y educado. Luego miro a Nick y soy incapaz de imaginarlo como mi cuñado. Jugando con nuestros hijos o cenando en alguna reunión familiar.
Pero hay algo mucho peor de lo que tardo en darme cuenta. He tenido toda mi vida planeada. Jamás he vivido locamente, y lo más cerca que he estado de ello ha sido con la llegada de Nick. He estado toda mi vida cubierta con un disfraz que él se ha encargado de romper, haciéndome perder los papeles. Y ahora estoy prometida con su hermano y en la línea de salida para continuar con otra vida planeada, perfecta y sin sobresaltos, tranquila y rutinaria. Y ya no hay vuelta atrás. Con esto he perdido definitivamente la oportunidad de vivir aventuras, sin planes, sin decoro y sin limitaciones. Y sin amor. Porque de pequeña, mientras todas las niñas soñaban con príncipes y dragones, piratas y tesoros, yo soñaba solo con unos padres y una vida de verdad.
Paul va a ser la cárcel definitiva y yo me estoy entregando voluntariamente a una vida sin sentimientos.
jueves, 26 de mayo de 2011
Capítulo 11. Reto.
Se acerca a mí, apretándome contra la mesa de la cocina. Tengo su cara a pocos centímetros de la mía y me cuesta concentrarme en dónde estoy y de lo que estoy hablando. De repente, con una media sonrisa llena de burla, echa una mano por detrás de mí. El corazón me empieza a latir a mil por hora, a punto de salirse de mi pecho, pensando que me va a besar.
Pero en el último momento se aparta, y aparece con una bandeja en la mano.
-¿Ya te habías olvidado de a qué hemos venido?-se burla. Y con eso, sale por la puerta de la cocina hacia el jardín, dejándome con las ganas y con cara de idiota. Le sigo al jardín, recomponiéndome como puedo. Nos sentamos en la mesa, donde nos espera la mejor selección de vinos de mi tio, una ensalada, pollo al horno con salsa de naranja y de postre choucrotte de manzana.
Comemos apaciblemente el primer plato mientras me preguntan sobre mis estudios.
-Todo va muy bien, tengo una media de sobresaliente y no he bajado en ningún examen del nueve-les informo. Nick no puede evitar burlarse.
-Deben estar ustedes muy orgullosos de su sobrina-les dice a mis tios, pero mirándome a mí. Me meto un poco de ensalada a la boca, para callar las palabras que vienen de ella.
-Lo estamos, por supuesto-dice mi tia, apretándome el hombro. ¿Estarían mis padres tan orgullosos?
-Según he oido es la capitana del equipo de tenis y ganaron la copa nacional-continúa él.
-¡Vaya!-se asombran mis tios.-¡Es fantástico!
-Por no mencionar todas sus matrículas de honor y que es la delegada del colegio y jefa del comité-añade.-Su directora estaba muy orgullosa y estuvo relatándome toda su vida-aclara.
-Es una gran estudiante-sonríe mi tio. Yo miro en todo momento a Nick, que se empeña en hacerme el tema principal de la cena. No sé qué se propone con eso, pero es hora de que cambien las tornas.
-Vaya, precisamente la directora del internado alababa tu gran conocimiento del mundo. Te ruego les expliques a mis tios tus interesantísimos viajes-le digo. Nick parece divertirse aún más con nuestra encubierta pelea.
-Son tan solo visitas de turismo sin gran misterio-le quita importancia.-Sin embargo, yo estoy deseando saber cómo fue el partido de la final. Debió de resultar muy duro con tanta presión-deduce.-Aunque, por supuesto, el tenis ya no tiene ningún secreto para mí.
-Podríais jugar al tenis en las pistas de atrás de la casa-nos ofrece mi tia.-Tu tio y yo disfrutaríamos muchísimo viéndoos jugar-me dice. Yo no puedo sino aceptar, con el único fin de complacer a mis tios.
Nick y yo intercambiamos una mirada por encima de la mesa, retándonos. Me va a poner a prueba y lo sé. Pero va a ser pan comido. Le sonrío con suficiencia y me dirijo a su hermano, que sigue comiendo sin enterarse de nada.
