Dos meses después.
-¿Nerviosa?
-No-miento.
Mandy se coloca detrás de mí en el espejo de cuerpo entero y me aprieta los hombros con una sonrisa, intentando infundirme ánimos. Lleva un vestido azul claro que elegí para las damas de honor que la sienta muy bien. Mi tía está en un rincón de la habitación en una silla, mirándome ilusionada con lágrimas de felicidad aflorando en sus ojos. Lleva un vestido rojo largo y el moño recogido en un intrincado moño.
-¿Qué sucede, tia?
Niega con la cabeza emocionada.
-Eres la novia más bonita de la historia-finaliza la frase con un pequeño sollozo. Yo la sonrío y voy a abrazarla.
-Estoy tan contenta de que seas la madrina en mi boda...-la confieso. Ese cargo normalmente correspondería a mi madre, pero no estará presente, igual que no ha estado presente en ninguno de los grandes acontecimientos de mi vida. Sin embargo, mi tía fue siempre mi figura maternal y cuando la pedí que fuese mi madrina sentí que verdaderamente la había hecho feliz.
Vuelvo al espejo y respiro hondo. Llevo un vestido blanco con encaje en la espalda, que me cubre los zapatos blancos de tacón. Mi pelo está recogido en un moño cubierto de laca, en el que Mandy coloca un velo como último detalle.
No puedo evitar que la sonrisa me flaquee un instante cuando un triste pensamiento cruza mi cabeza con velocidad: este debería ser el día más feliz de mi vida con el hombre al que quiero.
Nunca he sido romántica o, por lo menos no en voz alta. Admito que a veces se paseaba por mi cabeza la idea de encontrar un príncipe azul, pero jamás tuve tiempo para andar besando ranas. Sin embargo, siempre me imaginé el día de mi boda con un auténtico príncipe de cuento, pero el que me espera en el altar no es azul. Solo es un príncipe que ni siquiera debería ser mío. Él también se merece a alguien que le quiera de verdad, ¿no? No es justo para ninguno de los dos.
Pero él ha afrontado la orden con una sonrisa y parece encantado por casarse conmigo, aunque ni siquiera me conoce. Y todo por mis padres, quienes ni siquiera están hoy aquí para presenciar el desastroso enlace que han arreglado.
La puerta se abre y dos personas aparecen traspasándola. Tienen un aire que me resulta familiar, son un hombre y una mujer que me miran con una extraña mezcla de reconocimiento y afecto. Les reconozco por las fotos que me han ido enviando de ellos.
-Hija, estás preciosa-me dice la mujer, viniendo a abrazarme. Yo la dejo, sin saber cómo responder. Es totalmente imposible. Mis padres... aquí, abrazándome.
La mujer se separa de mí y me mira de arriba a abajo.Yo no sé qué decirla, es tan extraño. Después de 18 años sin tener noticias de ellos, aparecen así de repente. Es tan absurdo que me dan ganas de reir.
-Habéis venido-consigo murmurar.
-¿Cómo íbamos a faltar a tu boda?-dice mi padre, apretándome el hombro en un gesto que me parece frío y forzado. ¿Cómo iban a faltar a mi boda? Pues supongo que igual que han faltado a todo en mi vida. Veo cómo mi madre habla con mi tía, a la vez que la expresión de la segunda empieza a entristecer.
-¿Qué pasa?-pregunto. Mi madre me mira con una sonrisa, mientras que mi tía es incapaz de mirarme a los ojos. De repente, en presencia de mi madre se vuelve sumisa y esconde el rabo entre las piernas.
-Voy a ser tu madrina-dice mi madre. No, eso no está bien. No pueden llegar aquí para trastocar todo lo que he decidido yo y fingir que son mis padres. No pueden hacerme esto y no pueden hacérselo a mi tía.
-No-digo. Me miran las dos sorprendidas.-Mi madrina es la tía.
Mi madre parpadea, perpleja. Parece no creerse que yo haya podido rebelarme. Mi tía me sonríe a escondidas.
-Sí, claro, de acuerdo-dice mi madre.-Había pensado que te gustaría que fuese tu madre.
-¿Mi madre?-la pregunto con incredulidad.- No he recibido noticias vuestras en toda mi vida hasta hace unos meses, cuando decidisteis que podíais planear mi futuro sin mi consentimiento. No, la única familia que tengo son mis tíos. Vosotros solo sois los desconocidos que me engendraron.
Mandy observa toda la escena sin decir nada, intentando hacerse invisible en un rincón.
-De acuerdo-accede mi madre, apretando los labios.- Pero quiero que sepas que todo esto lo hemos hecho por tu bien.
Dicho esto salen por la puerta con dignidad. Toda la fuerza se desvanece cuando por fin me quedo a solas con mi tía y Mandy, y las lágrimas acuden a mis ojos.
-No llores, Brooke, has hecho bien-me intenta consolar Mandy.
-Muchas gracias-susurra mi tía, a un metro de mí.
-No voy a llorar, se estropearía todo el maquillaje y solo tendría una hora para arreglarlo-digo intentando sonreir.- Pero me gustaría quedarme sola un rato.

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