domingo, 26 de junio de 2011

Capítulo 25. Otro corazón roto.

-Brooke-me llama mi tia.-¿Te ha dado ya Nick la noticia?
-Sí, ya me lo ha dicho-la contesto. Un suave viento sopla, aliviando el sofocón que produce la estación estival en Provenza. El pelo mojado chorrea por mi espalda, empapando mi fino vestido blanco.
-Es una pena-dice mi tio mientras pasa una página del periódico.
-Se va a Croacia-le informa mi tia.-Un país precioso. Deberíamos ir nosotros también.
-Ummm...-asiente mi tio mientras pasa otra página.
-Pobre Estèle-continúa mi tia.
-¿Por qué?-la pregunto sin comprender.
-Ella quería ir con Nick, pero él no la ha dejado. Dice que probablemente se quede allí un año y no quiere que ella desaproveche la oportunidad de instruirse en una buena universidad.
Yo siento una inexplicable alegría al saber que no van realmente en serio. Al menos por parte de Nick.
-Debe ser agradable vivir cada año en un lugar diferente-aporta mi tio su opinión, cerrando por fin el periódico.
-A mí me parece terrible-le contradice mi tia.-No querer echar raíces en un lugar concreto siendo tan joven...
-Al revés, mi querida Elizabeth. Echa raíces en tantos sitios que se acostumbra a cualquier cultura. Eso proporciona una amplitud de miras que debería poseer cualquier joven.
-Pero siempre hay un lugar que debes considerar tu hogar-dice mi tia.
-Ya encontrará su hogar. Cuando se case y tenga hijos. Entonces no podrá seguir viviendo como un nómada. Lo niños necesitarán un lugar fijo. Y él se decidirá a asentarse en algún lugar.
Me pregunto dónde. ¿Lejos de mí? ¿Y si decide asentarse en Asia? ¿O en América?
Mis tios dejan la conversación y yo me despido para irme a duchar y a cambiarme.
Me meto en la ducha y me doy una rápida ducha de agua fría que me convence de que no estoy soñando. Que me voy a casar, que Nick se va...
Salgo y me pongo un vestido beige corto, apretado en la cintura por un lazo gordo marrón.
Estoy mirándome al espejo cuando oigo un ruido en la casa de al lado. Aguzo el oido para ver si lo vuelvo a escuchar. El ruido vuelve y me doy cuenta de que es un sollozo que alguien intenta contener. Y viene de la habitación de Estèle.
Me dirijo a su habitación y abro la puerta con suavidad.
-¿Estèle?
-Vete-dice girándose hacia la ventana para que no pueda verla la cara. Yo ignoro su rechazo y me siento a su lado, posando una mano en su hombro.
-Estéle, habla conmigo-la digo con suavidad.
-¿Y qué quieres que te diga?-pregunta mirando al techo y secándose las lágrimas.
-¿Qué sucede?
-¿Que qué sucede?¡Que Nick se va!-exclama como si fuese una niña tonta.-Y no me deja ir con él.
-A lo mejor es porque piensa que te mereces algo mejor-la sugiero.
-¿Qué hay mejor que él?-me contesta, poniendo los brazos en jarras.-Pero él y yo sabemos que no es esa la verdadera razón-me dice, mirándome por fin.
-¿Y cuál es?-la pregunto muerta de curiosidad.
-Hay otra. Estoy segura de ello.
Eso me sorprende de verdad. ¿Otra? ¿Y si no se marcha para alejarse de mí como ha dicho, sino para ver a otra o fugarse con otra?
-Hay más peces en el mar, Estèle-intento tranquilizarla. Pero tengo un nudo en la garganta que no me deja respirar bien.
-¿Y tú qué sabes?-me chilla de repente con acusación.-¡Tú te vas a casar!-Se vuelve a tumbar boca abajo en la cama con el pelo tapándola la cara. Y me pide con voz ya calmada:-Déjame tranquila, por favor.
Siento lástima por Estèle, que se ha unido al grupo de los corazones rotos por Nick. Un grupo que seguramente cuente ya con decenas de mujeres. Un grupo al que me niego a pertenecer.
Salgo de la habitación, cerrando la puerta con suavidad detrás de mí. Me tumbo en mi cama y abro "Orgullo y prejuicio", dispuesta a olvidarme de mi vida durante un par de horas.

viernes, 24 de junio de 2011

Capítulo 24. La despedida.

