-Según me han dicho ha viajado usted por muchos sitios, Nicolas-le dice la señorita Lend. Yo presto atención mientras finjo gran concentración en mi plato.
-Tan solo por Europa, América, algunos sitios de Asia y una vez a Oceanía-sonrie él.
-¡Vaya!-exclama la señorita Ryan con admiración.-¿Dónde ha estado usted exactamente?
-He estado en Francia, España, Alemania, Italia, Praga y Lituania. Luego decidí viajar por otros continentes, así que fui a Nueva York, a California y a México. Pero me apetecía algo más exótico. Así que me dirigí a la India, Japón y finalmente a Australia.-Todas las profesoras, incluida la directora, sueltan exclamaciones de admiración.
-Pero ha vuelto a Inglaterra-afirma la señorita McCartney.
-No hay nada como el hogar-dice Nick.
-Debió de empezar a viajar cuando era muy joven-le dice la señorita Lend.
-Cuando tenía 17 años, exactamente.
-¿Abandonó los estudios?
-Solo el último año-se encoge de hombros.- Opino que el mundo te enseña muchas más cosas que la escuela.
-Siento discrepar-intervengo antes de darme cuenta siquiera. Las palabras salen de mi boca sin pensar, sorprendiéndome incluso a mí. Las cabezas de todas las profesoras se giran hacia mí, con curiosidad. Nick me mira con una sonrisa burlona, alzando una ceja. Pero ahora que me he lanzado, no puedo detenerme.-Lo que te enseñan en la escuela es para que salgas preparado precisamente para lo que te enseña el mundo.
-El mundo tiene demasiadas cosas que enseñar como para que un colegio pueda hacerte ni una mínima idea de lo que hay ahí fuera-me contradice.
-¿Entonces dices que dejaste la escuela para aprender? Es irónico, ¿no es cierto?
-Dejé la escuela porque sentí que no me enseñaba nada-me corrige.
-Eso es un signo de prepotencia-le replico.
-O de sabiduría.
-El colegio está para ayudarte en la vida que llevarás cuando salgas.
-El colegio no me ha ayudado de ninguna manera.
-Pues yo creo que te ha ayudado más de lo que piensas.
-Me ha ayudado mucho más conocer otras culturas. ¿Has viajado alguna vez, Brooke?-me pregunta.
-He estado en Francia.-A su lado me siento como una idiota ignorante del mundo. Ojalá pudiese enumerar tantos destinos como él.
-¿Qué te ha enseñado Francia?-me hace reflexionar.
-Francés.
Las profesoras, que habían sido testigos de nuestra discusión con gran curiosidad, se ríen ante mi contestación. Miran a uno y a otro como si de un partido de tenis se tratara. En silencio y con expectación de quien ganará.
-A eso se le llama "estrechez de miras"-me explica Nick.
-O realismo-contraataco.-Mantengo mi idea de que para la enseñanza ya está la escuela y para seguir aprendiendo tienes que tener los conocimientos básicos que ésta te proporciona.
-Tu cabezonería es infranqueable-se divierte.- ¿Por qué te obcecas tanto en tus ideas?-se inclina hacia mí por encima de la mesa, como si intentase leerme la mente.
-Quizá porque son las correctas.
-No hay ideas correctas, tan solo subjetivas-me contradice.
-Pero desde la objetividad se puede decir cuál es la adecuada.
-En tu caso no eres objetiva, precisamente porque se trata de tus ideas.
-Mucha gente estaría de acuerdo conmigo respecto a mis ideas.
-Que haya mucha gente a favor no lo hace mejor.
-¿Y por qué tú te empeñas en llevarme la contraria?-le replico, entrecerrando los ojos.
-Has sido tú la que me ha corregido.
-Eso no habría sido así si el mundo te hubiese enseñado lo que he aprendido yo en la escuela.
-Hay cosas para las que la escuela no te prepara y de las que me puedo jactar de tener más experiencia.
-¿Por ejemplo?-le reto.
-El amor.-Eso me sorprende de verdad. Estaba preparada para todo menos para eso.-¿Estás enamorada, Brooke?-se burla. Me ruborizo, pero le mantengo la mirada. Se está riendo de mí.
-No-digo dispuesta a acabar con esta conversación.
-¿Y has estado enamorada?-continúa.
-No.
Lo cierto es que he estado siempre tan ocupada que no he tenido tiempo para los hombres. Jamás les he dejado entrar en mi mundo. Y ahora ha llegado uno que se ha empeñado en entrar y al que no puedo sacar.
-Precisamente porque eso es algo que jamás te enseñará la escuela-acaba.
Ha ganado. Y me cuesta, porque jamás nadie había conseguido hacerme dudar de mis ideas. ¿Esque se ha empeñado en cambiar toda mi vida?
No hay comentarios:
Publicar un comentario