sábado, 21 de mayo de 2011

Capítulo 2. Un desconocido en el bosque.

Hace frío. La lluvia ha dejado un reguero de gotas a lo largo de todo el internado, y yo tengo que esquivar charcos con los pies descalzos que ya están llenos de barro. Mi blanco camisón casi no me cubre y deja colarse el aire helador del verano inglés. Me abrazo, encogiéndome en los escalones del internado. Miro hacia el frondoso bosque que se extiende ante mis ojos. Las paranoias empiezan a recorrer mi mente, advirtiéndome de peligros inexistentes: animales, atracadores, violadores... Un escalofrío, provocado más por el miedo que por el frio, recorre mi cuerpo. Miro a todos lados, asustada.
Una rama cruje, atrayendo mi atención. No me atrevo ni a respirar. Viene del bosque. Miro entre los árboles esperando ver aparecer un animal.
Sin embargo, es una persona la que se abre camino. Aunque, más que una persona, un dios griego. Alto, con el pelo castaño y corto, los ojos verdes y la boca en una media sonrisa. Va en manga corta como si el frio no fuese para él.
De la sorpresa estoy paralizada y no puedo ni preguntar quién es. Él me mira de arriba a abajo, pasando por mi fino camisón y mis pies sucios. Sin contar con mi pelo que debe de estar enmarañado.
-¿Qué haces aquí?-me pregunta él, parándose ante mí. No contesto. Él suelta una carcajada suave y se acerca más. Yo me echo hacia atrás. ¿Me va a atacar? Intento repasar los puntos débiles como nos enseñaron una vez en un cursillo. Tengo que atacarle donde más le duele: entre las piernas. Luego un puñetazo en la cara y salgo corriendo a golpear la puerta para que me abran.-¿Sabes hablar?-se rie.
-¿Quién eres?-le pregunto.
-Me llamo Nicolas, pero prefiero Nick-dice sin vergüenza.
-Me refiero a qué haces aquí-le corto.
-Pasear.
-¿Por los alrededores de un internado?-digo con burla.
-De acuerdo, me he perdido-admite, levantando las manos en señal de derrota.-Y me preguntaba si me podría albergar en este colegio.
-No se admiten hombres-digo con dureza. Eso le sorprende y le divierte. La sonrisa burlona no se ha borrado en ningún momento de su cara.
-¿Es un internado femenino?-Yo asiento.-¡Vaya suerte la mía!-se rie, mientras llama a la puerta con descaro. Unos pasos se acercan y la directora en persona abre la puerta. Al encontrarse a Nick abre los ojos con sorpresa y me mira, culpándome. He pasado de tener el mejor expediente del curso a ser peor que Estèle.
-Siento molestarla, señora-la dice educadamente. La sonrisa en su cara ya no está, y en su lugar hay una expresión angelical. Parece un chico acostumbrado a conseguir lo que desea.-Me he perdido en el bosque y me gustaría solicitar alojamiento tan solo esta noche.
-Por supuesto-dice de inmediato la directora, sorprendiéndome. Una nueva conquista para él y decepción para mí. La directora me mira, por suerte sin fijarse en mi aspecto desastroso, y me dice:-Entra, Brooke, tu castigo ha acabado. Acompaña a nuestro nuevo residente temporal a su habitación, en el ala derecha, la habitación número 517.
A regañadientes, entro por la puerta. Puedo ver la sonrisa satisfecha y burlona que Nick me dirije, y la correspondo con una mirada furiosa.
-Claro, señora-contesto, sin embargo. Me tiende la llave de la habitación y yo le hago un gesto a Nick para que me siga.
-Vaya, Brookie, ¿por qué te han castigado?-me pregunta, riéndose.
-Una injusticia, nada más-respondo con sequedad.
-Claro que sí-asiente.-Tú jamás harías algo malo, ¿no es cierto?-se rie.
Me giro rápido, y él no para a tiempo, a pesar de poder, quedándose muy cerca de mí. Tan cerca que noto su cuerpo contra el mio y tengo que alzar la cabeza para mirarle a sus increíbles ojos verdes.
-No tienes ni idea sobre mí-susurró.- Solo eres un idiota pretencioso cuyo ego sobrepasa los límites del internado. Te ríes de todo y te crees inmune, ¿no es cierto? Pues no lo eres.
Él vuelve a reir, y no puedo evitar mirar su boca, a la altura de mis ojos, que ha vuelto a formar una sonrisa.
-Claro que te conozco, Brookie-me dice.- Eres el prototipo de chica de este internado, ¿no es cierto?. Buena, moldeable, modesta, inocente, generosa, estudiosa, con una actitud intachable y, sobre todo, sumisa.
-¿Sumisa?-entro en cólera.-¡Créeme que no me voy a dejar someter por un idiota como tú!
-Ya veremos-dice quitándome la llave de la habitación e invitándome con un amplio gesto del brazo a pasar.
-Buenas noches-digo alejándome. Espero que mañana esté fuera de aquí y de mi vida.

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