-Nick...-le advierto. Él se acerca aún más.
-Dime, Brookie.
«Brookie»... Se está riendo de mí.
-¿Qué vas a hacer tú?-vuelvo la pregunta contra él.
-Marcharme-me contesta de improviso.
-¿Te vas?-le pregunto, sorprendida.-¿A dónde?
Él se encoge de hombros y se aleja hacia el centro de la piscina. Al contrario de lo que esperaba no me siento más libre, sino más vulnerable. Y me sorprendo deseando que vuelva a rodearme con sus brazos.
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo y dejo de tener calor a pesar de estar en Agosto con una temperatura de 36 grados.
-Croacia. Siempre he querido visitarla y he decidido ir de una vez.
-¿Cuándo?-Mi voz suena débil y temblorosa, pero soy incapaz de controlarla.
-Mañana.
-¿Y por qué?-acierto a decir tan solo en un susurro.
Se vuelve a acercar y a poner sus brazos rodeándome.
-Porque creo que es mejor alejarme de aquí. Te vas a casar con mi hermano. Yo tan solo estorbo.
El corazón se me encoge al darme cuenta de que no volveré a ver a Nick hasta quién sabe cuando.
-¿Vendrás a la boda?-le pregunto con un hilo de voz.
-Lo dudo. Sería incapaz de alegrarme por vosotros-me confiesa. Yo le miro a los ojos y él me devuelve la mirada en una conversación no verbal en la que compartimos más secretos que nunca. No podría perder sus preciosos ojos verdes. ¿Cómo sobreviviré?
-¿Cuándo te volveré a ver?-me atrevo a decir.
-Quién sabe... Quizá en un año, o quizá más.
Se me olvida del todo seguir moviendo los pies y empiezo a hundirme. Es tal el vacío en mi mente después de sus palabras que ni me doy cuenta. Hasta que pasa un brazo alrededor de mi cintura y me mantiene sujeta entre el bordillo y su cuerpo.
-¿Qué me vas a dar como despedida?-susurra mientras acerca su boca a la mía. Yo no me molesto en apartarme. No tengo ni espacio, ni deseos.
Su beso, lento y delicado, hace que me olvide de todo por un momento. Paul, la boda, mis padres, Estèle, el internado… y olvide que con este beso estoy traicionando a mi futuro marido con su hermano.
Tan solo puedo recordarle a él, darme cuenta de que es el último beso y que mi prometido jamás me besará así. Que con él no me estoy despidiendo solo de una persona, sino de una vida entera, un futuro, un sueño.
Y me doy cuenta de que se acabó definitivamente. Que es hora de dejar de soñar y volver a poner los pies en el suelo, como solía hacer. Que el huracán ha amainado y las cosas vuelven a ser igual. Al menos por fuera, porque dentro de mí ya nada es lo mismo.
Pero yo tan solo pienso en el beso. Ni siquiera pienso. Siento, por una vez en mi vida. Me despido de todo pensamiento racional para abandonarme a él.
Nick sube las manos por mi espalda hasta pararse en el tatuaje. Yo siento como me arde la piel con su contacto pero eso solo hace que me apriete más contra él. Enredo la manos en su pelo y las dejo ahí, atrayendo su cara aún más a la mía.
Cuando me separo de él, muy a regañadientes, me tengo que contener para no volver a besarle. Pero es el sentido común el que me llama. ¿Y si apareciese alguien por la piscina y nos pillase?
Nick me suelta y se aparta a un lado. Se apoya en el bordillo y se impulsa con sus fuertes brazos para salir. Yo le observo como camina para coger su camiseta y marcharse con tan solo un "adiós".
Está fuerte, con la señal de haberse pasado más de una tarde en el gimnasio. El bronceado ligeramente tostado de su piel le sienta bien y las gotas resbalan por todo su cuerpo.
Yo solo me atrevo a salir una vez se ha ido. Me seco con una toalla y me quedo mirando el agua mientras medito. Pero solo una terrible pregunta aparece en mi mente: ¿Y si no le vuelvo a ver?

jueves, 23 de junio de 2011

Capítulo 23. La piscina.

-¿Puedo?-me pide permiso desde el marco.
-Adelante-digo fingiendo mi mejor sonrisa.
-¿Qué tal te encuentras?-me pregunta sentándose a mi lado.
-He tenido días mejores-le contesto.
Él se inclina sobre sus piernas y apoya los codos en sus rodillas. Mira al suelo con el ceño fruncido, como si algo le preocupase.
Al final se vuelve hacia mí y coge aire como si necesitase reunir coraje para decirme:
-Siento si he hecho algo indecoroso o te he incitado a un mal pensamiento. No era mi intención, créeme, nada más lejos de mis propósitos.
Yo le miro con lástima sin poder decirle lo que realmente sucede. Que no es él, sino yo, que no paro de pensar en su hermano. Veo como el simple pensamiento de haberle asustado le está torturando por dentro y le agarro la mano.
-No has hecho nada, Paul, esque este calor me sienta realmente mal.
Es la peor excusa que le he dado a alguien en mi vida entera, pero parece que le anima. Sale sonriente de mi habitación, contento por la idea de que haya sido el calor y no él el causante de mi jaqueca.
Después de una hora tirada en la cama y sabiendo que no me va a servir de nada compadecerme de mí misma, me decido a ponerme en pie para salir a tomar el aire. Se me ocurre la idea de ir a la piscina y me pongo el biquini con un vestido sencillo blanco encima para irme a dar un chapuzón.
Llego a la piscina albergando la esperanza de que no haya nadie, pero veo una camiseta tirada en una silla, unas zapatillas en el bordillo y presiento quien está ahí.
Nick me mira apoyado en el bordillo de la piscina con tranquilidad.
Desde que le dijese esa mañana que me hacía sentir como debía hacerlo Paul no hemos vuelto a hablar. Mi tia entró en mi habitación con una toalla húmeda en ese momento y él tuvo que irse.
Me meto en la piscina y me pongo a dar largos por el lado contrario al que él está. Cuando saco la cabeza del agua en la parte honda de la piscina, no me atrevo a mirar a Nick, que está en el otro extremo del agua.
-¿Piensas evitarme para siempre?-me pregunta.
-Sólo mientras pueda-le contesto.
Él se acerca nadando con rapidez y bastante estilo hasta quedarse a mi lado. Apoya los brazos uno a cada lado de mí para impedirme salir, y a mí casi se me olvida mover los pies para no ahogarme.
-Pues ya no puedes-susurra muy cerca de mí.-¿Qué piensas hacer ahora?

