jueves, 23 de junio de 2011

Capítulo 23. La piscina.

-¿Puedo?-me pide permiso desde el marco.
-Adelante-digo fingiendo mi mejor sonrisa.
-¿Qué tal te encuentras?-me pregunta sentándose a mi lado.
-He tenido días mejores-le contesto.
Él se inclina sobre sus piernas y apoya los codos en sus rodillas. Mira al suelo con el ceño fruncido, como si algo le preocupase.
Al final se vuelve hacia mí y coge aire como si necesitase reunir coraje para decirme:
-Siento si he hecho algo indecoroso o te he incitado a un mal pensamiento. No era mi intención, créeme, nada más lejos de mis propósitos.
Yo le miro con lástima sin poder decirle lo que realmente sucede. Que no es él, sino yo, que no paro de pensar en su hermano. Veo como el simple pensamiento de haberle asustado le está torturando por dentro y le agarro la mano.
-No has hecho nada, Paul, esque este calor me sienta realmente mal.
Es la peor excusa que le he dado a alguien en mi vida entera, pero parece que le anima. Sale sonriente de mi habitación, contento por la idea de que haya sido el calor y no él el causante de mi jaqueca.
Después de una hora tirada en la cama y sabiendo que no me va a servir de nada compadecerme de mí misma, me decido a ponerme en pie para salir a tomar el aire. Se me ocurre la idea de ir a la piscina y me pongo el biquini con un vestido sencillo blanco encima para irme a dar un chapuzón.
Llego a la piscina albergando la esperanza de que no haya nadie, pero veo una camiseta tirada en una silla, unas zapatillas en el bordillo y presiento quien está ahí.
Nick me mira apoyado en el bordillo de la piscina con tranquilidad.
Desde que le dijese esa mañana que me hacía sentir como debía hacerlo Paul no hemos vuelto a hablar. Mi tia entró en mi habitación con una toalla húmeda en ese momento y él tuvo que irse.
Me meto en la piscina y me pongo a dar largos por el lado contrario al que él está. Cuando saco la cabeza del agua en la parte honda de la piscina, no me atrevo a mirar a Nick, que está en el otro extremo del agua.
-¿Piensas evitarme para siempre?-me pregunta.
-Sólo mientras pueda-le contesto.
Él se acerca nadando con rapidez y bastante estilo hasta quedarse a mi lado. Apoya los brazos uno a cada lado de mí para impedirme salir, y a mí casi se me olvida mover los pies para no ahogarme.
-Pues ya no puedes-susurra muy cerca de mí.-¿Qué piensas hacer ahora?

No hay comentarios:

Publicar un comentario