miércoles, 22 de junio de 2011

Capítulo 21. Conciencia.

Me levanto de la mesa del desayuno para ir a pasear con Paul.
«¿Por qué todavía no me ha besado?», me pregunto mientras le agarró del brazo y nos alejamos del resto de los habitantes de la casa.
-¡Qué bonita está Provenza en verano!-dice Paul con alegría.
-La mejor época del año, desde luego-le sonrío.
Nos paramos detrás de la casa, cerca de la piscina, y Paul se gira para mirarme de frente.
-¿Puedo besarte?-me pregunta con timidez. Yo asiento, pero la sonrisa me flaquea. Y cuando por fin me besa, no es en él en quién pienso.
Nick jamás me habría pedido permiso, me hubiese besado como si se creyese con derecho. Tampoco me había pedido permiso para robarme el corazón.
Porque Paul es un caballero y me pide permiso. Es perfecto, galante y educado. Pero quería pelearme, que me hiciese de rabiar y se burlase de mi seriedad. Quería que me besase porque quería hacerlo, no porque tuviese mi permiso.
Cuando se separa y me sonríe no soy capaz de hacer nada. Ni siquiera sonreir.
-¿Te encuentras bien?-me pregunta, preocupado.
-Solo estoy cansada- le contesto con una sonrisa que no transmite alegría en absoluto.-Si me disculpas, creo que voy a volver a dormir.
Me alejo de él para regresar a mi habitación. No quiero que vea lo decepcionada que estoy. No quiero que se dé cuenta de que lo comparo con su hermano. Y no quiero que sepa que no he sentido absolutamente nada cuando me ha besado.
-Brooke, ¿a dónde vas?-me pregunta Estèle cuando me cruzo con ella de camino a mi habitación. Nick va a su lado y me mira con curiosidad. Yo no puedo mirarle a la cara y me concentro en mi antigua compañera.
-A mi cuarto. Tengo jaqueca.
Me quito el caro vestido de seda beige que me compré en Inglaterra, para meterme en la cama con el pijama. Hace calor y empiezo a sudar, pero por lo menos ahí estoy a salvo del mundo. Y a salvo de los hombres y los sentimientos.
-Tenemos que hablar-dice Nick irrumpiendo en mi habitación y cerrando ls puerta tras de sí para que nadie nos moleste.
Yo me tapo todo lo que puedo con la sábana y le reprocho con frialdad:
-No es de buen gusto entrar de ese modo en el dormitorio de una mujer.
-Al cuerno el decoro-susurra. Se acerca a mi cama y se sienta en una silla que hay al lado.-¿Qué quisiste decir con eso de "se acabó el juego"?
-Que ha terminado. No puedes coger y besarme sin más. No cuando estoy prometida con tu hermano. Ni puedes llevarme a bares por la noche o ponerme un tatuaje.-Me tumbo boca arriba, con las sábanas hasta la barbilla, mientras miro el techo. Me siento incapaz de mirarle directamente.
-No te obligué a hacer nada. Siento haberte hecho vivir en dos días lo que no has vivido en toda tu vida. Siento que toda tu vida se te haya escondido todo un mundo y por fin alguien te lo haya descubierto-dice irritado.
-No... No se trata de eso-susurro entre lágrimas. Él se acerca a mi lado y me limpia una lágrima con el pulgar.
-Entonces, ¿de qué se trata?-me pregunta también en un susurro. Por fin le miro a los ojos al contestar:
-Que no puedes hacerme sentir como debería hacerlo mi prometido.

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