-Vamos a ir a la ciudad a elegir tu anillo de compromiso-me dice mi tia. Estamos sentadas a solas en el jardín tomando tranquilamente una taza de té. Mi tio revisa cómo va el vino, mientras mis primos juegan al escondite. Paul estás sentado más allá jugando al ajedrez con Nick. Y, por su cara de desesperación, parece que va perdiendo.
-¿Vendrá Paul?-la pregunto dando un sorbo a mi taza.
-Por supuesto. Y Nick también nos acompañará.
Esa noticia me congela la sangre. Desde el beso de ayer no hemos vuelto a tener contacto y yo estoy bastante contenta. En realidad no sé como reaccionar. Después de todo es el contacto más íntimo que he tenido con un hombre en toda mi vida y lo considero bastante importante.
-Brooke, ¿estás arreglada?-me pregunta Paul, viniendo a mi lado. Pero yo solo veo a Nick, que se acerca por detrás.
-Claro-contesto.
-¿Qué tal encontraste la biblioteca?-le pregunta mi tia a Nick. Sus ojos brillan cuando me mira, y yo bajo la cabeza.
-Interesante-contesta.
-Brooke la adora. ¿Verdad, Brooke?-me pregunta mi tia. Yo asiento, y contesto mirando a la mesa.
-Pocos pasatiempos son más interesantes que la lectura. Y casi ninguno tan enriquecedor.
-¿Tú lees, Paul?-pregunta mi tia.
-Por desgracia no dispongo de mucho tiempo para ello-farfulla mirándome como si me pidiese disculpas.-No soy tan aficionado como mi hermano.
-Es hora de irnos-dice mi tio, llegando a nuestro lado. Nos levantamos de la mesa y nos dirigimos al coche de Paul. Éste se monta en el asiento del conductor y mi tia en el del copiloto. Mi tio se sienta detrás, en el asiento de la derecha, dejándome a mí en medio y a Nick a mi izquierda. Mi tio es tan grande que no hay ningún momento en todo el viaje que no esté en contacto físico con Nick, lo que me hace sonrojarme violentamente. Pero él parece divertirse sobremanera.
Llegamos por fin a la tienda después de media hora de duro viaje. Entramos en una joyería muy lujosa en el centro de la ciudad, llena de escaparates con bonitas joyas por todas partes.
-¿Alguna preferencia, señorita?-me dice un amable dependiente con una sonrisa. Yo observo todos los anillos sin saber cuál escoger.
-Tan solo que sea discreto.
Pero mi tia ya se encarga de todo. Adora elegir las joyas, los vestidos y los adornos en cualquier acontecimiento. Y yo la estoy dando la alegría de su vida al permitirla organizar mi boda. Y yo estoy muy feliz con su alegría. Como bien me dijo Nick, soy complaciente. ¿Y qué hay de malo? Hago feliz a mucha gente. Ojalá él hiciese lo mismo conmigo, dejándome en paz.
Me tienden un fino anillo de oro blanco con diminutos diamantes azul oscuro alrededor de él. Es fino, discreto y elegante.
-Justo como tú-me susurra Nick al pasar a mi lado, de modo que nadie lo oye. Como si pudiese leerme el pensamiento.
Nos dirijimos de nuevo al coche, sin mi tia que se queda haciendo unas compras en la ciudad. Mi tio se pasa al asiento del copiloto, y nos deja atrás a Nick y a mí, que nos ponemos cada uno en un extremo. Él me mira con burla, retándome a acercarme. Yo le devuelvo la mirada con frialdad, sin moverme un ápice.
Pero en vez de girar a la derecha en una curva, torcemos a la izquierda. No me extraña tanto, hasta que llegamos al aeropuerto. Yo miro por la ventana con curiosidad, preguntándome qué hacemos aquí.
-¿Qué hacemos aquí?-pregunto.
-Recoger a la novia de Nick-contesta mi tio, bajándose del coche para recoger las maletas de una chica que espera en la acera. Lleva un vestido negro de alta costura y unos tacones altos a juego, que sostienen sus kilométricas piernas. Un sombrero del mismo color la cubre la cabeza, y unas gafas de sol oscuras cubren sus ojos. Alarga una mano para quitarse el sombrero y las gafas, dejando al descubierto un rostro conocido de sobra.
-Bienvenida a Francia, señorita...-comienza mi tio, pero se para al no recordar su nombre.
-Estèle-dice ella.-Llámeme solo Estèle.

No hay comentarios:
Publicar un comentario