jueves, 26 de mayo de 2011

Capítulo 10. Paul.

-¿Nick?-pregunto sin acabar de creérmelo. No puede ser, mi pesadilla ha vuelto. Ahora entiendo porqué mi habitación está ocupada.
-¡Brookie!-dice con alegría burlona.
-¿Os conocéis?-pregunta el otro hombre. Aunque este sí que es desconocido del todo.
-Tuve el placer de conocerla en el colegio que me acogió cuando me perdí en Inglaterra-explica Nick.
-Brooke, este es Paul-nos presenta mi tia.
-Soy su hermano-me explica, tendiéndome la mano con una sonrisa. Se parecen un poco, pero mientras que Nick es arrolladoramente encantador, Paul es más sencillo y no tiene el enorme atractivo de su hermano, aunque es guapo de otra manera. Es castaño, también, pero tiene los ojos almendrados sin el rastro de burla que parece caracterizar a Nick.
Mis primos, que lo han observado todo, se acercan por fin a mí para saludarme. Primero el mayor de todos, Tim, que tiene 14 años y es el más inteligente. Es rubio con los ojos verdes y le apasionan los ordenadores y las ciencias. Cuando era más pequeño siempre me suplicaba que le llevase a cazar mariposa al campo que hay al lado de la casa.
Luego viene la más pequeña, Meryl, con 7 años. Es rubia con mechones castaños y extremadamente tímida. Viene corriendo y me da un abrazo. Fui la que la enseñó la película de la Sirenita y desde entonces me tiene mucho cariño. Al parecer se tira los dias cantando las canciones de la película y volviendo locos a todos.
Y por último la mediana, Anna, de 10 años. Es a la que más me costó ganarme. Pero cuando tenía 8 años la llevé a la playa para enseñarla a nadar, y aprendió a confiar más en mí, aunque no del todo.
-¿Así que estuviste en el colegio de Brooke?-le pregunta mi tia a Nick agarrándole del brazo y llevándoselo a la mesa donde vamos a comer. Todos la siguen y acaban dejándome a mí sola con Paul, ante lo que mi tia parece bastante complacida.
-¿En qué internado estudias?-inicia él la conversación mientras les seguimos a la mesa.
-Estudiaba en el St. Michel, en Inglaterra, pero este era mi último año.
Nick nos mira desde la mesa, con burla. Yo le devuelvo la mirada, sin acobardarme.
-Brooke, ¿podrías traer la bandeja que hay en la cocina?-me pregunta mi tia. ¿Para qué quiere que la traiga yo si Marita, la sirvienta, puede hacerlo? De todos modos, sigo la orden de mi tia y me dirijo a la cocina. Paul hace amago de levantarse para acompañarme, para gran placer de mi tia y algo mio, pero Nick se adelanta.
-Ya te acompaño yo-se ofrece, satisfecho de haber destrozado de antemano mi corto paseo con su agradable hermano. No digo nada, en un alarde de buenos modales y gran autocontrol. Nos dirijimos a la cocina y yo deseo no tener ninguna conversación. Pero Nick parece disfrutar toturándome, así que dice:
-Una casa preciosa.
-Espero que la disfrutes, ya que has ocupado mi habitación-contesto yo, dejándolo caer con frialdad.
-¿Era tuya?-se rie él.-Me extrañó el diario que encontré, pero no le di importancia.
Entonces lo recuerdo.Tengo un diario desde hace diez años que escribo tan solo durante el verano, ya que lo escondo siempre en Provenza y no me lo llevo al internado.
-No lo habrás leido...-digo perdiendo al compostura. Ese cuaderno contiene cosas realmente vergonzosas.
Nick asiente con burla. Ya estamos en la cocina, pero no quiero irme antes de zanjar el tema.
-Tan solo las tres primeras hojas. Por desgracia, me quedé dormido. Aunque no quiero decir que sea aburrido, no me malinterpretes. En absoluto. Es incluso más interesante que el libro que me estaba leyendo.-Tiene una amplia sonrisa que le ilumina la cara aún más que de costumbre. Se está riendo de mí sin ninguna contemplación. Pero es cierto lo que dice: se ha empezado a leer mi diario y tengo que recuperarlo antes de que vea algo realmente terrible.
-Lo quiero de vuelta-le informo.
-Te lo devolveré cuando lo acabe. Estoy disfrutando mucho.
-No recuerdo haberte dado permiso para leerlo-le replico.
-¿Cómo te iba a pedir permiso? Ni siquiera sabía que era tuyo. Aunque ahora que reconozco a la autora va a ser incluso más interesante.
-Dudo que sea mínimamente entretenido para un hombre de mundo como tú. Debe resultar como una historia dentro de otras muchas y, por supuesto, nada comparable a la tuya-intento ganármelo con educación para que me lo devuelva.
-Si no me dignase a conocer vidas menos interesantes que la mía conocería muy pocas-se jacta con media sonrisa. Le doy una patada a mis modales poniendo los ojos en blanco.
-Tanto alarde resulta insostenible.
-Muchos consideran la sinceridad una cualidad.
-Y la vanidad un defecto-le replico.
Entonces ocurre la única cosa que jamás pensé que sucedería.


No hay comentarios:

Publicar un comentario