martes, 31 de mayo de 2011

Capítulo 15. Estèle vuelve.

-¡Brooke!-exclama Estèle al subirse al coche, metiéndose entre Nick y yo.-¿Qué haces aquí?
-Es la misma pregunta que iba a hacerte yo-la sonrío. Antes de que me dé tiempo a decir nada, se fija en el anillo nuevo que luzco, y su boca forma una "o" sorprendida.
-¡Estás prometida!-grita. Siempre fue muy perspicaz. Observa mi anillo de compromiso fijándose en cualquier detalle. Estèle siempre ha sido una experta en anillos y, en general, en cosas caras.
-Yo hubiese elegido uno con un buen pedrusco, que se notase bien-dice soltando mi mano y encogiéndose de hombros. Se abrocha el cinturón y mi tio pone el motor en marcha, rumbo a casa de nuevo. Voy todo el trayecto mirando por la ventana, pero no se me pasa desapercibido el brazo que le pasa Nick a Estèle por los hombros, ni como se recuesta ella en su hombro. Me repito que no me importa y sigo admirando los paisajes que vamos dejando atrás.
Llegamos por fin a casa y corro a refugiarme en mi cuarto. Ni siquiera la biblioteca es un lugar seguro ahora que Nick pasa tiempo allí también.
Me tumbo en la cama mientras oigo como Estèle se instala en la habitación de al lado, con lo que mi habitación es la única que la separa de estar contigua a Nick.
Media hora después, Estèle se asoma por mi puerta como si estuviese en su propia casa; sin llamar ni nada. Yo sigo tirada en la cama, pero tengo que incorporarme ante la presencia de mi antigua compañera de cuarto.
-Brooke, ¿estás prometida con Paul?-me dice. Yo asiento y ataco con otra pregunta.
-¿Dónde está Fred?
Ella se tira en mi cama con un bufido, como si ese fuese su cuarto. No ha cambiado nada.
-Era un idiota. Y cuando el colegio acabó dejó de servirme para nada, así que le dejé.
Tan manipuladora... Estèle no había madurado en absoluto.
-Pero no importa-continúa con una sonrisa.-Ahora tengo a Nick que es el triple de hombre.
"Si tú supieras...", pienso.
-¿Cuándo empezasteis a salir?-Lo cierto es que no quiero saberlo, pero mi lado masoquista me obliga a preguntar.
-Cuando tú nos pillaste hubo algo, pero comenzó de verdad al día siguiente.
Es decir, antes de que yo pillase a Nick con la chica del servicio. Y antes de que Nick me besase en la biblioteca. Eso consigue hacerme sonrojar, lo que provoca que Estèle me pregunte más por Paul, pensando que es el causante de mi rubor.
-Mis padres me prometieron con él-la confieso.
-¿Y tú estás de acuerdo?-me pregunta, más por encontrar una actitud rebelde dentro de mí que por verdadero interés en mi opinión.
-Por supuesto. No debe ser malo si mis padres así lo han decidido-me encojo de hombros.
Entonces es cuando Estèle suelta la frase que más temo.
-Brooke, sé que no nos llevábamos demasiado bien en el colegio, pero hemos hemos tenido la suerte de coincidir aquí y somos las únicas muchachas de la casa. (Más jóvenes que tu tia pero más maduras que tus primas).  Por ello debemos aliarnos para ayudarnos a conquistar a los hombres.-Me da un repaso de arriba a abajo, pasando por mi vestido verde que me llega casi a las rodillas.-Y como aliada aquí va mi primer consejo: quema ese vestido.
Menudo verano me espera.

Capítulo 14. El anillo.

-Vamos a ir a la ciudad a elegir tu anillo de compromiso-me dice mi tia. Estamos sentadas a solas en el jardín tomando tranquilamente una taza de té. Mi tio revisa cómo va el vino, mientras mis primos juegan al escondite. Paul estás sentado más allá jugando al ajedrez con Nick. Y, por su cara de desesperación, parece que va perdiendo.
-¿Vendrá Paul?-la pregunto dando un sorbo a mi taza.
-Por supuesto. Y Nick también nos acompañará.
Esa noticia me congela la sangre. Desde el beso de ayer no hemos vuelto a tener contacto y yo estoy bastante contenta. En realidad no sé como reaccionar. Después de todo es el contacto más íntimo que he tenido con un hombre en toda mi vida y lo considero bastante importante.
-Brooke, ¿estás arreglada?-me pregunta Paul, viniendo a mi lado. Pero yo solo veo a Nick, que se acerca por detrás.
-Claro-contesto.
-¿Qué tal encontraste la biblioteca?-le pregunta mi tia a Nick. Sus ojos brillan cuando me mira, y yo bajo la cabeza.
-Interesante-contesta.
-Brooke la adora. ¿Verdad, Brooke?-me pregunta mi tia. Yo asiento, y contesto mirando a la mesa.
-Pocos pasatiempos son más interesantes que la lectura. Y casi ninguno tan enriquecedor.
-¿Tú lees, Paul?-pregunta mi tia.
-Por desgracia no dispongo de mucho tiempo para ello-farfulla mirándome como si me pidiese disculpas.-No soy tan aficionado como mi hermano.
-Es hora de irnos-dice mi tio, llegando a nuestro lado. Nos levantamos de la mesa y nos dirigimos al coche de Paul. Éste se monta en el asiento del conductor y mi tia en el del copiloto. Mi tio se sienta detrás, en el asiento de la derecha, dejándome a mí en medio y a Nick a mi izquierda. Mi tio es tan grande que no hay ningún momento en todo el viaje que no esté en contacto físico con Nick, lo que me hace sonrojarme violentamente. Pero él parece divertirse sobremanera.
Llegamos por fin a la tienda después de media hora de duro viaje. Entramos en una joyería muy lujosa en el centro de la ciudad, llena de escaparates con bonitas joyas por todas partes.
-¿Alguna preferencia, señorita?-me dice un amable dependiente con una sonrisa. Yo observo todos los anillos sin saber cuál escoger.
-Tan solo que sea discreto.
Pero mi tia ya se encarga de todo. Adora elegir las joyas, los vestidos y los adornos en cualquier acontecimiento. Y yo la estoy dando la alegría de su vida al permitirla organizar mi boda. Y yo estoy muy feliz con su alegría. Como bien me dijo Nick, soy complaciente. ¿Y qué hay de malo? Hago feliz a mucha gente. Ojalá él hiciese lo mismo conmigo, dejándome en paz.
Me tienden un fino anillo de oro blanco con diminutos diamantes azul oscuro alrededor de él. Es fino, discreto y elegante.
-Justo como tú-me susurra Nick al pasar a mi lado, de modo que nadie lo oye. Como si pudiese leerme el pensamiento.
Nos dirijimos de nuevo al coche, sin mi tia que se queda haciendo unas compras en la ciudad. Mi tio se pasa al asiento del copiloto, y nos deja atrás a Nick y a mí, que nos ponemos cada uno en un extremo. Él me mira con burla, retándome a acercarme. Yo le devuelvo la mirada con frialdad, sin moverme un ápice.
Pero en vez de girar a la derecha en una curva, torcemos a la izquierda. No me extraña tanto, hasta que llegamos al aeropuerto. Yo miro por la ventana con curiosidad, preguntándome qué hacemos aquí.
-¿Qué hacemos aquí?-pregunto.
-Recoger a la novia de Nick-contesta mi tio, bajándose del coche para recoger las maletas de una chica que espera en la acera. Lleva un vestido negro de alta costura y unos tacones altos a juego, que sostienen sus kilométricas piernas. Un sombrero del mismo color la cubre la cabeza, y unas gafas de sol oscuras cubren sus ojos. Alarga una mano para quitarse el sombrero y las gafas, dejando al descubierto un rostro conocido de sobra.
-Bienvenida a Francia, señorita...-comienza mi tio, pero se para al no recordar su nombre.
-Estèle-dice ella.-Llámeme solo Estèle.

Capítulo 13. El partido.