miércoles, 22 de junio de 2011

Capítulo 22. Confesiones.

-¿Se te ha pasado?-me pregunta Estèle entrando en mi habitación con cautela.
Yo estoy tumbada boca abajo, apretando la cabeza con fuerza contra la almohada, a la espera de que eso de algún modo me borre todos los recuerdos y arregle mi vida. Me siento en la cama y me seco las lágrimas con el dorso de la mano sin que me vea. No me haría ninguna gracia tener que empezar a dar explicaciones. Estèle se sienta a mi lado y me mira con tristeza. Yo no me contengo y la digo:
-Estèle, ¿por qué eres tan amable?
Eso la hace mirarme con otros ojos, casi culpables.
-Siento haber sido tan brusca contigo en el internado. Supongo que te prejuzgué y no me molesté en conocerte bien. Pero estando aquí me he dado cuenta de que debes ser muy especial porque Nick ha descubierto algo asombroso en ti y estoy segura de que merece la pena conocerlo.
-¿Nick?-pregunto confundida. La voz me tiembla al pronunciar su nombre. Ella asiente y al ver mi cara de confusión pone los ojos en blanco.
-¡No me digas que no te has dado cuenta!-exclama como si yo fuese un caso perdido. Y luego niega con la cabeza.- Debes estar ciega, Brooke, para no ver como te mira.
-¿Cómo me mira?-susurro casi con temor de preguntarlo. O con miedo de oir la respuesta.
-Como si fueses un ángel o algo caído del cielo.-Luego lleva los ojos al techo, divertida.-Si yo fuese un poco celosa ya estaría subiéndome por las paredes. Por suerte, no lo soy. Y, por suerte también, tú te vas a casar.
«Así te quitarás de en medio de mi camino» es lo que quiere decir. La misma Estèle de siempre. Avariciosa, egoísta y resistente.
Se pone de pie con una sonrisa feliz y se pone a cotillear por todo mi cuarto. Empieza a parlotear, mientras mira en todos los cajones, sobre la boda y todos los adornos, los preparativos, el traje, los invitados y la disposición de las mesas.
Yo finjo que la escucho y asiento cuando me mira para que crea que sigo el hilo de la conversación. Pero en mi cabeza no paro de preguntarme sobre lo que ha dicho.
Que yo sepa Nick no me mira de ninguna manera especial, tan solo se divierte conmigo. Pero ya le he dicho que deje los juegos. Por el amor de Dios, ¡me voy a casar con su hermano! Pero supongo que para él supone una gran diversión acabar con la educación de una mujer perfectamente controlada como yo.
Y luego lo de los celos. ¿Por qué habría Estèle de estar celosa? No soy un rival a tener en cuenta para ella y nunca lo he sido. Y ella lo sabe perfectamente. En todos estos años con ella en el internado jamás he descubierto el menor indicio de flaqueza en su enorme ego. Un ego mucho mayor que el de Nick. Por lo menos algo tienen en común.
Me pregunto si soportaré estar casada con Paul mientras Estèle sale con Nick. ¿Y si se prometen? ¿Y si se casan? ¿Y si tienen hijos? ¿Soportaría verles a los dos juntos en las reuniones familiares?
Por fin, Estèle se cansa de cotillear y se despide con sus deseos de que me reponga, saliendo por la puerta. En cuanto la cierra yo me tiro de nuevo contra la almohada con un dolor de cabeza aún más fuerte que el anterior.
Pero presiento que no va a hacer más que empeorar cuando la puerta se abre de nuevo y aparece Paul.

Capítulo 21. Conciencia.

