-Brooke-me llama mi tia.-¿Te ha dado ya Nick la noticia?
-Sí, ya me lo ha dicho-la contesto. Un suave viento sopla, aliviando el sofocón que produce la estación estival en Provenza. El pelo mojado chorrea por mi espalda, empapando mi fino vestido blanco.
-Es una pena-dice mi tio mientras pasa una página del periódico.
-Se va a Croacia-le informa mi tia.-Un país precioso. Deberíamos ir nosotros también.
-Ummm...-asiente mi tio mientras pasa otra página.
-Pobre Estèle-continúa mi tia.
-¿Por qué?-la pregunto sin comprender.
-Ella quería ir con Nick, pero él no la ha dejado. Dice que probablemente se quede allí un año y no quiere que ella desaproveche la oportunidad de instruirse en una buena universidad.
Yo siento una inexplicable alegría al saber que no van realmente en serio. Al menos por parte de Nick.
-Debe ser agradable vivir cada año en un lugar diferente-aporta mi tio su opinión, cerrando por fin el periódico.
-A mí me parece terrible-le contradice mi tia.-No querer echar raíces en un lugar concreto siendo tan joven...
-Al revés, mi querida Elizabeth. Echa raíces en tantos sitios que se acostumbra a cualquier cultura. Eso proporciona una amplitud de miras que debería poseer cualquier joven.
-Pero siempre hay un lugar que debes considerar tu hogar-dice mi tia.
-Ya encontrará su hogar. Cuando se case y tenga hijos. Entonces no podrá seguir viviendo como un nómada. Lo niños necesitarán un lugar fijo. Y él se decidirá a asentarse en algún lugar.
Me pregunto dónde. ¿Lejos de mí? ¿Y si decide asentarse en Asia? ¿O en América?
Mis tios dejan la conversación y yo me despido para irme a duchar y a cambiarme.
Me meto en la ducha y me doy una rápida ducha de agua fría que me convence de que no estoy soñando. Que me voy a casar, que Nick se va...
Salgo y me pongo un vestido beige corto, apretado en la cintura por un lazo gordo marrón.
Estoy mirándome al espejo cuando oigo un ruido en la casa de al lado. Aguzo el oido para ver si lo vuelvo a escuchar. El ruido vuelve y me doy cuenta de que es un sollozo que alguien intenta contener. Y viene de la habitación de Estèle.
Me dirijo a su habitación y abro la puerta con suavidad.
-¿Estèle?
-Vete-dice girándose hacia la ventana para que no pueda verla la cara. Yo ignoro su rechazo y me siento a su lado, posando una mano en su hombro.
-Estéle, habla conmigo-la digo con suavidad.
-¿Y qué quieres que te diga?-pregunta mirando al techo y secándose las lágrimas.
-¿Qué sucede?
-¿Que qué sucede?¡Que Nick se va!-exclama como si fuese una niña tonta.-Y no me deja ir con él.
-A lo mejor es porque piensa que te mereces algo mejor-la sugiero.
-¿Qué hay mejor que él?-me contesta, poniendo los brazos en jarras.-Pero él y yo sabemos que no es esa la verdadera razón-me dice, mirándome por fin.
-¿Y cuál es?-la pregunto muerta de curiosidad.
-Hay otra. Estoy segura de ello.
Eso me sorprende de verdad. ¿Otra? ¿Y si no se marcha para alejarse de mí como ha dicho, sino para ver a otra o fugarse con otra?
-Hay más peces en el mar, Estèle-intento tranquilizarla. Pero tengo un nudo en la garganta que no me deja respirar bien.
-¿Y tú qué sabes?-me chilla de repente con acusación.-¡Tú te vas a casar!-Se vuelve a tumbar boca abajo en la cama con el pelo tapándola la cara. Y me pide con voz ya calmada:-Déjame tranquila, por favor.
Siento lástima por Estèle, que se ha unido al grupo de los corazones rotos por Nick. Un grupo que seguramente cuente ya con decenas de mujeres. Un grupo al que me niego a pertenecer.
Salgo de la habitación, cerrando la puerta con suavidad detrás de mí. Me tumbo en mi cama y abro "Orgullo y prejuicio", dispuesta a olvidarme de mi vida durante un par de horas.

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