El partido es largo y duro. Tengo que dar mi máximo en todo momento y acabo totalmente destrozada. Me había equivocado con Nick. Le había considerado indigno de ser mi rival y casi soy yo la que no se puede comparar con él. Acabo jadeando y él fresco y tranquilo, como si no le costase nada. Y, por si fuera poco, acabo perdiendo. Aunque en mi defensa diré que por poco.
Nick se acerca a mí cuando el partido ya ha acabado y me tiende la mano:
-Bien jugado, Brookie.
-No lo suficiente-contesto. Lo cierto es que estoy bastante decepcionada conmigo misma. He ganado un torneo nacional y no soy capaz de ganar un simple partido. Es culpa suya, que me desconcentra.
Paul aplaude en todo momento desde el banco que se encuentra al lado de la pista. Me da ánimos que ni siquiera escucho y anima también a su hermano, aunque éste parece no necesitarlos. Mis tios están a su lado. Mi tia con una sombrilla y su marido de pie a su lado, observándolo todo con interés. Mis primos corren de un lado a otro chillando y moviéndose sin parar.
Me dirijo a mi habitación a ducharme cuando acabamos. El sol es abrasador y el calor me agobia.
-Brooke, ¡ven a jugar con nosotros!-me grita Tim. Yo le prometo que luego y me voy directa a la ducha.
El agua fría alivia el sofocón y me hace pensar con más claridad. Recordemos la última noticia: estoy prometida con un hombre al que acabo de conocer y cuyo hermano me saca de mis casillas.
Salgo de la ducha y me visto con un ligero vestido azul claro, que deja pasar el aire y no me da tanto calor. Y así, con el pelo mojado, me voy a la biblioteca.
En cuanto entro vienen a mi cabeza todas las tardes escondida entre las altas estanterías de roble, y los voluminosos libros llenos de aventuras, romances, historias y finales. Cojo uno de ellos, el más usado por mí. "Orgullo y prejuicio". Todos los veranos lo leo, es uno de mis favoritos. Abro la primera página y comienzo desde el principio, que casi me sé de memoria. Pero cuando no voy ni por la segundo página una risa me interrumpe. Alzo la cabeza y avanzo entre las estanterías para descubrir al intruso, que no es otro que Nick, sentado en una silla y leyendo algo. Alza la cabeza para mirarme y me dice:
-Vaya, eras todo un cerebrito con ocho años-se burla. Miro sus manos y me encuentro con que está leyendo mi diario.
-¿No te dije que me lo devolvieses?-le digo intentando quitárselo. Pero él es más rápido y lo cierra, moviéndolo para que yo no lo alcance y poniéndose de pie.
-Y yo te dije que primero lo acabaría. Tu vida es tremendamente interesante-se burla.-¡Quién iba a decir que con ocho años ya sabrías dividir!-ironiza. Recuerdo que en mi diario puse todo lo que había aprendido ese año con orgullo. Solo tenía ocho años, ¿qué iba a poner?
Intento agarrar de nuevo el diario pero él lo coloca por encima de su cabeza, estirando el brazo. Salto y no lo consigo alcanzar.
-Devuélvemelo-le ordeno.
-¿Así sin más?-me pregunta.-¿Cuál es la gracia?
-Es mi diario. No tiene ninguna-digo con frialdad. Él chasquea la lengua, decepcionado.
-¿Y tus modales, Brookie? Tienes que dejármelo o acabarás con tu papel de niña buena y complaciente-se burla de nuevo.
-No tengo ningún interés en complacerte-le suelto.
-¡Claro que sí!-se rie.-No te sientes completa si no eres útil para alguien. Dejas que los demás te utilicen porque te niegas a ser dueña de tu vida. ¿Qué vas a hacer, Brookie? ¿Dejar que te dirijan toda tu vida?
-Mi diario-le pido de nuevo, apretando los dientes. No voy a dejar que me arrastre de nuevo a una pelea.
-De acuerdo-accede al fin. Baja la mano con el diario y yo alargo la mano para cogerlo. Pero en el último momento lo aparta, escondiéndolo detrás de su espalda. Acerca su cara a la mía, de modo que puedo ver con toda claridad sus preciosos ojos verdes.-Dame un beso.
Esa frase me choca tanto que me cuesta un minuto reaccionar.
-Estoy prometida con tu hermano-tartamudeo. Él vuelve a chasquear la lengua con disgusto.
-Siempre se me olvida ese detalle.
Y me besa. Me pilla completamente por sorpresa y dejo que una su boca a la mía en un rápido beso en el que no me da tiempo ni a pensar.
Se aparta igual de rápido que se ha acercado y se da la vuelta. Sale por la puerta, dejando mi diario encima del sofá con suavidad. Yo le miro marcharse sin ser capaz de decir nada.

domingo, 29 de mayo de 2011

Capítulo 12. Prometida.

Me visto con una falda corta y blanca de tenis para el partido y un polo del mismo color. Me recojo el pelo en una coleta y salgo por la puerta, con la raqueta en la mano. En el pasillo me encuentro a un despreocupado Nick todavía en vaqueros.
-¿Has decidido rendirte?-me burlo esta vez yo.-Lo comprendería perfectamente.
Él me mira y sonríe.
-Siento de verdad que seas tan masoquista-me replica. Frunzo el ceño sin comprender.-No entiendo por qué quieres que te humille delante de toda tu familia-acaba, y con esas palabras y una sonrisa se mete en su cuarto.
Me ha vuelto a dejar sin palabras. Esto ya es algo personal.
Me dirijo a la cancha con despreocupación, cuando me alcanzan mis tios.
-Brooke, tenemos que hablar contigo-me miran con seriedad. Cuando les digo que sigan, me sueltan:-¿No te has preguntado qué relación guardamos con Nick y Paul?
-He dado por hecho que eran vuestros amigos o hijos de amigos-contesto sin comprender a donde quieren llegar.
-No les conocíamos de nada, pero al parecer tus padres sí.
Esa frase me congela la sangre. Soy incapaz de reaccionar. Mis padres...
-Esperan que, de algún modo, consigas sentir cierto afecto hacia Paul.-Se miran entre ellos antes de soltarme la bomba:- te han prometido con él.
¿"Prometido"? ¿En qué siglo estamos que ni siquiera se me permite elegir a mi marido?¡Acabo de cumplir la mayoría de edad! ¿Acaso no puedo decidir yo?
-¿Y Nick?-Tan solo puedo pensar en él.
-Viene a acompañar a su hermano.
Yo me quedo mirando el suelo sin verlo siquiera. No puede ser real. No veo a mis padres desde que tenía tres años y se creen con derecho a decirme con quién debo casarme. Por el amor de Dios, ¡esto es el siglo XXI! Yo debería decidir quién será mi marido.
Después de la rabia inicial y el rechazo hacia mis progenitores aparece todo lo que he aprendido en la escuela. Siempre he sido una persona complaciente y he aprendido en el St. Michel que tengo que hacer lo que mis padres me ordenan, que es por algo.
-De acuerdo-acepto al fin con la cabeza gacha.-Me casaré con él-miro a mis tios, que esperan una actitud rebelde por mi parte, propia de una adolescente llena de hormonas. Pero yo jamás me he podido permitir tener rabietas o ser inconformista.-¿Sabe él que estamos prometidos?
Mis tios asienten.
-Y ha aceptado gustoso.
Doy por finalizada la conversación y me dirijo a las pistas, donde me espera Nick con una raqueta en la mano, apoyado en la verja con despreocupación, y Paul a su lado, hablando con él muy interesado. Nick parece no escucharle, pero le veo asentir de vez en cuando.
-¿Listos?-les pregunto. Miro a Paul y le veo con otros ojos. La vida a su lado no será desgradable. Es atractivo, amable y educado. Luego miro a Nick y soy incapaz de imaginarlo como mi cuñado. Jugando con nuestros hijos o cenando en alguna reunión familiar.
Pero hay algo mucho peor de lo que tardo en darme cuenta. He tenido toda mi vida planeada. Jamás he vivido locamente, y lo más cerca que he estado de ello ha sido con la llegada de Nick. He estado toda mi vida cubierta con un disfraz que él se ha encargado de romper, haciéndome perder los papeles. Y ahora estoy prometida con su hermano y en la línea de salida para continuar con otra vida planeada, perfecta y sin sobresaltos, tranquila y rutinaria. Y ya no hay vuelta atrás. Con esto he perdido definitivamente la oportunidad de vivir aventuras, sin planes, sin decoro y sin limitaciones. Y sin amor. Porque de pequeña, mientras todas las niñas soñaban con príncipes y dragones, piratas y tesoros, yo soñaba solo con unos padres y una vida de verdad.
Paul va a ser la cárcel definitiva y yo me estoy entregando voluntariamente a una vida sin sentimientos.

jueves, 26 de mayo de 2011

Capítulo 11. Reto.

