-¿Se te ha pasado?-me pregunta Estèle entrando en mi habitación con cautela.
Yo estoy tumbada boca abajo, apretando la cabeza con fuerza contra la almohada, a la espera de que eso de algún modo me borre todos los recuerdos y arregle mi vida. Me siento en la cama y me seco las lágrimas con el dorso de la mano sin que me vea. No me haría ninguna gracia tener que empezar a dar explicaciones. Estèle se sienta a mi lado y me mira con tristeza. Yo no me contengo y la digo:
-Estèle, ¿por qué eres tan amable?
Eso la hace mirarme con otros ojos, casi culpables.
-Siento haber sido tan brusca contigo en el internado. Supongo que te prejuzgué y no me molesté en conocerte bien. Pero estando aquí me he dado cuenta de que debes ser muy especial porque Nick ha descubierto algo asombroso en ti y estoy segura de que merece la pena conocerlo.
-¿Nick?-pregunto confundida. La voz me tiembla al pronunciar su nombre. Ella asiente y al ver mi cara de confusión pone los ojos en blanco.
-¡No me digas que no te has dado cuenta!-exclama como si yo fuese un caso perdido. Y luego niega con la cabeza.- Debes estar ciega, Brooke, para no ver como te mira.
-¿Cómo me mira?-susurro casi con temor de preguntarlo. O con miedo de oir la respuesta.
-Como si fueses un ángel o algo caído del cielo.-Luego lleva los ojos al techo, divertida.-Si yo fuese un poco celosa ya estaría subiéndome por las paredes. Por suerte, no lo soy. Y, por suerte también, tú te vas a casar.
«Así te quitarás de en medio de mi camino» es lo que quiere decir. La misma Estèle de siempre. Avariciosa, egoísta y resistente.
Se pone de pie con una sonrisa feliz y se pone a cotillear por todo mi cuarto. Empieza a parlotear, mientras mira en todos los cajones, sobre la boda y todos los adornos, los preparativos, el traje, los invitados y la disposición de las mesas.
Yo finjo que la escucho y asiento cuando me mira para que crea que sigo el hilo de la conversación. Pero en mi cabeza no paro de preguntarme sobre lo que ha dicho.
Que yo sepa Nick no me mira de ninguna manera especial, tan solo se divierte conmigo. Pero ya le he dicho que deje los juegos. Por el amor de Dios, ¡me voy a casar con su hermano! Pero supongo que para él supone una gran diversión acabar con la educación de una mujer perfectamente controlada como yo.
Y luego lo de los celos. ¿Por qué habría Estèle de estar celosa? No soy un rival a tener en cuenta para ella y nunca lo he sido. Y ella lo sabe perfectamente. En todos estos años con ella en el internado jamás he descubierto el menor indicio de flaqueza en su enorme ego. Un ego mucho mayor que el de Nick. Por lo menos algo tienen en común.
Me pregunto si soportaré estar casada con Paul mientras Estèle sale con Nick. ¿Y si se prometen? ¿Y si se casan? ¿Y si tienen hijos? ¿Soportaría verles a los dos juntos en las reuniones familiares?
Por fin, Estèle se cansa de cotillear y se despide con sus deseos de que me reponga, saliendo por la puerta. En cuanto la cierra yo me tiro de nuevo contra la almohada con un dolor de cabeza aún más fuerte que el anterior.
Pero presiento que no va a hacer más que empeorar cuando la puerta se abre de nuevo y aparece Paul.

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