-Paul, ¿vendrás a vernos jugar?
-Por supuesto. No disfruto con nada tanto como con un buen partido. Y estoy seguro de que es usted una gran jugadora de tenis.
-No me trate de usted, se lo ruego-le digo, sacando todo mi encanto. Para que Nick vea que si soy desagradable con él es porque se lo ha buscado y no porque sea mi naturaleza.-Y debo admitir que la victoria del equipo de tenis no fue gracias a mí, sino a las excelentes jugadoras con las que contaba el colegio-añado con modestia.-No se hagan demasiadas ilusiones, porque sentiré echarlas por los suelos.
-Estoy seguro de que entretenido será cuánto menos-dice Nick, masajeándose la barbilla, pensativo. Y no quiero saber en qué está pensando.
Pero en el último momento se aparta, y aparece con una bandeja en la mano.
-¿Ya te habías olvidado de a qué hemos venido?-se burla. Y con eso, sale por la puerta de la cocina hacia el jardín, dejándome con las ganas y con cara de idiota. Le sigo al jardín, recomponiéndome como puedo. Nos sentamos en la mesa, donde nos espera la mejor selección de vinos de mi tio, una ensalada, pollo al horno con salsa de naranja y de postre choucrotte de manzana.
Comemos apaciblemente el primer plato mientras me preguntan sobre mis estudios.
-Todo va muy bien, tengo una media de sobresaliente y no he bajado en ningún examen del nueve-les informo. Nick no puede evitar burlarse.
-Deben estar ustedes muy orgullosos de su sobrina-les dice a mis tios, pero mirándome a mí. Me meto un poco de ensalada a la boca, para callar las palabras que vienen de ella.
-Lo estamos, por supuesto-dice mi tia, apretándome el hombro. ¿Estarían mis padres tan orgullosos?
-Según he oido es la capitana del equipo de tenis y ganaron la copa nacional-continúa él.
-¡Vaya!-se asombran mis tios.-¡Es fantástico!
-Por no mencionar todas sus matrículas de honor y que es la delegada del colegio y jefa del comité-añade.-Su directora estaba muy orgullosa y estuvo relatándome toda su vida-aclara.
-Es una gran estudiante-sonríe mi tio. Yo miro en todo momento a Nick, que se empeña en hacerme el tema principal de la cena. No sé qué se propone con eso, pero es hora de que cambien las tornas.
-Vaya, precisamente la directora del internado alababa tu gran conocimiento del mundo. Te ruego les expliques a mis tios tus interesantísimos viajes-le digo. Nick parece divertirse aún más con nuestra encubierta pelea.
-Son tan solo visitas de turismo sin gran misterio-le quita importancia.-Sin embargo, yo estoy deseando saber cómo fue el partido de la final. Debió de resultar muy duro con tanta presión-deduce.-Aunque, por supuesto, el tenis ya no tiene ningún secreto para mí.
-Podríais jugar al tenis en las pistas de atrás de la casa-nos ofrece mi tia.-Tu tio y yo disfrutaríamos muchísimo viéndoos jugar-me dice. Yo no puedo sino aceptar, con el único fin de complacer a mis tios.
Nick y yo intercambiamos una mirada por encima de la mesa, retándonos. Me va a poner a prueba y lo sé. Pero va a ser pan comido. Le sonrío con suficiencia y me dirijo a su hermano, que sigue comiendo sin enterarse de nada.
-Paul, ¿vendrás a vernos jugar?
-Por supuesto. No disfruto con nada tanto como con un buen partido. Y estoy seguro de que es usted una gran jugadora de tenis.
-No me trate de usted, se lo ruego-le digo, sacando todo mi encanto. Para que Nick vea que si soy desagradable con él es porque se lo ha buscado y no porque sea mi naturaleza.-Y debo admitir que la victoria del equipo de tenis no fue gracias a mí, sino a las excelentes jugadoras con las que contaba el colegio-añado con modestia.-No se hagan demasiadas ilusiones, porque sentiré echarlas por los suelos.
-Estoy seguro de que entretenido será cuánto menos-dice Nick, masajeándose la barbilla, pensativo. Y no quiero saber en qué está pensando.
Capítulo 10. Paul.