Me levanto de la mesa del desayuno para ir a pasear con Paul.
«¿Por qué todavía no me ha besado?», me pregunto mientras le agarró del brazo y nos alejamos del resto de los habitantes de la casa.
-¡Qué bonita está Provenza en verano!-dice Paul con alegría.
-La mejor época del año, desde luego-le sonrío.
Nos paramos detrás de la casa, cerca de la piscina, y Paul se gira para mirarme de frente.
-¿Puedo besarte?-me pregunta con timidez. Yo asiento, pero la sonrisa me flaquea. Y cuando por fin me besa, no es en él en quién pienso.
Nick jamás me habría pedido permiso, me hubiese besado como si se creyese con derecho. Tampoco me había pedido permiso para robarme el corazón.
Porque Paul es un caballero y me pide permiso. Es perfecto, galante y educado. Pero quería pelearme, que me hiciese de rabiar y se burlase de mi seriedad. Quería que me besase porque quería hacerlo, no porque tuviese mi permiso.
Cuando se separa y me sonríe no soy capaz de hacer nada. Ni siquiera sonreir.
-¿Te encuentras bien?-me pregunta, preocupado.
-Solo estoy cansada- le contesto con una sonrisa que no transmite alegría en absoluto.-Si me disculpas, creo que voy a volver a dormir.
Me alejo de él para regresar a mi habitación. No quiero que vea lo decepcionada que estoy. No quiero que se dé cuenta de que lo comparo con su hermano. Y no quiero que sepa que no he sentido absolutamente nada cuando me ha besado.
-Brooke, ¿a dónde vas?-me pregunta Estèle cuando me cruzo con ella de camino a mi habitación. Nick va a su lado y me mira con curiosidad. Yo no puedo mirarle a la cara y me concentro en mi antigua compañera.
-A mi cuarto. Tengo jaqueca.
Me quito el caro vestido de seda beige que me compré en Inglaterra, para meterme en la cama con el pijama. Hace calor y empiezo a sudar, pero por lo menos ahí estoy a salvo del mundo. Y a salvo de los hombres y los sentimientos.
-Tenemos que hablar-dice Nick irrumpiendo en mi habitación y cerrando ls puerta tras de sí para que nadie nos moleste.
Yo me tapo todo lo que puedo con la sábana y le reprocho con frialdad:
-No es de buen gusto entrar de ese modo en el dormitorio de una mujer.
-Al cuerno el decoro-susurra. Se acerca a mi cama y se sienta en una silla que hay al lado.-¿Qué quisiste decir con eso de "se acabó el juego"?
-Que ha terminado. No puedes coger y besarme sin más. No cuando estoy prometida con tu hermano. Ni puedes llevarme a bares por la noche o ponerme un tatuaje.-Me tumbo boca arriba, con las sábanas hasta la barbilla, mientras miro el techo. Me siento incapaz de mirarle directamente.
-No te obligué a hacer nada. Siento haberte hecho vivir en dos días lo que no has vivido en toda tu vida. Siento que toda tu vida se te haya escondido todo un mundo y por fin alguien te lo haya descubierto-dice irritado.
-No... No se trata de eso-susurro entre lágrimas. Él se acerca a mi lado y me limpia una lágrima con el pulgar.
-Entonces, ¿de qué se trata?-me pregunta también en un susurro. Por fin le miro a los ojos al contestar:
-Que no puedes hacerme sentir como debería hacerlo mi prometido.

Capítulo 20. Game Over.