Se acerca a mí, apretándome contra la mesa de la cocina. Tengo su cara a pocos centímetros de la mía y me cuesta concentrarme en dónde estoy y de lo que estoy hablando. De repente, con una media sonrisa llena de burla, echa una mano por detrás de mí. El corazón me empieza a latir a mil por hora, a punto de salirse de mi pecho, pensando que me va a besar.
Pero en el último momento se aparta, y aparece con una bandeja en la mano.
-¿Ya te habías olvidado de a qué hemos venido?-se burla. Y con eso, sale por la puerta de la cocina hacia el jardín, dejándome con las ganas y con cara de idiota. Le sigo al jardín, recomponiéndome como puedo. Nos sentamos en la mesa, donde nos espera la mejor selección de vinos de mi tio, una ensalada, pollo al horno con salsa de naranja y de postre choucrotte de manzana.
Comemos apaciblemente el primer plato mientras me preguntan sobre mis estudios.
-Todo va muy bien, tengo una media de sobresaliente y no he bajado en ningún examen del nueve-les informo. Nick no puede evitar burlarse.
-Deben estar ustedes muy orgullosos de su sobrina-les dice a mis tios, pero mirándome a mí. Me meto un poco de ensalada a la boca, para callar las palabras que vienen de ella.
-Lo estamos, por supuesto-dice mi tia, apretándome el hombro. ¿Estarían mis padres tan orgullosos?
-Según he oido es la capitana del equipo de tenis y ganaron la copa nacional-continúa él.
-¡Vaya!-se asombran mis tios.-¡Es fantástico!
-Por no mencionar todas sus matrículas de honor y que es la delegada del colegio y jefa del comité-añade.-Su directora estaba muy orgullosa y estuvo relatándome toda su vida-aclara.
-Es una gran estudiante-sonríe mi tio. Yo miro en todo momento a Nick, que se empeña en hacerme el tema principal de la cena. No sé qué se propone con eso, pero es hora de que cambien las tornas.
-Vaya, precisamente la directora del internado alababa tu gran conocimiento del mundo. Te ruego les expliques a mis tios tus interesantísimos viajes-le digo. Nick parece divertirse aún más con nuestra encubierta pelea.
-Son tan solo visitas de turismo sin gran misterio-le quita importancia.-Sin embargo, yo estoy deseando saber cómo fue el partido de la final. Debió de resultar muy duro con tanta presión-deduce.-Aunque, por supuesto, el tenis ya no tiene ningún secreto para mí.
-Podríais jugar al tenis en las pistas de atrás de la casa-nos ofrece mi tia.-Tu tio y yo disfrutaríamos muchísimo viéndoos jugar-me dice. Yo no puedo sino aceptar, con el único fin de complacer a mis tios.
Nick y yo intercambiamos una mirada por encima de la mesa, retándonos. Me va a poner a prueba y lo sé. Pero va a ser pan comido. Le sonrío con suficiencia y me dirijo a su hermano, que sigue comiendo sin enterarse de nada.
-Paul, ¿vendrás a vernos jugar?
-Por supuesto. No disfruto con nada tanto como con un buen partido. Y estoy seguro de que es usted una gran jugadora de tenis.
-No me trate de usted, se lo ruego-le digo, sacando todo mi encanto. Para que Nick vea que si soy desagradable con él es porque se lo ha buscado y no porque sea mi naturaleza.-Y debo admitir que la victoria del equipo de tenis no fue gracias a mí, sino a las excelentes jugadoras con las que contaba el colegio-añado con modestia.-No se hagan demasiadas ilusiones, porque sentiré echarlas por los suelos.
-Estoy seguro de que entretenido será cuánto menos-dice Nick, masajeándose la barbilla, pensativo. Y no quiero saber en qué está pensando.

Capítulo 10. Paul.

-¿Nick?-pregunto sin acabar de creérmelo. No puede ser, mi pesadilla ha vuelto. Ahora entiendo porqué mi habitación está ocupada.
-¡Brookie!-dice con alegría burlona.
-¿Os conocéis?-pregunta el otro hombre. Aunque este sí que es desconocido del todo.
-Tuve el placer de conocerla en el colegio que me acogió cuando me perdí en Inglaterra-explica Nick.
-Brooke, este es Paul-nos presenta mi tia.
-Soy su hermano-me explica, tendiéndome la mano con una sonrisa. Se parecen un poco, pero mientras que Nick es arrolladoramente encantador, Paul es más sencillo y no tiene el enorme atractivo de su hermano, aunque es guapo de otra manera. Es castaño, también, pero tiene los ojos almendrados sin el rastro de burla que parece caracterizar a Nick.
Mis primos, que lo han observado todo, se acercan por fin a mí para saludarme. Primero el mayor de todos, Tim, que tiene 14 años y es el más inteligente. Es rubio con los ojos verdes y le apasionan los ordenadores y las ciencias. Cuando era más pequeño siempre me suplicaba que le llevase a cazar mariposa al campo que hay al lado de la casa.
Luego viene la más pequeña, Meryl, con 7 años. Es rubia con mechones castaños y extremadamente tímida. Viene corriendo y me da un abrazo. Fui la que la enseñó la película de la Sirenita y desde entonces me tiene mucho cariño. Al parecer se tira los dias cantando las canciones de la película y volviendo locos a todos.
Y por último la mediana, Anna, de 10 años. Es a la que más me costó ganarme. Pero cuando tenía 8 años la llevé a la playa para enseñarla a nadar, y aprendió a confiar más en mí, aunque no del todo.
-¿Así que estuviste en el colegio de Brooke?-le pregunta mi tia a Nick agarrándole del brazo y llevándoselo a la mesa donde vamos a comer. Todos la siguen y acaban dejándome a mí sola con Paul, ante lo que mi tia parece bastante complacida.
-¿En qué internado estudias?-inicia él la conversación mientras les seguimos a la mesa.
-Estudiaba en el St. Michel, en Inglaterra, pero este era mi último año.
Nick nos mira desde la mesa, con burla. Yo le devuelvo la mirada, sin acobardarme.
-Brooke, ¿podrías traer la bandeja que hay en la cocina?-me pregunta mi tia. ¿Para qué quiere que la traiga yo si Marita, la sirvienta, puede hacerlo? De todos modos, sigo la orden de mi tia y me dirijo a la cocina. Paul hace amago de levantarse para acompañarme, para gran placer de mi tia y algo mio, pero Nick se adelanta.
-Ya te acompaño yo-se ofrece, satisfecho de haber destrozado de antemano mi corto paseo con su agradable hermano. No digo nada, en un alarde de buenos modales y gran autocontrol. Nos dirijimos a la cocina y yo deseo no tener ninguna conversación. Pero Nick parece disfrutar toturándome, así que dice:
-Una casa preciosa.
-Espero que la disfrutes, ya que has ocupado mi habitación-contesto yo, dejándolo caer con frialdad.
-¿Era tuya?-se rie él.-Me extrañó el diario que encontré, pero no le di importancia.
Entonces lo recuerdo.Tengo un diario desde hace diez años que escribo tan solo durante el verano, ya que lo escondo siempre en Provenza y no me lo llevo al internado.
-No lo habrás leido...-digo perdiendo al compostura. Ese cuaderno contiene cosas realmente vergonzosas.
Nick asiente con burla. Ya estamos en la cocina, pero no quiero irme antes de zanjar el tema.
-Tan solo las tres primeras hojas. Por desgracia, me quedé dormido. Aunque no quiero decir que sea aburrido, no me malinterpretes. En absoluto. Es incluso más interesante que el libro que me estaba leyendo.-Tiene una amplia sonrisa que le ilumina la cara aún más que de costumbre. Se está riendo de mí sin ninguna contemplación. Pero es cierto lo que dice: se ha empezado a leer mi diario y tengo que recuperarlo antes de que vea algo realmente terrible.
-Lo quiero de vuelta-le informo.
-Te lo devolveré cuando lo acabe. Estoy disfrutando mucho.
-No recuerdo haberte dado permiso para leerlo-le replico.
-¿Cómo te iba a pedir permiso? Ni siquiera sabía que era tuyo. Aunque ahora que reconozco a la autora va a ser incluso más interesante.
-Dudo que sea mínimamente entretenido para un hombre de mundo como tú. Debe resultar como una historia dentro de otras muchas y, por supuesto, nada comparable a la tuya-intento ganármelo con educación para que me lo devuelva.
-Si no me dignase a conocer vidas menos interesantes que la mía conocería muy pocas-se jacta con media sonrisa. Le doy una patada a mis modales poniendo los ojos en blanco.
-Tanto alarde resulta insostenible.
-Muchos consideran la sinceridad una cualidad.
-Y la vanidad un defecto-le replico.
Entonces ocurre la única cosa que jamás pensé que sucedería.