-¿Nick?-pregunto sin acabar de creérmelo. No puede ser, mi pesadilla ha vuelto. Ahora entiendo porqué mi habitación está ocupada.
-¡Brookie!-dice con alegría burlona.
-¿Os conocéis?-pregunta el otro hombre. Aunque este sí que es desconocido del todo.
-Tuve el placer de conocerla en el colegio que me acogió cuando me perdí en Inglaterra-explica Nick.
-Brooke, este es Paul-nos presenta mi tia.
-Soy su hermano-me explica, tendiéndome la mano con una sonrisa. Se parecen un poco, pero mientras que Nick es arrolladoramente encantador, Paul es más sencillo y no tiene el enorme atractivo de su hermano, aunque es guapo de otra manera. Es castaño, también, pero tiene los ojos almendrados sin el rastro de burla que parece caracterizar a Nick.
Mis primos, que lo han observado todo, se acercan por fin a mí para saludarme. Primero el mayor de todos, Tim, que tiene 14 años y es el más inteligente. Es rubio con los ojos verdes y le apasionan los ordenadores y las ciencias. Cuando era más pequeño siempre me suplicaba que le llevase a cazar mariposa al campo que hay al lado de la casa.
Luego viene la más pequeña, Meryl, con 7 años. Es rubia con mechones castaños y extremadamente tímida. Viene corriendo y me da un abrazo. Fui la que la enseñó la película de la Sirenita y desde entonces me tiene mucho cariño. Al parecer se tira los dias cantando las canciones de la película y volviendo locos a todos.
Y por último la mediana, Anna, de 10 años. Es a la que más me costó ganarme. Pero cuando tenía 8 años la llevé a la playa para enseñarla a nadar, y aprendió a confiar más en mí, aunque no del todo.
-¿Así que estuviste en el colegio de Brooke?-le pregunta mi tia a Nick agarrándole del brazo y llevándoselo a la mesa donde vamos a comer. Todos la siguen y acaban dejándome a mí sola con Paul, ante lo que mi tia parece bastante complacida.
-¿En qué internado estudias?-inicia él la conversación mientras les seguimos a la mesa.
-Estudiaba en el St. Michel, en Inglaterra, pero este era mi último año.
Nick nos mira desde la mesa, con burla. Yo le devuelvo la mirada, sin acobardarme.
-Brooke, ¿podrías traer la bandeja que hay en la cocina?-me pregunta mi tia. ¿Para qué quiere que la traiga yo si Marita, la sirvienta, puede hacerlo? De todos modos, sigo la orden de mi tia y me dirijo a la cocina. Paul hace amago de levantarse para acompañarme, para gran placer de mi tia y algo mio, pero Nick se adelanta.
-Ya te acompaño yo-se ofrece, satisfecho de haber destrozado de antemano mi corto paseo con su agradable hermano. No digo nada, en un alarde de buenos modales y gran autocontrol. Nos dirijimos a la cocina y yo deseo no tener ninguna conversación. Pero Nick parece disfrutar toturándome, así que dice:
-Una casa preciosa.
-Espero que la disfrutes, ya que has ocupado mi habitación-contesto yo, dejándolo caer con frialdad.
-¿Era tuya?-se rie él.-Me extrañó el diario que encontré, pero no le di importancia.
Entonces lo recuerdo.Tengo un diario desde hace diez años que escribo tan solo durante el verano, ya que lo escondo siempre en Provenza y no me lo llevo al internado.
-No lo habrás leido...-digo perdiendo al compostura. Ese cuaderno contiene cosas realmente vergonzosas.
Nick asiente con burla. Ya estamos en la cocina, pero no quiero irme antes de zanjar el tema.
-Tan solo las tres primeras hojas. Por desgracia, me quedé dormido. Aunque no quiero decir que sea aburrido, no me malinterpretes. En absoluto. Es incluso más interesante que el libro que me estaba leyendo.-Tiene una amplia sonrisa que le ilumina la cara aún más que de costumbre. Se está riendo de mí sin ninguna contemplación. Pero es cierto lo que dice: se ha empezado a leer mi diario y tengo que recuperarlo antes de que vea algo realmente terrible.