-¿Cómo te va el omóplato?-me pregunta Nick, sentándose en el sofá de enfrente. Yo cierro el libro que estaba leyendo.
-Bastante bien-le contesto, llevándome una mano al lugar donde me han puesto esta misma mañana la marca de mi verdadera vida.
Cuando llegué a casa de mis tios tuve que evitar cruzarme con ellos y correr a mi cuarto para ponerme una camisa holgada que tapase la marca del delito.
Miro por la ventana y me doy cuenta de que he estado tan absorbida en mi libro que no me he dado cuenta de que ya ha anochecido.
Mis primos están con su cuidadora mientras mis tios, Paul y Estèle han salido a hacer unas compras para la boda. Estèle está realmente ilusionada con elegir los adornos, como si fuese su propia boda. Yo agradezco su entusiasmo, pero me parece un tanto extraño dada la frialdad de nuestra relación mientras estábamos en el internado.
-No sé como pudiste convencerme de hacérmelo-admito, negando con la cabeza, pero con una sonrisa.
-Soy muy convincente-me dice, inclinándose hacia mí.-Es parte de mi encanto.
-Oh, vaya, Mr. Labia-me río, inclinándome yo también.-Su ego no ha cambiado mucho.
De repente soy consciente de lo cerca que se encuentra su rostro del mío. Con naturalidad, casi como si todas las fuerzas del universo me incitasen a ello, mis ojos bajan la mirada para posarse en sus labios. Él se acerca más sin apartar la vista de mí. Y cuando apenas hay distancia que nos separe y mi corazón late tan rápido que siento que resuena por toda la habitación, aparece Meryl.
Nick y yo apoyamos la espalda en el respaldo con rapidez, fingiendo que no ha ocurrido nada. Yo abro mi libro por cualquier hoja y él finje mirar por la ventana.
-Nick, ¿me ayudas a buscar mi muñeca?-dice mi prima. Su actitud es normal y no parece que haya visto nada.
-Claro-dice Nick. Veo como se alejan los dos de la mano por el pasillo y en ese momento me permito ruborizarme.
¿Qué me pasa? Se supone que estoy prometida, ¿no? La primera vez que Nick me besó me pilló por sorpresa, pero no voy a volver a traicionar a Paul. Me voy a casar y tengo que serle fiel. Nick está jugando conmigo, como con todas, pero yo me voy a casar con su hermano, así que tengo que ponerle fin al juego.
¿Qué pensarían mis padres? Ellos quieren que me case con Paul y debo obedecerles, quieren lo mejor para mí. Jamás aprobarían el tatuaje que me he hecho. No sé como he podido hacerlo, ha sido una locura.
Oigo los pasos de Nick dirigiéndose de nuevo hacia el salón, donde estoy sentada. Se para en la puerta y se apoya en el marco para mirarme con una sonrisa burlona. Yo finjo gran interés en el libro aunque no puedo concentrarme lo suficiente para leer lo que pone.
-Está al revés-me dice Nick.
Yo pongo el libro del derecho con fastidio, sin mirarle siquiera. Él se acerca a mí y se sienta enfrente, como antes.
-¿Qué sucede?-me pregunta con el ceño fruncido por la preocupación.
Yo suspiro, cerrando el libro.
-Se acabó el juego, Nick.
En ese momento aparecen mis tios, acompañados por Pau y Estéle en el salón.
-Sentimos el retraso-se disculpa mi tia. Sonríe y se dirije a la cocina.-¿A quién le apetece cenar?
-¿Qué tal el día, cariño?-me pregunta Paul sentándose a mi lado y pasando un brazo por mis hombros. Yo miro a Nick con disimulo, que me mira sin ningún reparo. Finalmente se levanta para salir de la habitación e ir a buscar a Estèle.
Sin querer, Paul toca mi omóplato, provocándome un intenso dolor. Suelto un quejido y él aparta el brazo corriendo.
-¿Te he hecho daño?-me pregunta, preocupado.
-No, esque me he dado un golpe esta mañana-le miento, levantándome del sofá.
Salgo rápido del salón antes de que mis lágrimas delaten que no es un dolor simplemente físico.

Capítulo 19. Pajaritos.

-Buenos días-saluda Nick, sentándose a la mesa.
-Buenos días-le saludamos.
-¿Has dormido bien?-le pregunta Estèle con una sonrisa encantadora.
-Estupendamente-contesta él, mirándome por encima de la mesa. Yo enrojezco violentamente y desvío la mirada hacia mi desayuno. Noto otra mirada clavada en mí y alzo la vista. Paul me mira fijamente mientras se lleva el tenedor a la boca.
Acabamos de desayunar y me dirijo a la terraza de la biblioteca. Me quedo apoyada en la barandilla, viendo como las nubes se mueven con el roce del viento. Oigo como la puerta se cierra a mi espalda y unos pasos se dirigen hacia mí. No me hace falta mirar para saber quién es. La única persona que se dignaría a pisar una estancia con tantos libros y no sentirse abrumado.
-¿Preparada para la segunda parte?-me pregunta Nick en un susurro, apoyándose a mi lado en la barandilla. Nuestros codos están a punto de rozarse, pero apenas un milímetro se interpone entre ellos. Me dan ganas de salvar esa distancia, pero me sonrojo tan solo con la proximidad que mantenemos.
-¿Qué segunda parte?-digo mirando a esos asombrosos ojos verdes. Siento que voy a perder la cabeza de un momento a otro, teniéndole tan cerca. «Y pensar que con un paso podría...» No me atrevo a finalizar la frase.
-La segunda parte de tu vida-me sonríe.  Y con su sonrisa noto como si el sol brillase más y el cielo se hubiese vuelto más azul.
-¿En qué consiste?
-En romper las reglas. Nada de acatar órdenes ni hacer lo que deberías. Tan solo sáltate el decoro por una vez.
Eso me hace sonreir.
-Te sigo.
Volvemos a ir en su moto, pero esta vez paramos enfrente de una especie de tienda. Entramos y me doy cuenta de que es una tienda de tatuajes.
-¿Un tatuaje?-le pregunto. Él se encoge de hombros.
-¿Por qué no?
-Es una locura.
-En eso consiste-replica, sonriéndome.
El dependiente, un hombre delgaducho de pelo rubio grasiento y la piel llena de tatuajes, me tiende un cuaderno con diferentes dibujos. Lo hojeo y Nick me pregunta:
-¿Cuál te gusta?
Le señalo uno que consiste en la sombra de tres pequeños pajaritos negros que parece que vuelan.
-¿Dónde?-me pregunta el dependiente, preparando una aguja.
-Aquí-le indico el omóplato derecho, bajándome el tirante de la camiseta y apartándome el pelo.
Nick me da la mano para que se la apriete si me duele. El dependiente empieza y yo aprieto la mandíbula y su mano con fuerza. Él no parece ni notarlo y mira como me hacen el tatuaje.
Cuando volvemos en moto me siento extrañamente liberada, como si desobedecer por una vez en mi vida supusiese un alivio.
Entonces me doy cuenta de porqué he elegido los pajaritos para el tatuaje. Para mí los pájaros siempre han representado la libertad y es una manera de recordarme una vez esté casada, de que una vez fui libre y le di la espalda. De que jamás volaré, que estaré atada y domesticada.
Miro la espalda de la persona que me ha hecho libre y me pregunto cómo podré vivir teniendo como cuñado al hombre que me ha liberado.
Y teniendo como marido a mi carcelero.

