Me visto con una falda corta y blanca de tenis para el partido y un polo del mismo color. Me recojo el pelo en una coleta y salgo por la puerta, con la raqueta en la mano. En el pasillo me encuentro a un despreocupado Nick todavía en vaqueros.
-¿Has decidido rendirte?-me burlo esta vez yo.-Lo comprendería perfectamente.
Él me mira y sonríe.
-Siento de verdad que seas tan masoquista-me replica. Frunzo el ceño sin comprender.-No entiendo por qué quieres que te humille delante de toda tu familia-acaba, y con esas palabras y una sonrisa se mete en su cuarto.
Me ha vuelto a dejar sin palabras. Esto ya es algo personal.
Me dirijo a la cancha con despreocupación, cuando me alcanzan mis tios.
-Brooke, tenemos que hablar contigo-me miran con seriedad. Cuando les digo que sigan, me sueltan:-¿No te has preguntado qué relación guardamos con Nick y Paul?
-He dado por hecho que eran vuestros amigos o hijos de amigos-contesto sin comprender a donde quieren llegar.
-No les conocíamos de nada, pero al parecer tus padres sí.
Esa frase me congela la sangre. Soy incapaz de reaccionar. Mis padres...
-Esperan que, de algún modo, consigas sentir cierto afecto hacia Paul.-Se miran entre ellos antes de soltarme la bomba:- te han prometido con él.
¿"Prometido"? ¿En qué siglo estamos que ni siquiera se me permite elegir a mi marido?¡Acabo de cumplir la mayoría de edad! ¿Acaso no puedo decidir yo?
-¿Y Nick?-Tan solo puedo pensar en él.
-Viene a acompañar a su hermano.
Yo me quedo mirando el suelo sin verlo siquiera. No puede ser real. No veo a mis padres desde que tenía tres años y se creen con derecho a decirme con quién debo casarme. Por el amor de Dios, ¡esto es el siglo XXI! Yo debería decidir quién será mi marido.
Después de la rabia inicial y el rechazo hacia mis progenitores aparece todo lo que he aprendido en la escuela. Siempre he sido una persona complaciente y he aprendido en el St. Michel que tengo que hacer lo que mis padres me ordenan, que es por algo.
-De acuerdo-acepto al fin con la cabeza gacha.-Me casaré con él-miro a mis tios, que esperan una actitud rebelde por mi parte, propia de una adolescente llena de hormonas. Pero yo jamás me he podido permitir tener rabietas o ser inconformista.-¿Sabe él que estamos prometidos?
Mis tios asienten.
-Y ha aceptado gustoso.
Doy por finalizada la conversación y me dirijo a las pistas, donde me espera Nick con una raqueta en la mano, apoyado en la verja con despreocupación, y Paul a su lado, hablando con él muy interesado. Nick parece no escucharle, pero le veo asentir de vez en cuando.
-¿Listos?-les pregunto. Miro a Paul y le veo con otros ojos. La vida a su lado no será desgradable. Es atractivo, amable y educado. Luego miro a Nick y soy incapaz de imaginarlo como mi cuñado. Jugando con nuestros hijos o cenando en alguna reunión familiar.
Pero hay algo mucho peor de lo que tardo en darme cuenta. He tenido toda mi vida planeada. Jamás he vivido locamente, y lo más cerca que he estado de ello ha sido con la llegada de Nick. He estado toda mi vida cubierta con un disfraz que él se ha encargado de romper, haciéndome perder los papeles. Y ahora estoy prometida con su hermano y en la línea de salida para continuar con otra vida planeada, perfecta y sin sobresaltos, tranquila y rutinaria. Y ya no hay vuelta atrás. Con esto he perdido definitivamente la oportunidad de vivir aventuras, sin planes, sin decoro y sin limitaciones. Y sin amor. Porque de pequeña, mientras todas las niñas soñaban con príncipes y dragones, piratas y tesoros, yo soñaba solo con unos padres y una vida de verdad.
Paul va a ser la cárcel definitiva y yo me estoy entregando voluntariamente a una vida sin sentimientos.

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