-Lo quiero de vuelta-le informo.
-Te lo devolveré cuando lo acabe. Estoy disfrutando mucho.
-No recuerdo haberte dado permiso para leerlo-le replico.
-¿Cómo te iba a pedir permiso? Ni siquiera sabía que era tuyo. Aunque ahora que reconozco a la autora va a ser incluso más interesante.
-Dudo que sea mínimamente entretenido para un hombre de mundo como tú. Debe resultar como una historia dentro de otras muchas y, por supuesto, nada comparable a la tuya-intento ganármelo con educación para que me lo devuelva.
-Si no me dignase a conocer vidas menos interesantes que la mía conocería muy pocas-se jacta con media sonrisa. Le doy una patada a mis modales poniendo los ojos en blanco.
-Tanto alarde resulta insostenible.
-Muchos consideran la sinceridad una cualidad.
-Y la vanidad un defecto-le replico.
Entonces ocurre la única cosa que jamás pensé que sucedería.
-¡Brookie!-dice con alegría burlona.
-¿Os conocéis?-pregunta el otro hombre. Aunque este sí que es desconocido del todo.
-Tuve el placer de conocerla en el colegio que me acogió cuando me perdí en Inglaterra-explica Nick.
-Brooke, este es Paul-nos presenta mi tia.
-Soy su hermano-me explica, tendiéndome la mano con una sonrisa. Se parecen un poco, pero mientras que Nick es arrolladoramente encantador, Paul es más sencillo y no tiene el enorme atractivo de su hermano, aunque es guapo de otra manera. Es castaño, también, pero tiene los ojos almendrados sin el rastro de burla que parece caracterizar a Nick.
Mis primos, que lo han observado todo, se acercan por fin a mí para saludarme. Primero el mayor de todos, Tim, que tiene 14 años y es el más inteligente. Es rubio con los ojos verdes y le apasionan los ordenadores y las ciencias. Cuando era más pequeño siempre me suplicaba que le llevase a cazar mariposa al campo que hay al lado de la casa.
Luego viene la más pequeña, Meryl, con 7 años. Es rubia con mechones castaños y extremadamente tímida. Viene corriendo y me da un abrazo. Fui la que la enseñó la película de la Sirenita y desde entonces me tiene mucho cariño. Al parecer se tira los dias cantando las canciones de la película y volviendo locos a todos.
Y por último la mediana, Anna, de 10 años. Es a la que más me costó ganarme. Pero cuando tenía 8 años la llevé a la playa para enseñarla a nadar, y aprendió a confiar más en mí, aunque no del todo.
-¿Así que estuviste en el colegio de Brooke?-le pregunta mi tia a Nick agarrándole del brazo y llevándoselo a la mesa donde vamos a comer. Todos la siguen y acaban dejándome a mí sola con Paul, ante lo que mi tia parece bastante complacida.
-¿En qué internado estudias?-inicia él la conversación mientras les seguimos a la mesa.
-Estudiaba en el St. Michel, en Inglaterra, pero este era mi último año.
Nick nos mira desde la mesa, con burla. Yo le devuelvo la mirada, sin acobardarme.
-Brooke, ¿podrías traer la bandeja que hay en la cocina?-me pregunta mi tia. ¿Para qué quiere que la traiga yo si Marita, la sirvienta, puede hacerlo? De todos modos, sigo la orden de mi tia y me dirijo a la cocina. Paul hace amago de levantarse para acompañarme, para gran placer de mi tia y algo mio, pero Nick se adelanta.
-Ya te acompaño yo-se ofrece, satisfecho de haber destrozado de antemano mi corto paseo con su agradable hermano. No digo nada, en un alarde de buenos modales y gran autocontrol. Nos dirijimos a la cocina y yo deseo no tener ninguna conversación. Pero Nick parece disfrutar toturándome, así que dice:
-Una casa preciosa.
-Espero que la disfrutes, ya que has ocupado mi habitación-contesto yo, dejándolo caer con frialdad.
-¿Era tuya?-se rie él.-Me extrañó el diario que encontré, pero no le di importancia.
Entonces lo recuerdo.Tengo un diario desde hace diez años que escribo tan solo durante el verano, ya que lo escondo siempre en Provenza y no me lo llevo al internado.