lunes, 13 de junio de 2011

Capítulo 18. El otro lado del mundo.

Nick me conduce al garage de mis tios después de aceptar su apuesta. Pienso demostrarle que llevo la vida que siempre he soñado y no necesito aventuras ni romances.
-¿Qué tienes aquí?-le pregunto. Él enciende todas las luces del garage, dejando ver varios coches pertenecientes a mi tio, uno a Paul que es en el que viajamos el otro día y, al fondo del todo, una moto negra llena de tubos metálicos. Él se dirige directo hacia ella.
-La libertad-me contesta.
Me tiende un casco que yo dudo en coger, y se sube a la moto con decisión y sin ningún tipo de protección. Me señala la parte trasera y me dirige una mirada burlona, retándome a echarme atrás. Yo alzo la barbilla y me coloco el casco, subiéndome a la moto detrás de él. Arranca con un fuerte ruido, haciéndome agarrarme a él y apretarme con fuerza, cerrando los ojos. Él suelta una risa y se pone en marcha hacia la salida del garage.
No abro los ojos hasta un rato después y no me arrepiento. Estamos yendo por la carretera, pasando por un acantilado desde el que se ve el mar rompiendo contra las rocas. El ruido de la moto tapa el sonido del mar, pero no me hace falta escucharlo para admirarlo. El sol se refleja en el agua, como si hubiesen esparcido un bote de purpurina dorada sobre un manto azul ondulante. Mezclándose la calma del mar abierto con la furia del oleaje que rompe contra el acantilado, como si le reprochase que le impidiese el paso hacia la tierra y arremetiese contra él con rencor. Dejo que el aire impregne mi cabello, agitándolo, y el olor a sal sea todo lo que puedo oler.
Pasamos la carretera y llegamos al pueblo. Las calles se abren a nuestro paso y los peatones se giran a mirarnos. Admiro la arquitectura clásica que compone la ciudad y dejo que Nick decida nuestro destino, sin preguntarme siquiera a donde nos dirijimos.
Nos paramos al fin en una calle más oscura por donde no pasan coches.
-¿A dónde vamos?-le pregunto sin poderme contener.
-Voy a enseñarte uno de los mejores sitios de este país-me contesta únicamente.
Nos bajamos de la moto y nos adentramos cada vez más en el callejón.  Yo me pego a Nick, con miedo de ver aparecer una rata o algo peor.
Se para delante de una puerta encima de la que pone "Louis Band" y un saxofón que se ilumina al lado. Nick entra sin dudar y yo le sigo, temerosa de quedarme sola en la calle.
El local no es precisamente espacioso ni luminoso. Está todo a oscuras excepto por luces azules y violetas que se mueven por el local. Una banda está situada al fondo del local, sobre un escenario. Tocan a todo volumen "Hit the road Jack", mientras un montón de parejas bailan en el centro de la sala. (click para escuchar).  En los bordes del local están dispuestas mesas para que los que no se animan a bailar puedan admirar desde ahí toda la sala. Y justo al lado de la puerta hay una barra con todo tipo de bebidas alcohólicas.
-Apuesto a que jamás has estado en un club nocturno-me dice Nick al oido para hacerse oir sobre el ruido de la música.
-Has acertado-le contesto.
Nick sonríe y me saca a bailar al centro de la pista. Yo no tengo ni idea de como hay que moverse, no solía bailar con este tipo de ritmo en el internado. Pero por suerte Nick es un experto y baila con soltura, recordándome las películas de los 60.
-¿Cómo encontraste este sitio?-le pregunto a Nick mientras bailamos. Él tararea la melodía de la canción en mi oido, pero se detiene para contestar:
-Por casualidad. Me perdí-confiesa.
No estoy acostumbrada a este tipo de lugares y lo cierto es que me arrepiento de no haberlo encontrado antes. Junto a Nick paso una de las veladas más memorables de toda mi vida. Y cuando acaba, me entristezco por no poder quedarme un poco más.
Nos volvemos a subir a la moto y ponemos rumbo a casa de mis tios. El cielo está lleno de estrellas que me miran desde lo alto, haciendo incluso más bonito el paisaje. El mar se ha calmado y yo me siento en una profunda paz, como si el mundo entero se hubiese vuelto más hermoso.
Llegamos a casa y dejamos la moto en el garaje. La casa está silenciosa y tan solo se oyen los grillos del jardín. Vamos de puntillas por las escaleras para no despertar a nadie, pero de repente una puerta se abre y aparece Paul en pijama.
-¿Dónde estabais?-nos interroga. Tiene una sonrisa tirante y no parece de muy buen humor.
-En la ciudad-contesta Nick sin especificar.
-¿Y qué hacíais allí?-Intenta sonar despreocupado, pero un trasfondo en su voz implica algo más.
-Comprar-miento yo rápidamente. No sé porqué pero no quiero que sepa dónde he estado con su hermano.-Quería ver unas decoraciones para la boda y Nick ha tenido la amabilidad de acompañarme.
Paul parece quedarse más tranquilo, pero no le quita ojo a Nick, que le devuelve la mirada imperturbable.
Al final cada uno se va a su cuarto a dormir. Miro el reloj de mi mesita de noche. Es la una de la mañana. Paul no se lo ha creído ni en mis mejores sueños. Pero, ¿por qué me siento tan culpable por haber estado con su hermano? ¿Y por qué no he sido capaz de contarle la verdad?

