lunes, 13 de junio de 2011

Capítulo 18. El otro lado del mundo.

Nick me conduce al garage de mis tios después de aceptar su apuesta. Pienso demostrarle que llevo la vida que siempre he soñado y no necesito aventuras ni romances.
-¿Qué tienes aquí?-le pregunto. Él enciende todas las luces del garage, dejando ver varios coches pertenecientes a mi tio, uno a Paul que es en el que viajamos el otro día y, al fondo del todo, una moto negra llena de tubos metálicos. Él se dirige directo hacia ella.
-La libertad-me contesta.
Me tiende un casco que yo dudo en coger, y se sube a la moto con decisión y sin ningún tipo de protección. Me señala la parte trasera y me dirige una mirada burlona, retándome a echarme atrás. Yo alzo la barbilla y me coloco el casco, subiéndome a la moto detrás de él. Arranca con un fuerte ruido, haciéndome agarrarme a él y apretarme con fuerza, cerrando los ojos. Él suelta una risa y se pone en marcha hacia la salida del garage.
No abro los ojos hasta un rato después y no me arrepiento. Estamos yendo por la carretera, pasando por un acantilado desde el que se ve el mar rompiendo contra las rocas. El ruido de la moto tapa el sonido del mar, pero no me hace falta escucharlo para admirarlo. El sol se refleja en el agua, como si hubiesen esparcido un bote de purpurina dorada sobre un manto azul ondulante. Mezclándose la calma del mar abierto con la furia del oleaje que rompe contra el acantilado, como si le reprochase que le impidiese el paso hacia la tierra y arremetiese contra él con rencor. Dejo que el aire impregne mi cabello, agitándolo, y el olor a sal sea todo lo que puedo oler.
Pasamos la carretera y llegamos al pueblo. Las calles se abren a nuestro paso y los peatones se giran a mirarnos. Admiro la arquitectura clásica que compone la ciudad y dejo que Nick decida nuestro destino, sin preguntarme siquiera a donde nos dirijimos.
Nos paramos al fin en una calle más oscura por donde no pasan coches.
-¿A dónde vamos?-le pregunto sin poderme contener.
-Voy a enseñarte uno de los mejores sitios de este país-me contesta únicamente.
Nos bajamos de la moto y nos adentramos cada vez más en el callejón.  Yo me pego a Nick, con miedo de ver aparecer una rata o algo peor.
Se para delante de una puerta encima de la que pone "Louis Band" y un saxofón que se ilumina al lado. Nick entra sin dudar y yo le sigo, temerosa de quedarme sola en la calle.
El local no es precisamente espacioso ni luminoso. Está todo a oscuras excepto por luces azules y violetas que se mueven por el local. Una banda está situada al fondo del local, sobre un escenario. Tocan a todo volumen "Hit the road Jack", mientras un montón de parejas bailan en el centro de la sala. (click para escuchar).  En los bordes del local están dispuestas mesas para que los que no se animan a bailar puedan admirar desde ahí toda la sala. Y justo al lado de la puerta hay una barra con todo tipo de bebidas alcohólicas.
-Apuesto a que jamás has estado en un club nocturno-me dice Nick al oido para hacerse oir sobre el ruido de la música.
-Has acertado-le contesto.
Nick sonríe y me saca a bailar al centro de la pista. Yo no tengo ni idea de como hay que moverse, no solía bailar con este tipo de ritmo en el internado. Pero por suerte Nick es un experto y baila con soltura, recordándome las películas de los 60.
-¿Cómo encontraste este sitio?-le pregunto a Nick mientras bailamos. Él tararea la melodía de la canción en mi oido, pero se detiene para contestar:
-Por casualidad. Me perdí-confiesa.
No estoy acostumbrada a este tipo de lugares y lo cierto es que me arrepiento de no haberlo encontrado antes. Junto a Nick paso una de las veladas más memorables de toda mi vida. Y cuando acaba, me entristezco por no poder quedarme un poco más.
Nos volvemos a subir a la moto y ponemos rumbo a casa de mis tios. El cielo está lleno de estrellas que me miran desde lo alto, haciendo incluso más bonito el paisaje. El mar se ha calmado y yo me siento en una profunda paz, como si el mundo entero se hubiese vuelto más hermoso.
Llegamos a casa y dejamos la moto en el garaje. La casa está silenciosa y tan solo se oyen los grillos del jardín. Vamos de puntillas por las escaleras para no despertar a nadie, pero de repente una puerta se abre y aparece Paul en pijama.
-¿Dónde estabais?-nos interroga. Tiene una sonrisa tirante y no parece de muy buen humor.
-En la ciudad-contesta Nick sin especificar.
-¿Y qué hacíais allí?-Intenta sonar despreocupado, pero un trasfondo en su voz implica algo más.
-Comprar-miento yo rápidamente. No sé porqué pero no quiero que sepa dónde he estado con su hermano.-Quería ver unas decoraciones para la boda y Nick ha tenido la amabilidad de acompañarme.
Paul parece quedarse más tranquilo, pero no le quita ojo a Nick, que le devuelve la mirada imperturbable.
Al final cada uno se va a su cuarto a dormir. Miro el reloj de mi mesita de noche. Es la una de la mañana. Paul no se lo ha creído ni en mis mejores sueños. Pero, ¿por qué me siento tan culpable por haber estado con su hermano? ¿Y por qué no he sido capaz de contarle la verdad?

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