-No lo habrás leido...-digo perdiendo al compostura. Ese cuaderno contiene cosas realmente vergonzosas.
Nick asiente con burla. Ya estamos en la cocina, pero no quiero irme antes de zanjar el tema.
-Tan solo las tres primeras hojas. Por desgracia, me quedé dormido. Aunque no quiero decir que sea aburrido, no me malinterpretes. En absoluto. Es incluso más interesante que el libro que me estaba leyendo.-Tiene una amplia sonrisa que le ilumina la cara aún más que de costumbre. Se está riendo de mí sin ninguna contemplación. Pero es cierto lo que dice: se ha empezado a leer mi diario y tengo que recuperarlo antes de que vea algo realmente terrible.
-Lo quiero de vuelta-le informo.
-Te lo devolveré cuando lo acabe. Estoy disfrutando mucho.
-No recuerdo haberte dado permiso para leerlo-le replico.
-¿Cómo te iba a pedir permiso? Ni siquiera sabía que era tuyo. Aunque ahora que reconozco a la autora va a ser incluso más interesante.
-Dudo que sea mínimamente entretenido para un hombre de mundo como tú. Debe resultar como una historia dentro de otras muchas y, por supuesto, nada comparable a la tuya-intento ganármelo con educación para que me lo devuelva.
-Si no me dignase a conocer vidas menos interesantes que la mía conocería muy pocas-se jacta con media sonrisa. Le doy una patada a mis modales poniendo los ojos en blanco.
-Tanto alarde resulta insostenible.
-Muchos consideran la sinceridad una cualidad.
-Y la vanidad un defecto-le replico.
Entonces ocurre la única cosa que jamás pensé que sucedería.
Capítulo 9. La sorpresa en Provenza.
«Brooke» pone en el cartel que lleva el chófer que ha de recogerme a la salida del aeropuerto. Me dirijo a él con una sonrisa. Es un hombre mayor con un traje pulcro negro. Tiene la mirada perdida en el techo y casi me asusta que sea él el que coja el volante.
-Soy yo-le digo y me meto en la limusina que me conducirá hasta la casa de mis tios.
El viaje se me pasa volando, pensando en la sorpresa que me aguarda allí. La casa está a las afueras de la ciudad. Se encuentra en medio de un enorme viñedo que pertenece a la familia y que era el sueño de mi tio, que es un gran aficionado al buen vino. Es una enorme construcción de ladrillo rojo, luminosa y decorada con un gusto muy clásico propio de mi tia. Hay una habitación por cada miembro de la familia y el servicio, y por lo menos cinco de invitados. Cada una, por supuesto, con su respectivo baño.
Está dividida en tres pisos: el primero, con un gran salón donde mi tio cuelga a veces cabezas disecadas de animales que él mismo ha disecado y que yo no puedo decir que me agraden, una cocina donde trajina la cocinera y un enorme comedor preparado para más de 30 comensales; el segundo, donde se encuentran todas las habitaciones, incluida una sala de billar y otra de vinos; y el tercero, mi parte favorita de la casa. Nadie suele subir allí excepto, de vez en cuando, el servicio. Es una gran azotea cubierta por una zona y con un balcón por la otra, separadas ambas partes por un ventanal. En la habitación tan solo hay un sillón y montones de libros. Es como la biblioteca de la casa. Por suerte, ni mis primos ni mis tios son muy aficionados a la lectura, lo que me deja la parte superior de la casa para mí sola. Allí suelo pasar la mayoría del tiempo leyendo, en la parte cubierta si hace malo, y tomando el sol si hace bueno.
Cuando llego ninguno de mis tios se encuentra allí, así que me dirijo al cuarto que ocupo todos los veranos y me dispongo a organizar mis cosas. Pero al abrir el armario me encuentro con un montón de ropa de hombre ocupándolo. Abro los cajones y sucede lo mismo. Debe ser que mi primo ha decidido instalarse en mi habitación, aunque es demasiado grande para ser suya. Resignada, me dirijo con mi maleta a una de las habitaciones de invitados, que se encuentra contigua a mi antigua habitación, y me pongo a deshacer mis maletas.