lunes, 6 de junio de 2011

Capítulo 17. Lord Byron.

-¿Qué lees?-me pregunta Nick, sentándose enfrente de mí. Estoy en un banco en el jardín a la sombra, acompañada tan solo por él y a bastante distancia de otra persona.
Cierro el libro para enseñárselo.
-Lord Byron.
-¿Eres una romántica?-me pregunta hojeando el libro.
-No creo en el amor.
Eso le hace mirarme con curiosidad.
-Yo creí que todas las mujeres buscaban enamorarse.
-Tan solo las insensatas. El amor debilita a la más fuerte y emboba a la más inteligente. No conlleva nada bueno.
-¿No has amado nunca?
-No-le contesto. Luego enrojezco violentamente.-Quiero decir que... tu hermano tiene todo mi afecto y respeto, y...-tartamudeo.
-No te engañes, Brookie-me interrumpe inclinándose hacia mí, con burla.-Ambos sabemos que no amas a mi hermano.
Yo desvío la mirada.
-Pero la cuestión es: ¿piensas pasarte toda tu vida en un matrimonio sin amor?-continúa, volviendo a recostarse en el banco.
-No creo necesario el amor en la vida de una persona.
-Stendhal dijo una vez: "El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más hermosa de la vida".
-Quizá Stendhal era un idealista después de todo.
-¿Y qué hay de malo?
-Hay que tener los pies en la tierra. Y Stendhal debería saberlo mejor que nadie.
-No se puede estar siempre atado al suelo.
-Pero se puede intentar-le replico, agarrando de nuevo mi libro y abriéndolo. Pero él no se siente satisfecho con eso, así que sigue hablándome mientras yo finjo que leo, porque lo cierto es que veo palabras y no las entiendo; solo puedo prestar atención a su voz.
-Si no eres tan romántica, ¿por qué lees libros de amor? Lord Byron, Jane Austen...
-Porque son grandes escritores ingleses y admiro su manera de utilizar las palabras, incluso aunque no comparta sus ideas-acabo cediendo a una respuesta.
-No creo que sea por eso-dice estudiándome. Yo sonrío con ironía.
-Por favor, Nick, ilústrame-le pido.-¿A qué se debe mi lectura de libros?
-A un deseo por conocer en primera persona lo que cuentan esas páginas-me contesta, inclinándose de nuevo hacia mí.
-No tengo ninguna razón para envidiar a las protagonistas de las historias de Jane Austen o a la mujer a la que se dirigen los poemas de Lord Byron. Mi vida ya es como una novela y la considero perfecta.
-Pero eso es sencillamente por tu problema del conformismo. Tiendes a aceptar todo lo que la gente te da sin rechazar nada o pedir más. -Ante mi silencio, sigue preguntando.- ¿Qué es lo que verdaderamente quieres, Brookie?
-Que me dejes leer-le suelto.
-Vaya, Brookie, tu directora no estaría nada contenta ante esa respuesta-se burla.- Debes contestarme.
Cierro el libro, comprendiendo que mientras él esté aquí no voy a conseguir concentrarme en ningún poema.
-¿Por qué debería?
-Porque es lo que haces siempre. Ceder ante cualquier orden, sugerencia o petición.
-¿Si te contesto me dejarás tranquila?-le digo al fin.
-No-me contesta.-Pero al menos te quedarás con la satisfacción de poder alargar esta entretenida conversación-me sonríe. Yo suspiro y respondo:
-Quiero casarme, darle herederos a mi marido y vivir una apacible vida sin sobresaltos.
-No es cierto-me contradice.-Esas son unas ideas muy anticuadas. Y además, no te estoy preguntando qué quieren los demás; te estoy preguntando qué quieres tú.
Yo le miro un largo rato, hasta que él se decide a contestar por mí:
-Quieres vivir, Brookie.
-¿Y qué estoy haciendo sino vivir?
-Me refiero a una vida organizada por ti. Donde tú elijas, donde nada esté planeado, donde el amor existe.
-Eso son solo tonterías-le replico. Entonces se pone de pie y yo albergo la esperanza de que se largue. Pero, sin previo aviso, me tiende una mano diciendo:
-Demuéstramelo.