Capítulo 9. La sorpresa en Provenza.

«Brooke» pone en el cartel que lleva el chófer que ha de recogerme a la salida del aeropuerto. Me dirijo a él con una sonrisa. Es un hombre mayor con un traje pulcro negro. Tiene la mirada perdida en el techo y casi me asusta que sea él el que coja el volante.
-Soy yo-le digo y me meto en la limusina que me conducirá hasta la casa de mis tios.
El viaje se me pasa volando, pensando en la sorpresa que me aguarda allí. La casa está a las afueras de la ciudad. Se encuentra en medio de un enorme viñedo que pertenece a la familia y que era el sueño de mi tio, que es un gran aficionado al buen vino. Es una enorme construcción de ladrillo rojo, luminosa y decorada con un gusto muy clásico propio de mi tia. Hay una habitación por cada miembro de la familia y el servicio, y por lo menos cinco de invitados. Cada una, por supuesto, con su respectivo baño.
Está dividida en tres pisos: el primero, con un gran salón donde mi tio cuelga a veces cabezas disecadas de animales que él mismo ha disecado y que yo no puedo decir que me agraden, una cocina donde trajina la cocinera y un enorme comedor preparado para más de 30 comensales; el segundo, donde se encuentran todas las habitaciones, incluida una sala de billar y otra de vinos; y el tercero, mi parte favorita de la casa. Nadie suele subir allí excepto, de vez en cuando, el servicio. Es una gran azotea cubierta por una zona y con un balcón por la otra, separadas ambas partes por un ventanal. En la habitación tan solo hay un sillón y montones de libros. Es como la biblioteca de la casa. Por suerte, ni mis primos ni mis tios son muy aficionados a la lectura, lo que me deja la parte superior de la casa para mí sola. Allí suelo pasar la mayoría del tiempo leyendo, en la parte cubierta si hace malo, y tomando el sol si hace bueno.
Cuando llego ninguno de mis tios se encuentra allí, así que me dirijo al cuarto que ocupo todos los veranos y me dispongo a organizar mis cosas. Pero al abrir el armario me encuentro con un montón de ropa de hombre ocupándolo. Abro los cajones y sucede lo mismo. Debe ser que mi primo ha decidido instalarse en mi habitación, aunque es demasiado grande para ser suya. Resignada, me dirijo con mi maleta a una de las habitaciones de invitados, que se encuentra contigua a mi antigua habitación, y me pongo a deshacer mis maletas.
No tengo tantas cosas. Solamente llevo toda mi ropa, que no es demasiada, papel y libros, para escribir y leer, mi neceser y algunos recuerdos de Inglaterra, como una estatuilla del Big Ben.
Al sacar los libros recuerdo a Mandy y a todas las personas del internado a las que prometí escribir. Se me antoja extraño haber vivido toda mi vida con ellas y ahora, de repente, no volverlas a ver. Pero no me apetece ponerme nostálgica, así que sigo ordenando mis cosas.
A la hora de comer, oigo voces en el pasillo de mi habitación y salgo para saludar y avisar de que ya he llegado. Además, quiero preguntar por mi habitación. Me encuentro a mi tio y a mi tia que me reciben con entusiasmo. Después de preguntarme por los estudios, mi salud y otras cosas ordinarias, me dicen que les acompañe al jardín, que tienen algo que enseñarme. La sorpresa, supongo.
Los jardines, perfectamente cuidados, están llenos de flores y frutos. Al fondo, un techo redondo sostenido por columnas blancas, alberga a un grupo de personas sentadas en sillas de madera.
Cuando llegamos allí, me doy cuenta de que hay dos personas más aparte de mis primos, dos hombres.
Pero, cuando se giran, toda mi ilusión desaparece.
-Brooke, este es Nick-nos presenta mi tia.

martes, 24 de mayo de 2011

Capítulo 8. La carta.

Tacho otro día en el calendario. Por fin. Ya estamos a viernes.
Una sonrisa vuelve a iluminarme la cara mientras salgo de la habitación para irme a desayunar.
Paso por mi escritorio a coger un libro y de encima se cae al suelo una carta. Me agacho a cogerla y veo que es para mí. Debe de ser de mis tios. Pero una rápida ojeada al remitente me descubre que no es de ellos, sino de mis padres.
El corazón me empieza a latir con fuerza dentro del pecho. ¿Por qué me han escrito después de tantos años sin dar señal de vida? La abro con manos temblorosas, temiendo lo que me pueda encontrar dentro.
Cuando tenía tres años mis padres me dejaron en este internado y no vinieron jamás a recogerme. El único medio para saber que existían era la suma de dinero que proporcionaban al colegio. Yo me esforcé en los estudios, los deportes y todas las actividades posibles, pensando que a lo mejor así se sentirían orgullosos y vendrían a por mí. Pero a mis diecisiete años lo más cercano que he tenido jamás a ellos han sido mis tios. La hermana de mi madre me acoje todos los veranos en Provenza junto a su marido y sus hijos pequeños. Y este verano, como todos, volveré a pasarlo con ellos antes de ir a la universidad.
Extiendo la carta ante mis ojos y comienzo a leer:

Estimada Brooke:


Esperamos que hayas pasado un fantástico último año en el internado St. Michel. Tus tios esperan verte este verano en Provenza, como siempre, aunque nosotros no podremos ir. Cuestiones de trabajo.
Aún así, te enviamos dinero adjunto a la carta para que puedas pagarte un viaje con todas las comodidades, y tengas algo para gastarte en Francia.
No olvides tus modales en Provenza, pues una sorpresa te aguarda.
Con nuestros mejores deseos,




                            Lorraine y Michael.

Escueta, fria y concisa. Parece una carta formal dirigida a una empresa más que a tu añorada hija a la que no ves desde hace catorce años. ¿"Estimada hija"? ¿No eran capaces ni de poner "querida hija"?
Ni siquiera iba a verles ese año tampoco. Miro la dirección del remitente pero solo salen sus nombres. Ni una calle, ni un número, ni una ciudad... No podré contestarles.
Y, ¿a qué viene ese misterio de la "sorpresa"? Mis tios seguramente lo sabrán, pero no quiero telefonear a otro país para semejante chorrada.
Salgo de mi cuarto dejándome la sonrisa dentro y me dirijo a desayunar sin ninguna prisa.
Pero la directora, de nuevo, me atrapa para que vaya a decirle a Nick que su taxi le espera fuera. Subo las escaleras con desgana. No me apetece volver a verle después de nuestro último encuentro, cuando le pillé con Estèle.
Llamo, como siempre, con los nudillos y esperó a que responda.
Me abre la puerta después de un eterno minuto de pisadas frenéticas detrás de la puerta. Me imagino a Estèle escondiéndose pensando que la que llama a la puerta es la directora. Al fin, Nick me abre la puerta con aire tranquilo.
-Tu taxi te espera-le digo. Y voy a irme, cuando oigo el ruido de alguien golpeándose contra la mesa en el interior de la habitación. Ese alguien suelta un agudo grito de dolor, que no identifico como la voz de Estèle. Una chica aparece frotándose la cabeza. Cuando se da la vuelta puedo reconocerla como una de las ayudantes de la cocinera. Es bastante mona, morena y con los ojos castaños, que me miran asustados.
-Por favor, señorita, no diga nada-me suplica.
-Me estoy cansando de cubrir tus fechorías-le digo a Nick, que permanece despreocupado.-Creo que olvidas los sentimientos de Estèle.
-Estèle tiene novio-me recuerda.
Yo alzo las manos, dándome por derrotada, y camino hacia el comedor.
Por fin, mis problemas se van.

Capítulo 7. Una desagradable sorpresa.