No tengo tantas cosas. Solamente llevo toda mi ropa, que no es demasiada, papel y libros, para escribir y leer, mi neceser y algunos recuerdos de Inglaterra, como una estatuilla del Big Ben.
Al sacar los libros recuerdo a Mandy y a todas las personas del internado a las que prometí escribir. Se me antoja extraño haber vivido toda mi vida con ellas y ahora, de repente, no volverlas a ver. Pero no me apetece ponerme nostálgica, así que sigo ordenando mis cosas.
A la hora de comer, oigo voces en el pasillo de mi habitación y salgo para saludar y avisar de que ya he llegado. Además, quiero preguntar por mi habitación. Me encuentro a mi tio y a mi tia que me reciben con entusiasmo. Después de preguntarme por los estudios, mi salud y otras cosas ordinarias, me dicen que les acompañe al jardín, que tienen algo que enseñarme. La sorpresa, supongo.
Los jardines, perfectamente cuidados, están llenos de flores y frutos. Al fondo, un techo redondo sostenido por columnas blancas, alberga a un grupo de personas sentadas en sillas de madera.
Cuando llegamos allí, me doy cuenta de que hay dos personas más aparte de mis primos, dos hombres.
Pero, cuando se giran, toda mi ilusión desaparece.
-Brooke, este es Nick-nos presenta mi tia.
-Soy yo-le digo y me meto en la limusina que me conducirá hasta la casa de mis tios.
El viaje se me pasa volando, pensando en la sorpresa que me aguarda allí. La casa está a las afueras de la ciudad. Se encuentra en medio de un enorme viñedo que pertenece a la familia y que era el sueño de mi tio, que es un gran aficionado al buen vino. Es una enorme construcción de ladrillo rojo, luminosa y decorada con un gusto muy clásico propio de mi tia. Hay una habitación por cada miembro de la familia y el servicio, y por lo menos cinco de invitados. Cada una, por supuesto, con su respectivo baño.
Está dividida en tres pisos: el primero, con un gran salón donde mi tio cuelga a veces cabezas disecadas de animales que él mismo ha disecado y que yo no puedo decir que me agraden, una cocina donde trajina la cocinera y un enorme comedor preparado para más de 30 comensales; el segundo, donde se encuentran todas las habitaciones, incluida una sala de billar y otra de vinos; y el tercero, mi parte favorita de la casa. Nadie suele subir allí excepto, de vez en cuando, el servicio. Es una gran azotea cubierta por una zona y con un balcón por la otra, separadas ambas partes por un ventanal. En la habitación tan solo hay un sillón y montones de libros. Es como la biblioteca de la casa. Por suerte, ni mis primos ni mis tios son muy aficionados a la lectura, lo que me deja la parte superior de la casa para mí sola. Allí suelo pasar la mayoría del tiempo leyendo, en la parte cubierta si hace malo, y tomando el sol si hace bueno.
Cuando llego ninguno de mis tios se encuentra allí, así que me dirijo al cuarto que ocupo todos los veranos y me dispongo a organizar mis cosas. Pero al abrir el armario me encuentro con un montón de ropa de hombre ocupándolo. Abro los cajones y sucede lo mismo. Debe ser que mi primo ha decidido instalarse en mi habitación, aunque es demasiado grande para ser suya. Resignada, me dirijo con mi maleta a una de las habitaciones de invitados, que se encuentra contigua a mi antigua habitación, y me pongo a deshacer mis maletas.
No tengo tantas cosas. Solamente llevo toda mi ropa, que no es demasiada, papel y libros, para escribir y leer, mi neceser y algunos recuerdos de Inglaterra, como una estatuilla del Big Ben.
Al sacar los libros recuerdo a Mandy y a todas las personas del internado a las que prometí escribir. Se me antoja extraño haber vivido toda mi vida con ellas y ahora, de repente, no volverlas a ver. Pero no me apetece ponerme nostálgica, así que sigo ordenando mis cosas.