viernes, 3 de junio de 2011

Capítulo 16. Comidas en las que debería estar prohibido mantener conversaciones.

-¿De qué conoces a Estèle, Brooke?-me pregunta mi tio mientras comemos en el jardín. En apenas un día Estèle se ha ganado el aprecio de toda mi familia, incluyendo mis primos, sin apenas esfuerzo.
-Era mi compañera de habitación en el internado-contesto sirviéndome más ensalada.
-¡Qué suerte tienes de conocer gente tan encantadora!-dice mi tia.-Primero Nick y ahora Estèle. Debes de haberte relacionado con una gente estupenda en el internado.
-Sin duda-digo yo poniendo fin a la conversación. Pero Estèle no parece satisfecha con la conclusión y se siente obligada a dar su, interesantísima a ojos de mis tios, opinión.
-Bueno, Brooke se relacionaba más con gente estudiosa y aplicada aunque algo...-finge no encontrar la palabra y dice:-sosa. Como aquella chica que compartía cuarto con nosotras, Mandy. Era tan seria y poco dada a hablar...-dice poniendo los ojos en blanco.
Eso me parece el colmo, pero me niego a que se note mi irritación. Miro a Nick, sentado en la otra punta de la mesa, que me mira riéndose. Sabe que estoy a punto de empezar a soltar insensateces y a perder mis nervios, y eso le divierte.
-Mandy era muy inteligente y una de las personas con la conversación más interesante. Y, desde luego, no se puede decir en absoluto que fuese sosa. La seriedad y falta de habla es sencillamente timidez, algo que padecen muchas personas en el mundo-defiendo a mi mejor amiga.
Mis tios me miran y cambian rápidamente de conversación antes de que se me agote la cortesía.
-¿Pertenecías al equipo de tenis?-pregunta mi tio a Estèle.-Según tengo entendido Brooke era la capitana.
-Debo admitir que no soy una entusiasta de los deportes-dice como si se disculpase. Me dan ganas de decirla que se está quedando corta. En el internado nos despreciaba a Mandy y a mí por practicar deporte, diciendo que a ella no le hacía falta ponerse a correr como un animal, ya que tenía un mínimo de "elegancia".
-Una pena-interviene por fin Nick, abriendo la boca por primera vez en toda la comida.-Con una capitana como Brooke y una persona con tanto talento en prácticamente cualquier cosa, hubieses ganado el torneo nacional sin necesidad de presentaros.
-Aunque al final Brooke no fue rival para ti-dice mi tia. Muy bien, echa vinagre a la herida.
-¿Dónde aprendiste a jugar así?-le pregunto.
-Nuestro padre era un gran aficionado del tenis-dice, mirando a Paul. Él alza la vista pero no dice nada.-Me enseñó cuando tenía solo cinco años y desde entonces no he parado de jugar.
-¿También aprendiste tú, Paul?-me dirijo ahora a él. Paul sonríe de nuevo como si se disculpase y dice:
-Me gusta más estar entre el público.
-Una lástima-interviene Estèle. Si sigue sintiendo que ya no es el centro de la conversación, revienta.-Haríais una pareja encantadora de tenistas-se ríe.
Acabamos la comida entre miradas burlonas de Nick y flirteos entre él y Estèle. Paul se enzarza en una interesante discusión sobre historia, pero cuando empiezan a hablar mi tio y él de gente que conocen los dos, me retiro a mi cuarto a descansar.
Me tumbo en la cama, pensando en todos los detalles que hay que planificar. La boda se celebrará en dos meses en Inglaterra, y tengo la esperanza de ver entonces a mis padres. Aunque no me hago demasiadas ilusiones, porque siempre acabo decepcionada.
Oigo la risa de Estèle y la suave voz de Nick al otro lado de la pared. Me tapo los oidos con la almohada para no escucharles. Pero no porque me molesten, sino  porque no hay día que pase que escuche esa voz y no desee ser a quien se dirije.