Después del baile no he vuelto a encontrarme a Nick, pero sé que anda por los pasillos a sus anchas. Quizá le he evitado inconscientemente, o quizá el destino no ha querido que nos cruzásemos. Pero todavía peligro de verle, estamos a miércoles y él no se va hasta el viernes.
Camino por los pasillos con decisión hacia la clase de historia. Pero la directora me intercepta cuando estoy a punto de llegar, reteniéndome a su lado.
-Brooke, ¿podrías avisar a Nicolas para que venga a mi despacho? Está en su cuarto. Siento molestarte, pero al ser la jefa del comité y la primera en conocerle, lo cargo bajo tu responsabilidad.
Me inclino y me dirijo por las escaleras a la habitación de Nick. Es increíble que ahora encima esté a mi cargo tal personaje. Después de tantos años de buena conducta para acabar así.
Llamo con los nudillos a la puerta, deseando irme ya de ahí. Oigo unos pasos al otro lado y la puerta se abre. Nick me mira con una sonrisa burlona y se apoya en el marco. Abro la boca para transmitirle el mensaje, cuando una vocecilla aguda me interrumpe:
-¿Brooke?
Por detrás de Nick aparece una pelambrera pelirroja que me mira con curiosidad: Estèle. Mi cabeza olvida las órdenes de la directora para centrarse en la imagen que se desarrolla justo delante de mis ojos.
-¿Estèle?-pregunto sin acabar de creérmelo.-¿Qué haces aquí?
-No me des lecciones de moral, Brooke-dice poniendo los ojos en blanco. Como si supiese lo que voy a decir y quisiese interrumpirme incluso antes de empezar.-No todas nos divertimos siendo unas santas.
-Dudo que la directora vea esto con buenos ojos-digo, pensando en lo que ha estado todos estos años intentando inculcarnos y que Estèle jamás escuchó. Pero nunca imaginé algo así.
-¿Se lo vas a decir?-pregunta en un grito, abriendo mucho los ojos.
-Por supuesto que no. No te he cubrido durante tanto tiempo con tu novio-digo intentando que se acuerde de Fred y de que está mal lo que está haciendo-, para que ahora te pillen y te expulsen por mi culpa.
Nick sigue toda la conversación desde el marco de la puerta con una sonrisa de burla. Se lo pasa realmente bien.
-La directora quiere verte en su despacho-le digo a él. Y acto seguido me voy, llevándome conmigo una extraña punzada en el pecho y en el estómago.
Cuando llego al final de la escalera y compruebo que no pueden verme salgo corriendo hacia mi cuarto lo que queda de camino. Me siento en el alféizar de mi ventana mientras un millón de lágrimas recorren mis mejillas. El cielo está despejado fuera y me invade una pueril sensación de enfado. Debería diluviar, nevar, granizar; no hacer sol.
Me limpio las lágrimas con rabia, haciéndome daño en las mejillas y los ojos. Pero nada es comparado al dolor que siento en el pecho, muy hondo e incurable. Y, sobre todo, totalmente desconocido.
¿Qué me pasa? Desde que Nick apareció la otra noche soy incapaz de controlar mis emociones. Pero se ha acabado. Pronto saldrá de mi vida para siempre y podré centrarme de una vez por todas en lo más importante: mi futuro.
Entonces, recuerdo a donde me dirigía antes de encontrarme con la directora. Miro el reloj: las 12 menos veinticinco. Llego tarde a Historia.
Salgo corriendo por los pasillos hasta llegar, resollando, al aula donde se imparte la clase.
Todo el mundo está en silencio y me mira cuando abro la puerta. Estèle ya está sentada en su sitio, mirándome con una pose altiva. ¡Incluso ella ha llegado antes que yo!
Mandy me mira frunciendo el ceño con preocupación y me susurra:
-¿Qué te ocurre?
-Me he dormido-miento, mientras me siento a su lado.
Es la primera vez que llego tarde en todos los años que llevo en este colegio. Y todo por culpa de Nick.


Capítulo 6. El baile

-Adelante, Brooke-me dice la directora. Yo aspiro profundamente, relajándome.
Ya hemos tomado el postre y es la hora de mi discurso, al que seguirá el baile.
Subo al estrado y me coloco el micrófono cerca de la boca. Todas las caras giradas hacia mí, en silencio.
-Diez años,-comienzo.-Mucho tiempo, ¿no? Algunas ni siquiera habíais nacido. Un internado con un equipo tan fantástico que de alguna manera nunca conseguía llegar a las semifinales siquiera. Pero la suerte cambió.
»He tenido el honor de formar parte del mejor equipo que esta escuela haya visto en su vida. Un equipo de chicas jóvenes, luchadoras, emprendedoras, generosas y que no se rinden ante nada. Porque basta con creer que puedes conseguirlo para conseguirlo. Y nosotras hemos creido. Porque mientras haya fe hay esperanza, y a nosotras nos sobra. Yo soy tan solo una pieza de un gran equipo y no merezco ningún mérito, así que miradlas a ellas. Porque son las verdaderas capitanas-acabo con una sonrisa. Bajo del estrado entre aplausos y ovaciones y vuelvo a mi sitio.
La pequeña orquesta dispuesta en una esquina comienza a tocar un ritmo rápido y festivo. (click para escuchar). Las chicas salen con sus parejas al escenario a bailar y divertirse, mientras yo las miro y rio.
-Un excelente discurso, Brooke-me felicita la directora.
-Gracias, señora-inclino la cabeza.
-¿No baila usted, Nicolas?-le pregunta la directora a Nick. Él me mira por encima de la mesa con una sonrisa descarada al decir:
-Solo si Brooke me concede el próximo baile.
"¡Nunca!", quiero gritarle. Sin embargo, hago alarde de modales al decirle:
-Te confieso que soy una penosa bailarina, y no querría que desperdiciases ni un minuto de la noche bailando con alguien como yo.
-Estoy seguro de que no será una pérdida de tiempo-dice. Parece tan agradable que me engañaría de no ser por la burla que esconde siempre en sus ojos.
-Baila con él, Brooke-me anima la directora. La tiene totalmente engañada con su apuesto rostro.
-Será un placer-accedo al fin con una sonrisa. Pero le miro con odio, para que vea la mentira de mis palabras, lo que le divierte aún más.
La canción acaba, muy a mi pesar, para comenzar una melodía suave y lenta. El piano acompaña al dúo del chico de la trompeta y la mujer de los violines, que incitan a un baile menos festivo y más serio. (click para escuchar).
Estèle baila con Fred muy juntos y Mandy con su amigo de la infancia, Rony. Nick se acerca a mi lado y me tiende una mano grande y fuerte, que me provoca un estremecimiento no tan desagradable. Yo la agarro mientras vamos al centro del escenario.
Me agarra de la cintura con una mano y con la otra coje mi mano, estirando el brazo. Yo pongo mi mano en su hombro, mientras nos movemos al lento ritmo de la música.
Estoy tensa y él lo nota, lo que le hace sonreir con burla. Dejo por lo menos treinta centímetros entre nosotros, que él advierte y, acercándome más a él, me susurra en el oido:
-Hemos avanzado de siglo, Brookie, ya no estamos en el siglo XIX.
Tenerle tan cerca no resulta precisamente más fácil, pero él complica aún más la cosa soltando mi mano para situarla en mi cintura, junto a la otra. Yo me sujeto en sus anchos hombros, quedándome totalmente pegada a él.
Todas las mujeres de la sala me miran con una mezcla de odio y envidia mal disimulado, y yo no puedo evitar sentir las piernas más flojas. Me agarro con más fuerza a sus hombros para evitar caerme, mientras inicio una conversación para distraerme y no pensar en lo cerca que lo tengo.
-¿Qué lugar de todos los que has estado ha sido el que más te ha gustado?-La voz me tiembla un poco y rezo por que no lo haya notado.
-Francia-responde sin dudar. Su voz suena en mi oido, provocándome un escalofrío y mayor temblor de piernas.-Está repleto de historia.
Yo asiento y continúo mirando su hombro, esperando el fin de la canción.
-Tus dotes de bailarina no son tan malos como decías-me halaga.
-Me esfuerzo por ello-contesto.
-¿Atacas a todos los hombres como haces conmigo?-se burla.
-Solo a aquellos cuyas intenciones resultan turbias-replico.
-Considero mis intenciones bastante claras, de hecho.
-¿Y cuáles son?-le pregunto.
La canción acaba justo en ese momento, con el acorde final.
-Besarte-se burla. Pero me mantiene pegada a él, a pesar de que la canción ha finalizado. Su boca está a la altura de mis ojos y me invade una extraña debilidad al notarlo.
Me separo de él y me dirijo hacia la mesa para disculparme. Acto seguido me dirijo apresuradamente a mi habitación, sin mirar ni una vez atrás, deseando alejarme cuanto antes del hombre que me ha hecho débil.

domingo, 22 de mayo de 2011

Capítulo 5. Disputa en el comedor.

-Según me han dicho ha viajado usted por muchos sitios, Nicolas-le dice la señorita Lend. Yo presto atención mientras finjo gran concentración en mi plato.
-Tan solo por Europa, América, algunos sitios de Asia y una vez a Oceanía-sonrie él.
-¡Vaya!-exclama la señorita Ryan con admiración.-¿Dónde ha estado usted exactamente?
-He estado en Francia, España, Alemania, Italia, Praga y Lituania. Luego decidí viajar por otros continentes, así que fui a Nueva York, a California y a México. Pero me apetecía algo más exótico. Así que me dirigí a la India, Japón y finalmente a Australia.-Todas las profesoras, incluida la directora, sueltan exclamaciones de admiración.
-Pero ha vuelto a Inglaterra-afirma la señorita McCartney.
-No hay nada como el hogar-dice Nick.
-Debió de empezar a viajar cuando era muy joven-le dice la señorita Lend.
-Cuando tenía 17 años, exactamente.
-¿Abandonó los estudios?
-Solo el último año-se encoge de hombros.- Opino que el mundo te enseña muchas más cosas que la escuela.
-Siento discrepar-intervengo antes de darme cuenta siquiera. Las palabras salen de mi boca sin pensar, sorprendiéndome incluso a mí. Las cabezas de todas las profesoras se giran hacia mí, con curiosidad. Nick me mira con una sonrisa burlona, alzando una ceja. Pero ahora que me he lanzado, no puedo detenerme.-Lo que te enseñan en la escuela es para que salgas preparado precisamente para lo que te enseña el mundo.
-El mundo tiene demasiadas cosas que enseñar como para que un colegio pueda hacerte ni una mínima idea de lo que hay ahí fuera-me contradice.
-¿Entonces dices que dejaste la escuela para aprender? Es irónico, ¿no es cierto?
-Dejé la escuela porque sentí que no me enseñaba nada-me corrige.
-Eso es un signo de prepotencia-le replico.
-O de sabiduría.
-El colegio está para ayudarte en la vida que llevarás cuando salgas.
-El colegio no me ha ayudado de ninguna manera.
-Pues yo creo que te ha ayudado más de lo que piensas.
-Me ha ayudado mucho más conocer otras culturas. ¿Has viajado alguna vez, Brooke?-me pregunta.
-He estado en Francia.-A su lado me siento como una idiota ignorante del mundo. Ojalá pudiese enumerar tantos destinos como él.
-¿Qué te ha enseñado Francia?-me hace reflexionar.
-Francés.
Las profesoras, que habían sido testigos de nuestra discusión con gran curiosidad, se ríen ante mi contestación. Miran a uno y a otro como si de un partido de tenis se tratara. En silencio y con expectación de quien ganará.
-A eso se le llama "estrechez de miras"-me explica Nick.
-O realismo-contraataco.-Mantengo mi idea de que para la enseñanza ya está la escuela y para seguir aprendiendo tienes que tener los conocimientos básicos que ésta te proporciona.
-Tu cabezonería es infranqueable-se divierte.- ¿Por qué te obcecas tanto en tus ideas?-se inclina hacia mí por encima de la mesa, como si intentase leerme la mente.
-Quizá porque son las correctas.
-No hay ideas correctas, tan solo subjetivas-me contradice.
-Pero desde la objetividad se puede decir cuál es la adecuada.
-En tu caso no eres objetiva, precisamente porque se trata de tus ideas.
-Mucha gente estaría de acuerdo conmigo respecto a mis ideas.
-Que haya mucha gente a favor no lo hace mejor.
-¿Y por qué tú te empeñas en llevarme la contraria?-le replico, entrecerrando los ojos.
-Has sido tú la que me ha corregido.
-Eso no habría sido así si el mundo te hubiese enseñado lo que he aprendido yo en la escuela.
-Hay cosas para las que la escuela no te prepara y de las que me puedo jactar de tener más experiencia.
-¿Por ejemplo?-le reto.
-El amor.-Eso me sorprende de verdad. Estaba preparada para todo menos para eso.-¿Estás enamorada, Brooke?-se burla. Me ruborizo, pero le mantengo la mirada. Se está riendo de mí.
-No-digo dispuesta a acabar con esta conversación.
-¿Y has estado enamorada?-continúa.
-No.
Lo cierto es que he estado siempre tan ocupada que no he tenido tiempo para los hombres. Jamás les he dejado entrar en mi mundo. Y ahora ha llegado uno que se ha empeñado en entrar y al que no puedo sacar.
-Precisamente porque eso es algo que jamás te enseñará la escuela-acaba.
Ha ganado. Y me cuesta, porque jamás nadie había conseguido hacerme dudar de mis ideas. ¿Esque se ha empeñado en cambiar toda mi vida?

Capítulo 4. La cena.

-Brooke, ¿qué opinas tú?-me pregunta Mandy.
-¿Sobre qué?-vuelvo a la realidad con un pestañeo. Han estado discutiendo sobre algo y yo he estado todo el rato pensando en Nick.
-Sobre organizar una cena en honor a Nick y a nuestra victoria con el equipo de tenis del internado.
Ese nombre me acompaña hasta en sueños. ¿Cómo se le ha ocurrido a la directora invitarle una semana más? Pero está un día aquí y ya se ha ganado a todo el mundo. ¡Incluso a la fría y seria directora!
-Sí, es perfecto-sonrio. Todos me miran preocupados. Normalmente soy yo la que está al tanto de todo, participando y aportando ideas.
-Entonces será esta noche-decide Mandy.
Empiezan a discutir sobre los diferentes platos que podrían preparar las cocineras y yo vuelvo a esconderme en mi mente.
-Brooke, la directora ha pedido que te sientes en su mesa. Estarás con Nick, la directora, la señorita Lend y la jefa de estudios. Luego tendrás que dar un discurso, ya que eres la capitana del equipo.
-Claro-digo. ¿Como voy a sobrevivir a una cena con Nick? Aunque es lo que implica ser la jefa del comité y delegada del colegio, además de capitana del equipo de tenis y ayudante en las clases de natación. Mi tiempo en este último año ha estado completamente ocupado, sin dejarme apenas respirar. Como tampoco me dejarían disfrutar de la cena. Y todo por un único nombre: Nick. Normal que no se admitiesen hombres en el internado. Se admite a uno y solo causa problemas.

