sábado, 29 de octubre de 2011

Capítulo 27. Sin elecciones.

Me despierto temprano, a las seis. En mi corazón todavía late un leve rastro de esperanza, confiando en llegar a tiempo para despedirme de Nick. Pero no me hace falta demasiado tiempo para recordar que se iba a las cinco. Llego una hora tarde. Siento una fuerte opresión en el estómago y me cuesta recuperar el aliento. Las lágrimas se agolpan en mis ojos y no puedo hacer nada para evitar que se derramen por mis mejillas. Intento tranquilizarme y me levanto de la cama para mirar por la ventana de la habitación.
Hace un sol espléndido y los pájaros pían con fuerza, haciéndome daño en los oídos. Hoy no debería brillar el sol, tendría que llover a cántaros para acompañarme en mi llanto.
Me vuelvo a encoger en la cama y lloro. Lloro como si el mundo se hubiese acabado; porque, en cierto modo, es lo que ha pasado. Siento un vacío en el pecho incapaz de ser llenado y una gran piedra en el estómago.
No sé cuanto tiempo estoy así, pero cuando consigo tranquilizarme lo suficiente como para parar de llorar me seco las lágrimas de las mejillas, me doy una larga ducha, me visto y salgo de la habitación fingiendo normalidad.
Me encuentro a un alegre Paul en el pasillo con un libro en la mano. "Orgullo y prejuicio". Le interrogo con la mirada, recordando que no le gusta leer. Su sonrisa se ensancha. Parece mucho más alegre y optimista ahora que Nick se ha ido y ya no le hace sombra.
-Es tu libro favorito, ¿no?-me pregunta. Yo asiento.- Nick me lo dijo. Voy a leerlo, para intentar saber más sobre ti-me confiesa, bajando la vista avergonzado. Yo me siento conmovia y me acerco para besarle. Pero hay algo que no puedo quitarme de la cabeza, y es que Nick se lo dijo. Vaya, parece que intenta arreglarlo y acercarnos más. Las lágrimas vuelven a llenar mis ojos al ver el esfuerzo que está haciendo Paul cuando yo nisiquiera me lo merezco.
Luego cada uno sigue su camino. Paul se va a la biblioteca y yo a desayunar. No tengo realmente hambre, pero como un par de tostadas para que mi tia se queda tranquila y no me pregunte por mi falta de apetito. Está sentada al lado de mi tio, abanicándose mientras él lee el periódico.
En un momento dado suelta un largo suspiro de tristeza.
-Es una pena que Nick ya no esté aquí, ¿verdad? Su ausencia es realmente desconsoladora.
¿Es que nadie puede ahorrarse el tema de Nick? De nuevo las lágrimas. No, no quiero que me vean llorar.
-¿Dónde está Estèle?-intento cambiar de tema.
-Ha partido hacia Inglaterra esta mañana temprano. Ha prometido telefonearte en cuanto llegue.
Bajo la vista hacia el plato y dejo de comer. No puedo más. Siento que si me quedo un minuto más sin hacer nada voy a empezar a pensar y acabaré enloqueciendo. Me pongo en pie de golpe, asustando a mis tios por la brusquedad.
-Voy a seguir organizando la boda-anuncio. Luego me giro a mi tia para preguntar:-¿Puedes acercarme al pueblo?
Mi tia parece más feliz que nunca, sin darse cuenta de lo desgraciada que soy. Pero me voy a casar en dos meses y no puedo pensar en nada más. Debo cumplir con lo que mis padres quieren de mí, lo que significa renunciar a todo y seguir adelante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario