-Nick...-le advierto. Él se acerca aún más.
-Dime, Brookie.
«Brookie»... Se está riendo de mí.
-¿Qué vas a hacer tú?-vuelvo la pregunta contra él.
-Marcharme-me contesta de improviso.
-¿Te vas?-le pregunto, sorprendida.-¿A dónde?
Él se encoge de hombros y se aleja hacia el centro de la piscina. Al contrario de lo que esperaba no me siento más libre, sino más vulnerable. Y me sorprendo deseando que vuelva a rodearme con sus brazos.
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo y dejo de tener calor a pesar de estar en Agosto con una temperatura de 36 grados.
-Croacia. Siempre he querido visitarla y he decidido ir de una vez.
-¿Cuándo?-Mi voz suena débil y temblorosa, pero soy incapaz de controlarla.
-Mañana.
-¿Y por qué?-acierto a decir tan solo en un susurro.
Se vuelve a acercar y a poner sus brazos rodeándome.
-Porque creo que es mejor alejarme de aquí. Te vas a casar con mi hermano. Yo tan solo estorbo.
El corazón se me encoge al darme cuenta de que no volveré a ver a Nick hasta quién sabe cuando.
-¿Vendrás a la boda?-le pregunto con un hilo de voz.
-Lo dudo. Sería incapaz de alegrarme por vosotros-me confiesa. Yo le miro a los ojos y él me devuelve la mirada en una conversación no verbal en la que compartimos más secretos que nunca. No podría perder sus preciosos ojos verdes. ¿Cómo sobreviviré?
-¿Cuándo te volveré a ver?-me atrevo a decir.
-Quién sabe... Quizá en un año, o quizá más.
Se me olvida del todo seguir moviendo los pies y empiezo a hundirme. Es tal el vacío en mi mente después de sus palabras que ni me doy cuenta. Hasta que pasa un brazo alrededor de mi cintura y me mantiene sujeta entre el bordillo y su cuerpo.
-¿Qué me vas a dar como despedida?-susurra mientras acerca su boca a la mía. Yo no me molesto en apartarme. No tengo ni espacio, ni deseos.
Su beso, lento y delicado, hace que me olvide de todo por un momento. Paul, la boda, mis padres, Estèle, el internado… y olvide que con este beso estoy traicionando a mi futuro marido con su hermano.
Tan solo puedo recordarle a él, darme cuenta de que es el último beso y que mi prometido jamás me besará así. Que con él no me estoy despidiendo solo de una persona, sino de una vida entera, un futuro, un sueño.
Y me doy cuenta de que se acabó definitivamente. Que es hora de dejar de soñar y volver a poner los pies en el suelo, como solía hacer. Que el huracán ha amainado y las cosas vuelven a ser igual. Al menos por fuera, porque dentro de mí ya nada es lo mismo.
Pero yo tan solo pienso en el beso. Ni siquiera pienso. Siento, por una vez en mi vida. Me despido de todo pensamiento racional para abandonarme a él.
Nick sube las manos por mi espalda hasta pararse en el tatuaje. Yo siento como me arde la piel con su contacto pero eso solo hace que me apriete más contra él. Enredo la manos en su pelo y las dejo ahí, atrayendo su cara aún más a la mía.
Cuando me separo de él, muy a regañadientes, me tengo que contener para no volver a besarle. Pero es el sentido común el que me llama. ¿Y si apareciese alguien por la piscina y nos pillase?
Nick me suelta y se aparta a un lado. Se apoya en el bordillo y se impulsa con sus fuertes brazos para salir. Yo le observo como camina para coger su camiseta y marcharse con tan solo un "adiós".
Está fuerte, con la señal de haberse pasado más de una tarde en el gimnasio. El bronceado ligeramente tostado de su piel le sienta bien y las gotas resbalan por todo su cuerpo.
Yo solo me atrevo a salir una vez se ha ido. Me seco con una toalla y me quedo mirando el agua mientras medito. Pero solo una terrible pregunta aparece en mi mente: ¿Y si no le vuelvo a ver?

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