Dos horas después aquí estoy. Miro el gran reloj que hay en la puerta del comedor. Las ocho de la tarde.
Por los grandes ventanales de la sala común puedo ver la lluvia que cae, bañando el bosque. Ya estamos en Julio pero, como siempre en Inglaterra, llueve y hace frio.
Observo mi reflejo en el cristal, buscando alguna imperfección. Mi pelo rubio ceniza por la cintura está ahora recogido en grandes bucles en un moño bajo. Mis ojos marrones con una pequeña capa de rímel que los hace más grandes y los resalta sobre mi pálida piel. Llevo un vestido blanco hueso que cae por encima de las piernas en un suave halo. El cuello en pico es igual por delante y por detrás, y deja ver un poco de mi espalda. Un lazo azul oscuro en la cintura le añade un poco de color al conjunto. En los pies llevo unos tacones formados por finas tiras azules como el lazo.
La directora llega, acompañada de un grupo de profesoras residentes. Poco a poco las alumnas van apareciendo, deslumbrantes con sus vestidos de gala.
-Brooke, ¿por qué no vas a buscar a nuestro invitado? La cena está a punto de comenzar-me dice la directora. Inclino la cabeza con respeto y me dirijo a las escaleras que llevan al ala derecha del internado. Llego a la habitación 517 y la golpeo dos veces con los nudillos. Me abre Nick con una sonrisa y la camisa desabrochada. Yo abro mucho los ojos y miro hacia otro lado, notando como mi cara adquiere un horrible tono rojizo, provocándole una carcajada.
-Vamos, Brookie, no es para tanto-dice riéndose. Yo frunzo el ceño, concentrándome en mirarle a la cara y no desviarme de ella.
-Estamos esperándote en el comedor, van a servir la cena.
Nick se abrocha la camisa lentamente, retándome con la mirada. Pero no he pasado toda mi vida aprendiendo como comportarme para que un idiota eche por los suelos mi compostura, como hizo ayer.
Acaba de vestirse y me sigue por la escalera hasta el comedor. Nos sentamos uno enfrente del otro, él acompañado a un lado por la señorita Ryan, la profesora de dibujo, y al otro por la señorita Lend, la profesora de literatura; mientras que a mi lado se encuentra Mandy y al otro la señorita McCartney, la profesora de historia.
La directora, que preside la mesa, llama la atención de todos, golpeando su copa con un tenedor.
-Hoy, celebramos dos grandes acontecimientos. El primero, que nuestro querido Nicolas se hospedará durante toda la semana en este internado. Es un muchacho encantador, como habréis podido comprobar, y nos puede enseñar muchas cosas. El segundo acontecimiento es la gran victoria de nuestro equipo de tenis, después de diez años sin llegar a las semifinales. Por ello, debemos darle las gracias a Brooke, que ha dirigido el equipo de manera excelente durante todo el año, llevándonos directos a la copa.
Todas aplauden y se giran hacia mí para felicitarme a gritos nada refinados. Yo inclino la cabeza con agradecimiento y modestia, alegando que todo el mérito es de las jugadoras, que yo no hice nada especial.
La cena comienza cuando traen el primer plato. Se trata de una ligera sopa con verduras. Y, con ella, traen un montón de sorpresas para la cena, que va a ser de todo menos aburrida. Sobre todo teniendo en cuenta la sonrisa burlona de Nick por encima de la mesa.

Capítulo 3. La peor noticia.

-Buenos días, Brookie-suena una voz detrás de mí. Me giro y me encuentro con lo que ya temía: Nick sigue aquí.
-Buenos días-digo educadamente. Ayer perdí los papeles, pero hoy voy a conservar mis modales.
No se me pasan desapercibidas todas las miradas de las otras estudiantes del colegio, que pasan cuchicheando y soltando risitas. Unas subiéndose la falda, otras le guiñan un ojo; pero todas le desean. Y a mí me envidian por estar con él.
Y creo que él también lo nota, pero no dice nada. O quizá está acostumbrado a despertar sentimientos y provocar desmayos allá donde vaya.
Inspecciona mi vestimenta con burla, como no. Llevo el uniforme del internado que consiste en una falda de tablas negra un poco por encima de la rodilla, según el reglamento; una camisa (también se puede elegir polo) azul clara con el escudo del colegio y un jersey encima también negro. Los zapatos negros y limpios, y los calcetines negros bien puestos.
-Me gustaba más el uniforme de ayer-se burla.
-¡Brooke!-me llama Estèle, viniendo a mi lado. Inspecciona a Nick y le sonrie mientras juega con su pelo. Solo se ha acercado a mí para poder atraer la atención de Nick. Pero eso me viene extrañamente bien.
-Estèle, te presento a Nick. Nick, esta es Estèle. ¿Por qué no le enseñas el internado?-la digo, como si se me acabase de ocurrir.
-¡Claro! Acompáñame-dice agarrándolo del brazo y alejándolo de mí.
Yo me giro y me dirijo hacia Mandy, que está sentada en un banco en el comedor, desayunando y leyendo el periódico.
-¿Quién era ese con el que hablabas?-me pregunta sin alzar la vista.
-¿Tú también te has fijado?-digo soltando un suspiro.
-¡Cómo para no verle!-suelta una carcajada. Y cambia de tema:-Hoy hay una reunión del comité de alumnos y delegados después de las clases. Vendrás, ¿no?
Asiento, contenta de no tener que pensar más en Nick. Estamos ya a principios de Julio y las tardes no tardarán en acabarse. El comité es el encargado de organizar el baile de fin de curso y yo, como presidenta de dicho comité, soy la encargada de supervisarlo todo. Habrá una cena, seguida de un baile con un cóctel y orquesta. Las alumnas podrán venir con acompañantes masculinos por una vez en todo el año y yo no tengo pareja. Aunque, por supuesto, no la quiero.
Pienso de nuevo en el verano que voy a pasar en Francia, en Provenza, un año más. Disfrutando de lo más parecido que tengo a una familia, con mis tios y mis primos.
Oigo la estruendosa risa de Estèle, que viene acompañando a Nick. Rezo por que no se sienten en nuestra mesa. Pero lo hacen.
-Brooke, ¿dónde lo has encontrado?-señala a Nick.- ¡Es realmente fantástico!
Se me revuelven las tripas de verles flirtear. ¿Celos? No, esas estupideces son impropias de mí. Me da igual con quien flirtee Nick. Estèle y él son perfectos el uno para el otro. Guapos y con un ego inmenso.
Sin embargo, sonrio y digo:
-Digamos que me encontró él a mí. Nuestro pobre Nick caminaba errante por el bosque y tuvo suerte de llegar al internado.
-¡Qué valentía!-exclama Estèle con admiración, agarrándole del brazo.-¡Caminar solo por el bosque! ¡Cualquier animal podría haberte atacado!
Nick se encoge de hombros con fingida modestia, pero no la mira a ella sino a mí. Como si pudiese leerme la mente... o el alma.
Jamás había conocido a una persona que me hubiese hecho perder mi perfecto autocontrol, pero Nick me ha demostrado que no soy inmune. Al menos, no a él.
-¿Cuánto tiempo te quedarás?-le pregunta Estèle, entusiasmada.
-Yo pretendía partir hoy mismo, pero vuestra directora me ha rogado que me quede una semana por lo menos, y disfrute de los fantásticos paisajes que hay por aquí.
Estèle suelta un grito de alegría mientras yo suelto uno de horror en mi fuero interno.

sábado, 21 de mayo de 2011

Capítulo 2. Un desconocido en el bosque.

