miércoles, 22 de junio de 2011

Capítulo 19. Pajaritos.

-Buenos días-saluda Nick, sentándose a la mesa.
-Buenos días-le saludamos.
-¿Has dormido bien?-le pregunta Estèle con una sonrisa encantadora.
-Estupendamente-contesta él, mirándome por encima de la mesa. Yo enrojezco violentamente y desvío la mirada hacia mi desayuno. Noto otra mirada clavada en mí y alzo la vista. Paul me mira fijamente mientras se lleva el tenedor a la boca.
Acabamos de desayunar y me dirijo a la terraza de la biblioteca. Me quedo apoyada en la barandilla, viendo como las nubes se mueven con el roce del viento. Oigo como la puerta se cierra a mi espalda y unos pasos se dirigen hacia mí. No me hace falta mirar para saber quién es. La única persona que se dignaría a pisar una estancia con tantos libros y no sentirse abrumado.
-¿Preparada para la segunda parte?-me pregunta Nick en un susurro, apoyándose a mi lado en la barandilla. Nuestros codos están a punto de rozarse, pero apenas un milímetro se interpone entre ellos. Me dan ganas de salvar esa distancia, pero me sonrojo tan solo con la proximidad que mantenemos.
-¿Qué segunda parte?-digo mirando a esos asombrosos ojos verdes. Siento que voy a perder la cabeza de un momento a otro, teniéndole tan cerca. «Y pensar que con un paso podría...» No me atrevo a finalizar la frase.
-La segunda parte de tu vida-me sonríe.  Y con su sonrisa noto como si el sol brillase más y el cielo se hubiese vuelto más azul.
-¿En qué consiste?
-En romper las reglas. Nada de acatar órdenes ni hacer lo que deberías. Tan solo sáltate el decoro por una vez.
Eso me hace sonreir.
-Te sigo.
Volvemos a ir en su moto, pero esta vez paramos enfrente de una especie de tienda. Entramos y me doy cuenta de que es una tienda de tatuajes.
-¿Un tatuaje?-le pregunto. Él se encoge de hombros.
-¿Por qué no?
-Es una locura.
-En eso consiste-replica, sonriéndome.
El dependiente, un hombre delgaducho de pelo rubio grasiento y la piel llena de tatuajes, me tiende un cuaderno con diferentes dibujos. Lo hojeo y Nick me pregunta:
-¿Cuál te gusta?
Le señalo uno que consiste en la sombra de tres pequeños pajaritos negros que parece que vuelan.
-¿Dónde?-me pregunta el dependiente, preparando una aguja.
-Aquí-le indico el omóplato derecho, bajándome el tirante de la camiseta y apartándome el pelo.
Nick me da la mano para que se la apriete si me duele. El dependiente empieza y yo aprieto la mandíbula y su mano con fuerza. Él no parece ni notarlo y mira como me hacen el tatuaje.
Cuando volvemos en moto me siento extrañamente liberada, como si desobedecer por una vez en mi vida supusiese un alivio.
Entonces me doy cuenta de porqué he elegido los pajaritos para el tatuaje. Para mí los pájaros siempre han representado la libertad y es una manera de recordarme una vez esté casada, de que una vez fui libre y le di la espalda. De que jamás volaré, que estaré atada y domesticada.
Miro la espalda de la persona que me ha hecho libre y me pregunto cómo podré vivir teniendo como cuñado al hombre que me ha liberado.
Y teniendo como marido a mi carcelero.

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