Después del baile no he vuelto a encontrarme a Nick, pero sé que anda por los pasillos a sus anchas. Quizá le he evitado inconscientemente, o quizá el destino no ha querido que nos cruzásemos. Pero todavía peligro de verle, estamos a miércoles y él no se va hasta el viernes.
Camino por los pasillos con decisión hacia la clase de historia. Pero la directora me intercepta cuando estoy a punto de llegar, reteniéndome a su lado.-Brooke, ¿podrías avisar a Nicolas para que venga a mi despacho? Está en su cuarto. Siento molestarte, pero al ser la jefa del comité y la primera en conocerle, lo cargo bajo tu responsabilidad.
Me inclino y me dirijo por las escaleras a la habitación de Nick. Es increíble que ahora encima esté a mi cargo tal personaje. Después de tantos años de buena conducta para acabar así.Llamo con los nudillos a la puerta, deseando irme ya de ahí. Oigo unos pasos al otro lado y la puerta se abre. Nick me mira con una sonrisa burlona y se apoya en el marco. Abro la boca para transmitirle el mensaje, cuando una vocecilla aguda me interrumpe:
-¿Brooke?
Por detrás de Nick aparece una pelambrera pelirroja que me mira con curiosidad: Estèle. Mi cabeza olvida las órdenes de la directora para centrarse en la imagen que se desarrolla justo delante de mis ojos.
-¿Estèle?-pregunto sin acabar de creérmelo.-¿Qué haces aquí?
-No me des lecciones de moral, Brooke-dice poniendo los ojos en blanco. Como si supiese lo que voy a decir y quisiese interrumpirme incluso antes de empezar.-No todas nos divertimos siendo unas santas.
-Dudo que la directora vea esto con buenos ojos-digo, pensando en lo que ha estado todos estos años intentando inculcarnos y que Estèle jamás escuchó. Pero nunca imaginé algo así.
-¿Se lo vas a decir?-pregunta en un grito, abriendo mucho los ojos.
-Por supuesto que no. No te he cubrido durante tanto tiempo con tu novio-digo intentando que se acuerde de Fred y de que está mal lo que está haciendo-, para que ahora te pillen y te expulsen por mi culpa.
Nick sigue toda la conversación desde el marco de la puerta con una sonrisa de burla. Se lo pasa realmente bien.
-La directora quiere verte en su despacho-le digo a él. Y acto seguido me voy, llevándome conmigo una extraña punzada en el pecho y en el estómago.
Cuando llego al final de la escalera y compruebo que no pueden verme salgo corriendo hacia mi cuarto lo que queda de camino. Me siento en el alféizar de mi ventana mientras un millón de lágrimas recorren mis mejillas. El cielo está despejado fuera y me invade una pueril sensación de enfado. Debería diluviar, nevar, granizar; no hacer sol.
Me limpio las lágrimas con rabia, haciéndome daño en las mejillas y los ojos. Pero nada es comparado al dolor que siento en el pecho, muy hondo e incurable. Y, sobre todo, totalmente desconocido.
¿Qué me pasa? Desde que Nick apareció la otra noche soy incapaz de controlar mis emociones. Pero se ha acabado. Pronto saldrá de mi vida para siempre y podré centrarme de una vez por todas en lo más importante: mi futuro.
Entonces, recuerdo a donde me dirigía antes de encontrarme con la directora. Miro el reloj: las 12 menos veinticinco. Llego tarde a Historia.
Salgo corriendo por los pasillos hasta llegar, resollando, al aula donde se imparte la clase.
Todo el mundo está en silencio y me mira cuando abro la puerta. Estèle ya está sentada en su sitio, mirándome con una pose altiva. ¡Incluso ella ha llegado antes que yo!
Mandy me mira frunciendo el ceño con preocupación y me susurra:
-¿Qué te ocurre?
-Me he dormido-miento, mientras me siento a su lado.
Es la primera vez que llego tarde en todos los años que llevo en este colegio. Y todo por culpa de Nick.

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