Hace frío. La lluvia ha dejado un reguero de gotas a lo largo de todo el internado, y yo tengo que esquivar charcos con los pies descalzos que ya están llenos de barro. Mi blanco camisón casi no me cubre y deja colarse el aire helador del verano inglés. Me abrazo, encogiéndome en los escalones del internado. Miro hacia el frondoso bosque que se extiende ante mis ojos. Las paranoias empiezan a recorrer mi mente, advirtiéndome de peligros inexistentes: animales, atracadores, violadores... Un escalofrío, provocado más por el miedo que por el frio, recorre mi cuerpo. Miro a todos lados, asustada.
Una rama cruje, atrayendo mi atención. No me atrevo ni a respirar. Viene del bosque. Miro entre los árboles esperando ver aparecer un animal.
Sin embargo, es una persona la que se abre camino. Aunque, más que una persona, un dios griego. Alto, con el pelo castaño y corto, los ojos verdes y la boca en una media sonrisa. Va en manga corta como si el frio no fuese para él.
De la sorpresa estoy paralizada y no puedo ni preguntar quién es. Él me mira de arriba a abajo, pasando por mi fino camisón y mis pies sucios. Sin contar con mi pelo que debe de estar enmarañado.
-¿Qué haces aquí?-me pregunta él, parándose ante mí. No contesto. Él suelta una carcajada suave y se acerca más. Yo me echo hacia atrás. ¿Me va a atacar? Intento repasar los puntos débiles como nos enseñaron una vez en un cursillo. Tengo que atacarle donde más le duele: entre las piernas. Luego un puñetazo en la cara y salgo corriendo a golpear la puerta para que me abran.-¿Sabes hablar?-se rie.
-¿Quién eres?-le pregunto.
-Me llamo Nicolas, pero prefiero Nick-dice sin vergüenza.
-Me refiero a qué haces aquí-le corto.
-Pasear.
-¿Por los alrededores de un internado?-digo con burla.
-De acuerdo, me he perdido-admite, levantando las manos en señal de derrota.-Y me preguntaba si me podría albergar en este colegio.
-No se admiten hombres-digo con dureza. Eso le sorprende y le divierte. La sonrisa burlona no se ha borrado en ningún momento de su cara.
-¿Es un internado femenino?-Yo asiento.-¡Vaya suerte la mía!-se rie, mientras llama a la puerta con descaro. Unos pasos se acercan y la directora en persona abre la puerta. Al encontrarse a Nick abre los ojos con sorpresa y me mira, culpándome. He pasado de tener el mejor expediente del curso a ser peor que Estèle.
-Siento molestarla, señora-la dice educadamente. La sonrisa en su cara ya no está, y en su lugar hay una expresión angelical. Parece un chico acostumbrado a conseguir lo que desea.-Me he perdido en el bosque y me gustaría solicitar alojamiento tan solo esta noche.
-Por supuesto-dice de inmediato la directora, sorprendiéndome. Una nueva conquista para él y decepción para mí. La directora me mira, por suerte sin fijarse en mi aspecto desastroso, y me dice:-Entra, Brooke, tu castigo ha acabado. Acompaña a nuestro nuevo residente temporal a su habitación, en el ala derecha, la habitación número 517.
A regañadientes, entro por la puerta. Puedo ver la sonrisa satisfecha y burlona que Nick me dirije, y la correspondo con una mirada furiosa.
-Claro, señora-contesto, sin embargo. Me tiende la llave de la habitación y yo le hago un gesto a Nick para que me siga.
-Vaya, Brookie, ¿por qué te han castigado?-me pregunta, riéndose.
-Una injusticia, nada más-respondo con sequedad.
-Claro que sí-asiente.-Tú jamás harías algo malo, ¿no es cierto?-se rie.
Me giro rápido, y él no para a tiempo, a pesar de poder, quedándose muy cerca de mí. Tan cerca que noto su cuerpo contra el mio y tengo que alzar la cabeza para mirarle a sus increíbles ojos verdes.
-No tienes ni idea sobre mí-susurró.- Solo eres un idiota pretencioso cuyo ego sobrepasa los límites del internado. Te ríes de todo y te crees inmune, ¿no es cierto? Pues no lo eres.
Él vuelve a reir, y no puedo evitar mirar su boca, a la altura de mis ojos, que ha vuelto a formar una sonrisa.
-Claro que te conozco, Brookie-me dice.- Eres el prototipo de chica de este internado, ¿no es cierto?. Buena, moldeable, modesta, inocente, generosa, estudiosa, con una actitud intachable y, sobre todo, sumisa.
-¿Sumisa?-entro en cólera.-¡Créeme que no me voy a dejar someter por un idiota como tú!
-Ya veremos-dice quitándome la llave de la habitación e invitándome con un amplio gesto del brazo a pasar.
-Buenas noches-digo alejándome. Espero que mañana esté fuera de aquí y de mi vida.

Capítulo 1. Estèle y Mandy.

-Atiende, Brooke-reclama mi atención la señorita Lend.
Dejo de mirar por la ventana a la lluvia que cae y me fijo en la pizarra. Hay escritas un montón de palabras en francés, traducidas al lado al inglés. Apunto las palabras en mi cuaderno con letra esmerada, aunque ya me las sé. No en vano paso todos los veranos en Francia en casa de mis tios.
El timbre suena y salgo corriendo por la puerta, empapándome con la lluvia que moja las oscuras paredes del internado St. Michel. Paso la puerta de arco que conduce a las habitaciones y me dirijo directamente a la que comparto con Mandy, mi mejor amiga, y Estèle, una insoportable chica francesa con complejo de superioridad.
Me meto en la ducha y dejo que el agua contrarreste a la lluvia. Pienso una vez más como sería mi vida de no tener que vivir aquí. Hace tantos años que estudio durante todo el año en este internado, que ya no recuerdo lo que es vivir con unos padres que me quieran. Hace tantos años que no sé lo que es una familia...
Salgo de la ducha y oigo como la puerta de la habitación se abre, dejando llegar hasta mis oidos la irritante voz de Estèle.
-¡Vamos, Mandy!-exclama.- Te prometo que no te pillarán.
-Lo siento, Estèle, pero no me arriesgo a que me castiguen. Debo mantener mi expediente impecable.
Estèle le esta pidiendo a Mandy que la cubria cuando salga esta noche. Yo ya conozco la rutina de los jueves de Estèle: se escapa por la ventana mientras su novio, Fred, la espera en su moto, un poco apartado de la escuela. Fred es un idiota lleno de testosterona que no sabe divertirse sin alcohol.
Pero necesita la ayuda de una de nosotras para que la ayudemos a subir por la ventana cuando vuelva y la cubramos ante las profesoras.
Desde que una vez casi pillaron a Mandy y a Estèle, Mandy se niega a ayudarla. Así que esta noche me toca a mí ayudarla. Porque, aunque sea insoportable, Estèle sigue siendo nuestra compañera.
-No os preocupeis, yo te ayudo-digo saliendo del baño. Estèle no me da ni las gracias, pero ya me he acostumbrado. Se va a mirarse al espejo con una sonrisa de suficiencia en la cara.
Estèle es bajita, pelirroja y con el pelo liso hasta la cintura. Lleva un flequillo recto que la cubre la frente y la da un aspecto más dulce. Pero sus ojos, azules y frios, contrarrestan esa sensación de calidez. Tiene mucho dinero, como cualquiera que estudie en este gran internado, pero ella lo usa para pavonearse por ahí y comprarse ropa que las monjas no estiman precisamente. Es fria, frívola, condescendiente, egoísta, astuta, calculadora y prepotente. Pero también extremadamente guapa, lo que atrae a un montón de chicas tan superficiales como ella misma.
Pero yo siempre he pensado que es una mera tapadera para ocultar los verdaderos sentimientos, para protegerse del resto del mundo haciéndose pasar por una diosa invencible.
Y por otro lado estamos Mandy y yo. Las mejores de la clase, con una media de nueve y medio. Somos tan parecidas que conectamos en el mismo instante de conocernos.
Nos encontramos por primera vez cuando nos asignaron el primer año la misma habitación del internado. Bien es cierto que yo soy más dada a concederle el beneficio de la duda a todo el mundo, a las segundas oportunidades y a los pensamientos positivos de todo el mundo; lo que muchas veces conlleva grandes decepciones. Mandy es más observadora y lo ve todo con realismo, aunque con gran sentido del humor.
Tenemos las mismas aficiones: el tenis, la natación, la lectura y la comida francesa. Pero jamás coincidimos en la música. Ella prefiere canciones alegres como la Marcha Radetzky de Strauss, o la primavera de Mendelssohn. A mí, sin embargo, me gusta pensar acompañada de melancólicas melodías como Claro de Luna de Beethoven o Tristeza de Chopin.
A pesar de todo, siempre he considerado a Mandy como la hermana que nunca tuve, como mi apoyo y mi confidente.
-Tiene que volver ya-dice Mandy mirando el reloj de la pared. Son las doce de la noche y hace dos horas que he ayudado a Estèle a bajar por la ventana.
Me asomo y veo el faro de una moto a lo lejos. Respiro con alivio. Pero no dura mucho, pues menos de dos segundos después empiezo a oir pasos por el pasillo. Pasos planos, pesados y decididos. Los pasos de una profesora que va revisando habitaciones.
Miro de nuevo al bosque y no veo la moto. Los pasos más cerca. El peligro de ser descubierta recorriendo mis venas.
-¡Brooke!-me llama Estèle desde abajo.
-¡Sube! ¡Están revisando habitaciones!- Estèle empieza a trepar la enredadera que lleva a nuestra habitación. Yo la espero en la ventana, con medio cuerpo fuera para ayudarla. Pero los pasos no se detienen.
De repente se paran. Justo delante de mi puerta, que se abre. Una profesora aparece en el umbral. Estèle se pega a la pared de fuera del edificio para no ser descubierta.
-¡Brooke!-dice con sorpresa.-¿Qué haces en la ventana?
-Nada-es lo único que puedo contestar. No estoy acostumbrada a tener que mentir, así que no se me ocurre nada mejor que pueda explicar lo que estoy haciendo.
Suelta un suspiro entre cansado y decepcionado.
-Te voy a tener que castigar por intentar escapar por la ventana.- No puedo delatar a Estèle, así que tengo que asumir el castigo. Bajo la cabeza mientras acompaño a la profesora escaleras abajo.
-Pasarás dos horas fuera reflexionando-sentencia la profesora, cerrándome la puerta del internado en las narices, y dejándome a merced del mundo.