A la hora de comer, oigo voces en el pasillo de mi habitación y salgo para saludar y avisar de que ya he llegado. Además, quiero preguntar por mi habitación. Me encuentro a mi tio y a mi tia que me reciben con entusiasmo. Después de preguntarme por los estudios, mi salud y otras cosas ordinarias, me dicen que les acompañe al jardín, que tienen algo que enseñarme. La sorpresa, supongo.
Los jardines, perfectamente cuidados, están llenos de flores y frutos. Al fondo, un techo redondo sostenido por columnas blancas, alberga a un grupo de personas sentadas en sillas de madera.
Cuando llegamos allí, me doy cuenta de que hay dos personas más aparte de mis primos, dos hombres.
Pero, cuando se giran, toda mi ilusión desaparece.
-Brooke, este es Nick-nos presenta mi tia.
martes, 24 de mayo de 2011
Capítulo 8. La carta.
Tacho otro día en el calendario. Por fin. Ya estamos a viernes.
Una sonrisa vuelve a iluminarme la cara mientras salgo de la habitación para irme a desayunar.
Paso por mi escritorio a coger un libro y de encima se cae al suelo una carta. Me agacho a cogerla y veo que es para mí. Debe de ser de mis tios. Pero una rápida ojeada al remitente me descubre que no es de ellos, sino de mis padres.
El corazón me empieza a latir con fuerza dentro del pecho. ¿Por qué me han escrito después de tantos años sin dar señal de vida? La abro con manos temblorosas, temiendo lo que me pueda encontrar dentro.
Cuando tenía tres años mis padres me dejaron en este internado y no vinieron jamás a recogerme. El único medio para saber que existían era la suma de dinero que proporcionaban al colegio. Yo me esforcé en los estudios, los deportes y todas las actividades posibles, pensando que a lo mejor así se sentirían orgullosos y vendrían a por mí. Pero a mis diecisiete años lo más cercano que he tenido jamás a ellos han sido mis tios. La hermana de mi madre me acoje todos los veranos en Provenza junto a su marido y sus hijos pequeños. Y este verano, como todos, volveré a pasarlo con ellos antes de ir a la universidad.
Extiendo la carta ante mis ojos y comienzo a leer:
Estimada Brooke:
Esperamos que hayas pasado un fantástico último año en el internado St. Michel. Tus tios esperan verte este verano en Provenza, como siempre, aunque nosotros no podremos ir. Cuestiones de trabajo.
Aún así, te enviamos dinero adjunto a la carta para que puedas pagarte un viaje con todas las comodidades, y tengas algo para gastarte en Francia.
No olvides tus modales en Provenza, pues una sorpresa te aguarda.
Con nuestros mejores deseos,
Lorraine y Michael.
Escueta, fria y concisa. Parece una carta formal dirigida a una empresa más que a tu añorada hija a la que no ves desde hace catorce años. ¿"Estimada hija"? ¿No eran capaces ni de poner "querida hija"?
Ni siquiera iba a verles ese año tampoco. Miro la dirección del remitente pero solo salen sus nombres. Ni una calle, ni un número, ni una ciudad... No podré contestarles.
Y, ¿a qué viene ese misterio de la "sorpresa"? Mis tios seguramente lo sabrán, pero no quiero telefonear a otro país para semejante chorrada.
Salgo de mi cuarto dejándome la sonrisa dentro y me dirijo a desayunar sin ninguna prisa.
Pero la directora, de nuevo, me atrapa para que vaya a decirle a Nick que su taxi le espera fuera. Subo las escaleras con desgana. No me apetece volver a verle después de nuestro último encuentro, cuando le pillé con Estèle.
Llamo, como siempre, con los nudillos y esperó a que responda.
Me abre la puerta después de un eterno minuto de pisadas frenéticas detrás de la puerta. Me imagino a Estèle escondiéndose pensando que la que llama a la puerta es la directora. Al fin, Nick me abre la puerta con aire tranquilo.
-Tu taxi te espera-le digo. Y voy a irme, cuando oigo el ruido de alguien golpeándose contra la mesa en el interior de la habitación. Ese alguien suelta un agudo grito de dolor, que no identifico como la voz de Estèle. Una chica aparece frotándose la cabeza. Cuando se da la vuelta puedo reconocerla como una de las ayudantes de la cocinera. Es bastante mona, morena y con los ojos castaños, que me miran asustados.
-Por favor, señorita, no diga nada-me suplica.
-Me estoy cansando de cubrir tus fechorías-le digo a Nick, que permanece despreocupado.-Creo que olvidas los sentimientos de Estèle.
-Estèle tiene novio-me recuerda.
Yo alzo las manos, dándome por derrotada, y camino hacia el comedor.
Por fin, mis problemas se van.
Una sonrisa vuelve a iluminarme la cara mientras salgo de la habitación para irme a desayunar.
Paso por mi escritorio a coger un libro y de encima se cae al suelo una carta. Me agacho a cogerla y veo que es para mí. Debe de ser de mis tios. Pero una rápida ojeada al remitente me descubre que no es de ellos, sino de mis padres.
El corazón me empieza a latir con fuerza dentro del pecho. ¿Por qué me han escrito después de tantos años sin dar señal de vida? La abro con manos temblorosas, temiendo lo que me pueda encontrar dentro.
Cuando tenía tres años mis padres me dejaron en este internado y no vinieron jamás a recogerme. El único medio para saber que existían era la suma de dinero que proporcionaban al colegio. Yo me esforcé en los estudios, los deportes y todas las actividades posibles, pensando que a lo mejor así se sentirían orgullosos y vendrían a por mí. Pero a mis diecisiete años lo más cercano que he tenido jamás a ellos han sido mis tios. La hermana de mi madre me acoje todos los veranos en Provenza junto a su marido y sus hijos pequeños. Y este verano, como todos, volveré a pasarlo con ellos antes de ir a la universidad.
Extiendo la carta ante mis ojos y comienzo a leer:
Estimada Brooke:
Esperamos que hayas pasado un fantástico último año en el internado St. Michel. Tus tios esperan verte este verano en Provenza, como siempre, aunque nosotros no podremos ir. Cuestiones de trabajo.
Aún así, te enviamos dinero adjunto a la carta para que puedas pagarte un viaje con todas las comodidades, y tengas algo para gastarte en Francia.
No olvides tus modales en Provenza, pues una sorpresa te aguarda.
Con nuestros mejores deseos,
Lorraine y Michael.
Escueta, fria y concisa. Parece una carta formal dirigida a una empresa más que a tu añorada hija a la que no ves desde hace catorce años. ¿"Estimada hija"? ¿No eran capaces ni de poner "querida hija"?
Ni siquiera iba a verles ese año tampoco. Miro la dirección del remitente pero solo salen sus nombres. Ni una calle, ni un número, ni una ciudad... No podré contestarles.
Y, ¿a qué viene ese misterio de la "sorpresa"? Mis tios seguramente lo sabrán, pero no quiero telefonear a otro país para semejante chorrada.
Salgo de mi cuarto dejándome la sonrisa dentro y me dirijo a desayunar sin ninguna prisa.
Pero la directora, de nuevo, me atrapa para que vaya a decirle a Nick que su taxi le espera fuera. Subo las escaleras con desgana. No me apetece volver a verle después de nuestro último encuentro, cuando le pillé con Estèle.
Llamo, como siempre, con los nudillos y esperó a que responda.
Me abre la puerta después de un eterno minuto de pisadas frenéticas detrás de la puerta. Me imagino a Estèle escondiéndose pensando que la que llama a la puerta es la directora. Al fin, Nick me abre la puerta con aire tranquilo.
-Tu taxi te espera-le digo. Y voy a irme, cuando oigo el ruido de alguien golpeándose contra la mesa en el interior de la habitación. Ese alguien suelta un agudo grito de dolor, que no identifico como la voz de Estèle. Una chica aparece frotándose la cabeza. Cuando se da la vuelta puedo reconocerla como una de las ayudantes de la cocinera. Es bastante mona, morena y con los ojos castaños, que me miran asustados.
-Por favor, señorita, no diga nada-me suplica.
-Me estoy cansando de cubrir tus fechorías-le digo a Nick, que permanece despreocupado.-Creo que olvidas los sentimientos de Estèle.
-Estèle tiene novio-me recuerda.
Yo alzo las manos, dándome por derrotada, y camino hacia el comedor.
Por fin, mis problemas se van.
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