-¿Qué lees?-me pregunta Nick, sentándose enfrente de mí. Estoy en un banco en el jardín a la sombra, acompañada tan solo por él y a bastante distancia de otra persona.
Cierro el libro para enseñárselo.
-Lord Byron.
-¿Eres una romántica?-me pregunta hojeando el libro.
-No creo en el amor.
Eso le hace mirarme con curiosidad.
-Yo creí que todas las mujeres buscaban enamorarse.
-Tan solo las insensatas. El amor debilita a la más fuerte y emboba a la más inteligente. No conlleva nada bueno.
-¿No has amado nunca?
-No-le contesto. Luego enrojezco violentamente.-Quiero decir que... tu hermano tiene todo mi afecto y respeto, y...-tartamudeo.
-No te engañes, Brookie-me interrumpe inclinándose hacia mí, con burla.-Ambos sabemos que no amas a mi hermano.
Yo desvío la mirada.
-Pero la cuestión es: ¿piensas pasarte toda tu vida en un matrimonio sin amor?-continúa, volviendo a recostarse en el banco.
-No creo necesario el amor en la vida de una persona.
-Stendhal dijo una vez: "El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más hermosa de la vida".
-Quizá Stendhal era un idealista después de todo.
-¿Y qué hay de malo?
-Hay que tener los pies en la tierra. Y Stendhal debería saberlo mejor que nadie.
-No se puede estar siempre atado al suelo.
-Pero se puede intentar-le replico, agarrando de nuevo mi libro y abriéndolo. Pero él no se siente satisfecho con eso, así que sigue hablándome mientras yo finjo que leo, porque lo cierto es que veo palabras y no las entiendo; solo puedo prestar atención a su voz.
-Si no eres tan romántica, ¿por qué lees libros de amor? Lord Byron, Jane Austen...
-Porque son grandes escritores ingleses y admiro su manera de utilizar las palabras, incluso aunque no comparta sus ideas-acabo cediendo a una respuesta.
-No creo que sea por eso-dice estudiándome. Yo sonrío con ironía.
-Por favor, Nick, ilústrame-le pido.-¿A qué se debe mi lectura de libros?
-A un deseo por conocer en primera persona lo que cuentan esas páginas-me contesta, inclinándose de nuevo hacia mí.
-No tengo ninguna razón para envidiar a las protagonistas de las historias de Jane Austen o a la mujer a la que se dirigen los poemas de Lord Byron. Mi vida ya es como una novela y la considero perfecta.
-Pero eso es sencillamente por tu problema del conformismo. Tiendes a aceptar todo lo que la gente te da sin rechazar nada o pedir más. -Ante mi silencio, sigue preguntando.- ¿Qué es lo que verdaderamente quieres, Brookie?
-Que me dejes leer-le suelto.
-Vaya, Brookie, tu directora no estaría nada contenta ante esa respuesta-se burla.- Debes contestarme.
Cierro el libro, comprendiendo que mientras él esté aquí no voy a conseguir concentrarme en ningún poema.
-¿Por qué debería?
-Porque es lo que haces siempre. Ceder ante cualquier orden, sugerencia o petición.
-¿Si te contesto me dejarás tranquila?-le digo al fin.
-No-me contesta.-Pero al menos te quedarás con la satisfacción de poder alargar esta entretenida conversación-me sonríe. Yo suspiro y respondo:
-Quiero casarme, darle herederos a mi marido y vivir una apacible vida sin sobresaltos.
-No es cierto-me contradice.-Esas son unas ideas muy anticuadas. Y además, no te estoy preguntando qué quieren los demás; te estoy preguntando qué quieres tú.
Yo le miro un largo rato, hasta que él se decide a contestar por mí:
-Quieres vivir, Brookie.
-¿Y qué estoy haciendo sino vivir?
-Me refiero a una vida organizada por ti. Donde tú elijas, donde nada esté planeado, donde el amor existe.
-Eso son solo tonterías-le replico. Entonces se pone de pie y yo albergo la esperanza de que se largue. Pero, sin previo aviso, me tiende una mano diciendo:
-Demuéstramelo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario